- 1 Este texto es una versión ampliada de la conferencia “Las políticas del mapa político” impartida en (...)
- 2 El proyecto de la diputada Nacional Mariel Calchaquí (FpV/PJ) se transformó en Ley y fue publicada (...)
- 3 Uno de los objetivos de esta disposición es asegurar que, en lo sucesivo, el mapa político de la Ar (...)
1El 20 de octubre de 2010 el congreso argentino sancionó la ley Nº 26.6512 que determina la obligatoriedad del uso del llamado "mapa
bicontinental" en todos los niveles educativos así como también exige
que sea exhibido en todas las dependencias públicas nacionales y
provinciales3. En
dicho mapa la parte continental del territorio argentino y el sector
antártico reclamado por el Estado se representan en la misma escala
(imagen 1).
Imagen 1: Mapa Bicontinental de la República Argentina
Ley 26.651 de 2010
Fuente: Instituto Geográfico Nacional [http://www.ign.gob.ar/AreaInstitucional/Normativa/Leyes/LeyBicontinental].
2En
rigor, desde el punto de vista cartográfico, esta ley no introduce
ninguna novedad: ese mapa que mostraba todo el territorio bajo soberanía
del estado argentino y que incluía otros territorios de soberanía
controvertida en escala 1 : 10.000.000 había sido publicado por primera
vez en 1961 por el Instituto Geográfico Militar, y en el momento de la
sanción de la ley ya aparecía en la página oficial del sitio web del
Instituto Geográfico Militar (desde 2009, Instituto Geográfico
Nacional); además, también ya formaba parte del mercado de mapas
disponibles. Sin embargo, con esta ley se pretende reemplazar el
mapa de la Argentina más conocido y más utilizado en todos los medios:
un mapa que dedica casi toda la superficie gráfica disponible para la
representación del territorio continental e insular e incluye el sector
antártico reclamado por el Estado argentino en un recuadro lateral,
representado a una escala más grande (imagen 2).
Imagen 2: República Argentina (1954)
Fuente: Biblioteca escolar de documentos históricos [http://archivohistorico.educ.ar/content/rep%C3%BAblica-argentina-en-1954].
3Este
modo de intervenir sobre el mapa político mediante dispositivos legales
no es novedoso: desde la segunda mitad del siglo XIX, se implementaron
diversas políticas educativas, diplomáticas y culturales que
buscaron incidir sobre los modos de visualizar, pensar y concebir
el territorio nacional. Incluso ya entre las menciones más
tempranas sobre los decretos que afectaron la producción cartográfica ya
quedaba sugerido que la supervisión del gobierno sobre los materiales
cartográficos era un modo de velar por los intereses de la nación:
- 4 Para un detalle de las disposición legales que afectaron la silueta cartográfica del territorio arg (...)
“Al
tratar de mapas nacionales no podemos menos que aplaudir el decreto del
ministro Virasoro, por el cual toda carta geográfica que aparezca debe
ser sometida a la aprobación el gobierno, sin cuyo requisito no podrá
publicarse. Con tan laudable medida ya no se verán esos mapas en que se
indican fantásticamente los límites de la República, según el gusto de
cada cual. El mapa y atlas del Instituto [Geográfico Argentino] se
encuentran a este respecto en perfectas condiciones, habiéndose tomado
los datos en la más pura fuente oficial.” (BIGA, 1893: TXIV, 616)4.
- 5 Por ejemplo, en 1890, la presentación oficial del gobierno argentino ante la Exposición de París in (...)
4La
cambiante situación de la política interna, sumada a los diversos
conflictos de límites con los estados vecinos, plantearon un escenario
demasiado inestable tanto para la elaboración del mapa oficial de la
Argentina como para la posibilidad de controlar la variedad y la
diversidad de mapas que se publicaban. Por razones de índole tanto
práctica como política, ese control fue muy difícil de implementar y
terminó limitándose a la impugnación puntual de ciertas obras que
provocaron algún tipo de malestrar diplomático5.
Es decir que aunque desde finales del siglo XIX existieron intentos de
legislación sobre el diseño gráfico de los mapas publicados, esas
medidas estuvieron más orientadas a controlar la circulación que la
producción.
- 6 Sobre la historia del IGM puede consultarse la obra institucional que se publicó con motivo del cen (...)
5Aun
así, el eclecticismo de las políticas cartográficas no llega a
oscurecer ciertas lógicas comunes que comparten casi todas esas medidas.
La primera de ellas es la intención deliberada y sostenida de
intervenir sobre los mapas que se usan en el ámbito escolar. De hecho,
en su mayor parte, los decretos estuvieron destinados al control del
material cartográfico con fines didácticos: la resolución del Ministerio
de Justicia e Instrucción Pública del 4 de septiembre de 1935, “con
motivo de la evidente arbitrariedad imperante en materia cartográfica
con respecto a la representación geográfico-política del país” (IGM,
1979: 44), estableció que los mapas que tuvieran los límites
internacionales del país y que estuvieran incluidos en obras educativas
debían gozar de la aprobación de la Dirección General del Instituto
Geográfico Militar. Dos años más tarde, ante la comprobación de que la
mencionada normativa no era aplicada satisfactoriamente, el decreto del
Poder Ejecutivo Nacional 114.428 ordenó reemplazar todos los mapas
circulantes que estuviesen “mutilados” y no representasen el territorio
nacional “en toda su extensión”. En los años 1941, 1943 y 1945, el Instituto Geográfico Militar –que ya entonces era el organismo cartográfico oficial del estado6- editó
mapas de las provincias y los territorios nacionales con fines
escolares en virtud de un convenio firmado con el Consejo Nacional de
Educación.
6La
segunda característica de esas intervenciones es la progresiva
ampliación del campo de injerencia de las normativas cartográficas: la
regulación tanto estuvo orientada a definir los mapas oficiales que
produciría el Instituto Geográfico Militar en tanto organismo
cartográfico oficial del estado como a supervisar la publicación de
todos los mapas de la Argentina. En 1940, un nuevo decreto (75.014)
amplió la restricción de la publicación cartográfica: todas
las obras que incluyeran mapas de la Argentina y pretendieran
inscribirse en el registro Nacional de Propiedad Intelectual debían
contar con la aprobación del IGM. Y el decreto 8.944 de 1946 definitivamente prohibió
la publicación de mapas de la República Argentina “a) que no
representen en toda su extensión la parte insular del territorio de la
Nación; b) que no incluyan el sector Antártico sobre el que el país
mantiene soberanía; y c) que adolezcan de deficiencias o inexactitudes
geográficas, o que falseen en cualquier forma de la realidad,
cualesquiera fueran los fines perseguidos con tales publicaciones”
(Boletín Oficial, 28 noviembre 1946).
7Detrás
de los intentos de modificar la imagen cartográfica se trasluce una
convicción más o menos explícita de que los mapas inciden sobre los
modos de visualizar y entender el territorio nacional y de que ello, a
su vez, tendría algún efecto sobre la construcción de la identidad
nacional.
8Benedict
Anderson apuntó certeramente que en el contexto de la formación de los
nacionalismos modernos, las siluetas territoriales fueron transformadas
en mapas logotipos, es decir, formas sencillas,
siluetas de territorios que evocarían la noción abstracta de un
“territorio de pertenencia” (Escolar, 1991). En los procesos de
construcción de la identidad nacional esa evocación opera aglutinando
una masa de individuos a partir del reconocimiento y de la
autoidentificación como miembros de esa comunidad imaginada nacional.
Por lo tanto, en su dinámica social, el mapa logotipo es puesto en
circulación en series infinitamente reproducibles: se multiplica en
carteles, sellos oficiales, marbetes, cubiertas de revistas y libros de
textos, manteles y paredes de los hoteles. Así, el “mapa-logotipo, al
instante reconocido y visible por doquier, penetró profundamente en la
imaginación popular, formando un poderoso emblema de los nacionalismos”
(Anderson, 1991: 245). Evidentemente, esta capacidad que se le reconoce
al mapa para funcionar como un emblema de la nación participando de una
red de imágenes que vehiculizan sentidos convergentes no ha pasado
desapercibida para los funcionarios que, a través de la normativa
reciente, insisten sobre la exhibición del llamado mapa bicontinental en el sistema educativo y en todas las oficinas de la administración pública.
9En
el caso de la Argentina, el proceso de “loguización” del mapa permitió
la articulación aparentemente coherente de dos procesos simultáneos que,
no obstante, son contradictorios: por un lado, la consolidación de un
relato estructurado a partir de “pérdidas sistemáticas” de territorios
que sostiene que el contorno territorial actual es el resultado del
desmembramiento del virreinato del Río de la Plata; por otro lado, una
“expansión cartográfica” que a lo largo de los últimos dos siglos ha
ampliado la superficie del territorio cartográficamente atribuido a la
Argentina: todos los territorios disputados por el estado (ya sea
mediante acciones bélicas como mediante acciones diplomáticas) fueron
progresivamente anexados a la silueta del territorio argentino como
piezas constitutivas. Curiosamente, rara vez se repara en estos dos
movimientos antagónicos: ¿cómo es posible que, si la Argentina viene
perdiendo territorios desde los tiempos de la colonia, el mapa de la
Argentina abarca cada vez más superficie?
10En
esa tensión entre, por un lado, un discurso sobre la pérdida y, por
otro, la configuración de un mapa que no ha dejado de expandirse es que
se articula una historia territorial que participa en la construcción de
la identidad nacional.
11En
la primera parte de este artículo se abordará la relación entre la
construcción del mito de origen de la historia territorial de la
Argentina pensado como resultado de un desmembramiento del Virreinato
del Río de la Plata y las cartografías tempranas que fueron
contemporáneas al desarrollo de esa interpretación de la historia
territorial. En la segunda parte se abordará el proceso de rediseño del
mapa de la República Argentina entre el siglo XIX y la actualidad. Se
procurará analizar en qué sentidos el desconocimiento del hecho de que
el mapa consagrado por la reciente ley 26.651 es el resultado de una
serie de adiciones que casi ha triplicado el territorio respecto de lo
que mostraba la cartografía oficial de los gobiernos de la Confederación
Argentina hacia 1860 ha contribuido a moldear ciertas narrativas
territoriales.
- 7 Sobre la relación entre este tipo de sociedades “for useful knowledge” y la producción de mapas, vé (...)
12Cuando
se desataron las revoluciones independentistas que dejaban sin efecto
los trazados administrativos del mapa político americano, diversas
asociaciones “por el conocimiento útil”7, burócratas y empresarios europeos comenzaron a publicar mapas nuevos. Se
trata de un universo de mapas caracterizados por una gran
heterogeneidad: tanto las unidades políticas como los límites entre
ellas variaban significativamente entre unos y otros (Lois, 2010).
13La
incertidumbre planteada por un escenario político signado por revueltas y
revoluciones de diversos calibres en el que la configuración de las
unidades políticas variaba según alianzas y proyectos que no alcanzaban a
cuajar se reflejó en el mapa político de Sudamérica decimonónica en los
trazados de límites que resultaban inestables y cambiantes. En ese
contexto, a los ojos de las elites europeas casi cualquier trazado
parecía virtualmente posible.
14Los
modos en que la Patagonia aparecía retratada en los mapas y en los
atlas europeos decimonónicos son sintomáticos de este escenario donde
diversas situaciones eran verosímiles. Por un lado, aunque nunca
constituyó una unidad política ni movilizó ningún tipo de pretensiones
autonómicas, la Patagonia solía aparecer como una potencial unidad
política independiente tanto de Chile como de la Argentina. A veces, sus
contornos aparecían demarcados con un color diferente del utilizado
para recortar las siluetas de Chile y Argentina (imagen 3);
Imagen 3: F. A. Garnier, Patagonie, et Detroit de Magellan, Terres Australes (1860)
Atlas spheroidal & universel de geographie (1862).
Fuente: David Rumsey Map Collection [http://www.davidrumsey.com/luna/servlet/s/pi5rgk].
15otras,
el topónimo “Patagonia” tenía un estatus equivalente al de los países
vecinos (inscrito en el mapa mismo o identificado en el título de la
lámina [imagen 4]);
Imagen 4: John Grigg, United Provinces, Chili & Patagonia (1830)
Grigg's American School Atlas (1830).
Fuente: David Rumsey Map Collection [http://www.davidrumsey.com/luna/servlet/s/9rlmqb].
16y otras, la Patagonia aparecía en un recuadro lateral sin ningún tipo de precisión (imagen 5).
Imagen 5: Aaron Arrowsmith, Outlines Of The Physical And Political Divisions Of South America (1811)
Fuente: David Rumsey Map Collection [http://www.davidrumsey.com/luna/servlet/s/6xff8m].
- 8 “El río Negro como frontera ideal de la Argentina en la zona austral tenía sus raíces en la época v (...)
17Es
decir, en un contexto donde aparecían nuevas unidades políticas, era
plausible que la Patagonia también pudiera organizarse como una entidad
político-territorial independiente, autónoma y separada de los estados
que por entonces se la disputaban. Por otro lado, este diseño se
correspondía, en parte, con la aceptación de que el río Negro era la
frontera “natural”, primero de la Gobernación de Buenos Aires y después
de la Confederación8.
En efecto, también ocurría que el estatus de la Patagonia era tan
incierto que bien podía tanto estar ausente de los mapas de la
Confederación Argentina como aparecer incluida dentro del partido de
Patagones de la provincia de Buenos Aires (Williams 2011: 62-63).
18Pero
a los ojos de las elites locales, la situación se veía de otro modo.
Fuertemente comprometidas con la reivindicación retrospectiva de
territorios, las historiografías tradicionales, tanto la chilena como la
argentina han preferido omitir este capítulo relativo al mapa político
de Sudamérica en tiempos de las revoluciones independentistas. Como han
acusado a esos mapas de “elementos extranjeros contrarios a los
intereses de la nación”, los han confinado a la marginalidad para
privilegiar el rescate de aquellos mapas congruentes con sus respectivas
aspiraciones territoriales.
- 9 Este límite corresponde con la ocupación territorial efectiva del Virreinato del Río de la Plata en (...)
19Sin
embargo, el primer atlas de la confederación argentina financiado por
autoridades locales era bastante ambiguo con respecto a la Patagonia.
Recordemos que casi al mismo tiempo
en que Buenos Aires se sumaba a la Confederación Argentina (organizada
con la Constitución nacional de 1853), el médico francés Jean
Antoine Victor Martin de Moussy era contratado por los gobiernos locales
para emprender el encargo de escribir una geografía nacional de un país
que apenas conocía. El resultado sería la Description géographique et statisque de la Confédération Argentina, editada enteramente en francés en tres tomos (el primero, publicado en 1860; los dos siguientes, en 1864) y un Atlas de la Confédération Argentine (cuya primera edición parisina es de 1865 y la reedición del Atlas en Buenos Aires, de 1873).
Esta obra fue considerada no sólo una publicación oficial sino también
una referencia sobre la geografía nacional, por lo menos, hasta fines
del siglo XIX. En una suerte de génesis, el apéndice cartográfico se
inicia con “Carte de l'Empire Espagnol dans les deux Ameriques en 1776 a l'epoque de la fondation de la Vice Royaute de la Plata” que no incluye la Patagonia. La
lámina general de la Confederación Argentina se inspiraba en los dos
mapas más respetados en la época, los de la familia Arrowsmith y los de
Woodbine Parish, por lo que, al igual que aquellos, tampoco incorporaba
la Patagonia. Sin embargo, tenía dos láminas dedicadas a los territorios
patagónicos. La primera es Carte du territoire indien du sud et de la région des pampas y llega hasta poco más de los 41° de latitud Sur9: se trata en rigor de esa “Norpatagonia” en la que se desenvolverían sucesivas embestidas militares (imagen 6).
Imagen 6: Victor Martin De Moussy, Carte du Territoire Indien du Sud et de la Region des Pampas (1865)
Description geographique et statistique de la Confederation Argentine (1873).
Fuente: David Rumsey Map Collection [http://www.davidrumsey.com/luna/servlet/s/6p7wi7].
20La segunda, Carte de la Patagonie et des archipels de la Terre de Feu (imagen 7)
Imagen 7: Victor Martin De Moussy, Carte de la Patagonie et des archipels de la Terre de Feu, des malouines et des cotes occidentales (1865)
Description geographique et statistique de la Confederation Argentine (1873).
Fuente: David Rumsey Map Collection [http://www.davidrumsey.com/luna/servlet/s/qz93do].
- 10 Es sabido que el topónimo Patagonia se originó en la leyenda de los gigantes descritos en el diario (...)
- 11 La leyenda afirma con elocuencia: “Il n’existe d’autres points habités dans la Patagonie que Carmen (...)
21representa una unidad geográfica genéricamente denominada Patagonie,
es decir, con un topónimo que por entonces ya tenía una tradición de
más de tres siglos en la cultura europea y, en particular, en las
representaciones europeas de Sudamérica10,
y que no evocaba ninguna forma de administración política colonial;
está acompañada por un texto que reconoce la falta de asentamientos
blancos permanentes11. La
relación entre el mapa de la Confederación y las láminas dedicadas a la
Patagonia deja entrever una suerte de incorporación de territorios
indios que se haría completamente efectiva cuando se lograra efectivizar
la ocupación territorial y eliminar las huellas bárbaras.
- 12 Por ejemplo, véase el prefacio de la obra didáctica de Carlos María Urien Geografía argentina: estu (...)
22Esta
obra participó del entramado de textos fundantes sobre el que se montó
la invención de una tradición de la nación argentina. En los tiempos
tempranos de la organización nacional, la escritura acelerada de una
historia y geografía nacionales estuvo marcada por el doble compromiso
de, por un lado, crear la nacionalidad y formar “argentinos” y, por
otro, hacer propaganda en el exterior con el objetivo de lograr el
reconocimiento de la Argentina, no sólo como estado independiente en
términos políticos sino asimismo como un actor económico capaz de
participar en el mercado internacional y, desde luego, también como
nación civilizada12.
- 13 Para una interpretación sobre el aporte de Quesada a la configuración del nacionalismo territorial, (...)
- 14 Sobre la relación entre la geografía escolar y la construcción de la nación, véase Quintero 1995 y (...)
23En
ese contexto se comenzaron a tejer los hilos de una historia
territorial de la Argentina que, por lo general, anudaba su mito de
origen en el territorio del Virreinato del Río de la Plata y, a partir
de allí, construía un relato jalonando sucesivas pérdidas o
desmembramientos. Se ha sugerido que esa narrativa se montó sobre los
trabajos de historia diplomática de Vicente Gregorio Quesada13
(1830-1913) que, a su vez, recreaban ciertas ideas preliminares que ya
habían aparecido en algunos discursos de Juan Manuel de Rosas
(1793-1877) y de Bartolomé Mitre (1821-1906). De esas ideas allí
esbozadas han abrevado, con más o menos rigurosidad, también los cursos
de geografía incorporados tempranamente a la currícula escolar, cuando
se plegaron a la función nacionalizante del proyecto educativo
divulgando las propiedades de un territorio que era, a la vez, una
herencia del pasado y el reaseguro de un futuro rico y promisorio14.
- 15 La visión de que la Argentina es un estado que se ha visto perjudicado por diversas pérdidas territ (...)
24Esta narrativa, consolidada a partir de la década de 193015,
ignora deliberadamente el complejo proceso de desarticulación del
imperio hispánico en América, donde la implosión de cuatro virreinatos
fue el puntapié inicial para la configuración de ocho estados nacionales
nuevos en apenas unas décadas (que a su vez tampoco fueron el resultado
de una fragmentación directa de los respectivos virreinatos sino que,
por lo general, se configuraron a partir de las acuerdos entre unidades
de menor escala todavía –en muchos casos, futuras provincias de los
estados nuevos- que resultaron de la eclosión del mapa político
colonial). Así, cierta historiografía política y territorial argentina
ha quedado completamente desvinculada de los procesos de dieron origen a
los estados vecinos (lo que tiene el efecto de reforzar una perspectiva
autocentrada). Por otra parte, además de constituir un relato
excesivamente ensimismado e ignorante de procesos concomitantes que
dieron lugar a los estados de los países vecinos que también supieron
dar existencia al virreinato rioplatense, asume la cuestionable “premisa
de la herencia”, como si las repúblicas latinoamericanas fueran meras
continuidades de las antiguas unidades administrativas de la colonia
(que, por otra parte, en el caso del virreinato del Río de la Plata, se
trataba de una organización que había sido montada en una coyuntura
crítica para la corona española y que pervivió poco más de treinta
años). De este modo, al no permitirse pensar los procesos
independentistas sin trazar continuidades lineales, los discursos que
insisten en marcarse como rupturistas y críticamente contestararios del
dominio del imperio español en pos de una suerte de destino
latinoamericano con ciertas proclamas algo anacrónicas, terminan siendo
los más continuistas y conservadores.
- 16 Por ejemplo, el director del Instituto Geográfico Militar, Benjamín García Aparicio, dice respecto (...)
25Si
se compara el mapa de la Confederación Argentina de Martin de Moussy
(que en su tiempo había sido reconocido como la representación
cartográfica fundante de una geografía nacional [imagen 8])16
Imagen 8: Victor Martin De Moussy, Carte de la Confederation Argentine divisee en ses differentes provinces et territoires et des pays voisins (1865)
Description geographique et statistique de la Confederation Argentine (1873).
Fuente: David Rumsey Map Collection [http://www.davidrumsey.com/luna/servlet/s/h2g2ar].
26con
el mencionado “mapa bicontinental” que hoy ocupa el lugar central en el
debate mencionado al inicio de este artículo no es difícil deducir que
la imagen cartográfica oficial actual es el resultado de una serie
acumulativa de intervenciones que, contrariamente a lo que nos han
contado las historias territoriales más conocidas, ha venido anexando
territorios de manera sistemática e irreversible.
27Sin
embargo, estas operaciones de anexiones sigue resultando invisible a
los ojos de varias generaciones de argentinos que han internalizado el
discurso de la fragmentación y del desmembramiento. Parece evidente que
se ha asumido una serie de supuestos como naturales, como si se le
reprochara al devenir histórico una promesa incumplida, a saber, el no
haber sabido mantener las fronteras del Virreinato del Río de la Plata
para la futura República Argentina.
28Esa
historia de expansionismo cartográfico ha tenido largos periodos de
estabilidad sacudidos y alterados por tres intervenciones radicales de
la silueta del mapa que se caracterizan por la incorporación
irreversible de una pieza adicional a la silueta reconocida: primero, la
Patagonia; luego, la Antártida; finalmente, las islas Malvinas.
29Incluso
aquellos mapas que ya postulaban la Patagonia como parte del territorio
argentino solían incluir el triángulo patagónico en un cuadro lateral a
menor escala hasta el último tercio del siglo XIX. De esta
manera, esa sección del territorio americano de la que se disponía poca
información cartografiable (básicamente lo relativo a la topografía y la
hidrografía) era representada en sus rasgos generales pero, al mismo
tiempo, no quitaba espacio gráfico al resto del territorio americano del
que sí se habían acopiado registros suficientes como para saturar la
imagen.
30Sin
embargo, en 1875 esa silueta de la Confederación Argentina que no iba
más allá del Río Negro conoció una primera adición: la Patagonia. En
ocasión de la Exposición Universal de Filadelfia 1876, la Comisión que
preparaba los materiales que llevaría la delegación argentina encargó a Arthur von Seelstrang y A. Tourmente del Departamento de Ingenieros un
mapa mural de la República Argentina que formaría parte de los
materiales de la delegación nacional. En este mapa, la silueta de la
Argentina incorporaba la Patagonia con una línea continua que
configuraba una forma cartográfica muy parecida a los contornos actuales
(imagen 9).
Imagen 9: Mapa de la República Argentina – Arthur von Seelstrang y A. Tourmente, del Departamento de Ingenieros (1875)
Construido por orden del Comité Central Argentino para la Exposición de Filadelfia.
Fuente: Gallica [http://gallica.bnf.fr/ark:/12148/btv1b530253461].
31Esta
operatoria coincidía con la discusión de diversos proyectos políticos y
militares para avanzar sobre los territorios indígenas de la Patagonia.
Y aunque la llamada “Conquista del Desierto” comandada por el General
Julio Argentino Roca solamente logró asentar fortines en la
norpatagonia, los mapas estiraron la línea de la silueta casi 14 grados
de latitud hacia el sur, de modo tal que lo que Roca no alcanzó a hacer
en el terreno fue completado sobre el mapa por otros funcionarios: la
conquista cartográfica sí se ocupó de añadir toda la Patagonia.
- 17 Sobre la publicación de imágenes cartográficas de la Argentina durante la primera mitad del siglo X (...)
32Si
bien a partir de entonces los mapas oficiales incorporaron la Patagonia
como parte de la silueta cartográfica, durante algunas décadas
siguieron publicándose mapas de la República que no iban más allá del
río Negro17.
Es decir, hubo muchas representaciones diferentes y algunas de ellas
siguieron expresando cautela ante lo que se percibía como un escenario
inestable donde los límites territoriales seguían en proceso de
configuración. Incluso cuando, por ese entonces, se consolidaban
formalmente los límites con Chile a través de un conjunto de acuerdos,
tratados y arbitrajes.
33Este
primer momento de “expansión cartográfica” es un periodo relativamente
largo que podríamos situar entre la aparición del mapa mural que hicieran para llevar la Exposición de Filadelfia de 1876 y la coyuntura de las celebraciones del Primer Centenario (1910) en el contexto de las
conmemoraciones del primer Centenario de la Revolución de Mayo, cuando
se puso en circulación una gran cantidad de materiales gráficos
destinados tanto al público local como al extranjero entre los que el
mapa de la Argentina ocupó un lugar indiscutido. En esa ocasión se
publicó el “Mapa General de la República Argentina”, que consistía en un
folio plegable, con el mapa del territorio argentino en escala 1 :
5.000.000 en el verso y con un extenso texto escrito en inglés en el que
se describen aspectos históricos, geográficos, políticos y económicos
de la República en el reverso. Además de circular bajo el formato de
hoja plegada suelta, también fue incluido en el Álbum del Centenario y
en todo material que describiera la Argentina.
34Estos
dos hitos de apertura y clausura del primer periodo de intervención
sobre el mapa, ambos signados por la clave de la Exposición (Universal
primero, Nacional después), expresan un movimiento: en el primer caso,
la inauguración de una forma; en el segundo, la consagración de esa
forma como logo, algo que se constata en la expandida ubicuidad de esa
silueta simplificada. En ambos casos, el “espectáculo” (Mitchell, 1991)
que ofrece el mapa en las exposiciones habla de un tipo de uso que se le
dio a la imagen cartográfica en ese contexto y que, en cierta medida,
son síntomas de las necesidades que la figura cartográfica debía
satisfacer: la exhibición, la propaganda, la instalación de una imagen
cartográfica en cierta cultura visual; en otras palabras, la
consolidación del mapa-logotipo en la imaginación colectiva.
- 18 Por ejemplo, algunas de esas bases fueron Melchior, Decepción, Brown, Esperanza y Cámara.
35El
segundo momento de intervención sobre el mapa logotipo tuvo lugar
durante el primer gobierno peronista y consistió en la incorporación del
Sector Antártico. Tampoco se trató solamente de una estrategia
gráfica. Por el contrario, la gestión de esa nueva imagen se inscribía
dentro de un conjunto variado de políticas públicas que iban desde la
creación de instituciones (tales como la creación del Instituto
Antártico Argentino), la instalación de bases científicas18
y la organización de expediciones polares hasta la incorporación de
este temario a la currícula escolar (García, 2009; Hollman y Lois, 2011)
y también la legislación sobre la imagen cartográfica propiamente
dicha.
- 19 Esa jurisdicción quedó definitivamente incluida en la estructura administrativa de la información c (...)
- 20 En la década de 1940 “los cómputos de la superficie del territorio argentino, anteriormente de un (...)
36A
su vez, el sector pretendido por el Estado argentino pasaba a ser
mensurado y contabilizado dentro del inventario patrimonial del Estado:
en 1947, el Servicio Estadístico Nacional (más tarde, INDEC), en ocasión
del levantamiento del Cuarto Censo Nacional, incluyó por primera vez la
jurisdicción denominada “Sector Antártico e Islas del Atlántico”19.
Ello obligaba a agregar notas al pie de los cuadros estadísticos y a
hacer toda suerte de sumas y restas para clarificar cabalmente los datos
consignados más allá de la importancia simbólica y el orgullo que
significaba tan notorio crecimiento20.
- 21 “'Inglaterra ha declarado de su soberanía la mayor parte de la Antártida. En las dependencias de Fa (...)
- 22 “'Nuestro país, por su posición geográfica, por antecedentes históricos y por actos reales que crea (...)
- 23 “'Nuestro país ha hecho conocer su opinión y en los mapas oficiales de nuestro territorio se incluy (...)
- 24 Escudé 2000. Dodds comenta este viraje de Pastore citando otro texto de Escudé publicado en 1992 (1 (...)
37Los
manuales escolares se hicieron eco de esta agenda política. Por un
lado, la incorporación de la Antártida llevó a la reescritura de ciertos
episodios de la historia territorial que, por cierto, adoptaron un tono
cada vez más nacionalista. En 1939 el libro Geografía 4º año
para la educación secundaria de Dagnino Pastore se decía que Gran
Bretaña “posee” más de ocho millones kilómetros cuadrados en los que
incluye mares y la Antártida - ahí mismo designada como una dependencia
de las Falkland Islands21.
Pero en 1940 el autor cambió la palabra “posee” por la expresión “se
atribuye” y agregó que la Argentina debería tener parte de ese
territorio si el criterio para la distribución de la Antártida fuera
aplicado. En 1944 radicalizó sus afirmaciones y llegó a sostener que la
Argentina tiene “incuestionables derechos”22; y en 1946 afirmó que la Argentina ha hecho conocer al mundo sus reclamos sobre el sector antártico sobre el que tiene derecho23; finalmente en 1947 escribió como si fuera un hecho que la Argentina “ejerce autoridad” sobre un sector de la Antártida24.
38Por
otro, una de las estrategias usadas para que los estudiantes (futuros
ciudadanos) y para que el público general se familiarizaran con la nueva
imagen cartográfica que resultaba de la reconfiguración de la silueta
territorial, fue la “loguificación” de la Antártida. Así, como si la
Antártida fuera una nueva pieza que venía a encastrar en un rompecabezas
mayor, es decir, el mapa político logotipo de la Argentina, el contorno
del sector antártico recibía, a su vez, un tratamiento equivalente al
que se le había dado al territorio continental: se insistía en la
reproducción reiterada de una silueta simplificada, se la utilizaba en
eslóganes, etc. (imagen 10).
Imagen 10: Antártida Argentina (1955)
Revista Billiken, n° 1851, 6 de junio 1955, pág. 16-17.
Fotografía de la autora.
- 25 El Tratado Antártico, firmado el 1 de diciembre de 1959, dispone que las tierras y las barreras de (...)
39A
diferencia de la paulatina imposición de la nueva silueta cartográfica
con la Patagonia que incluso alcanzó a convivir largamente con otras
siluetas diferentes, la adición de la Antártida al mapa de la República
Argentina fue apuntalada sistemáticamente con diversas políticas. Una
de las novedades más notables de esta nueva intervención sobre el mapa
es que resultaba de la aplicación de una ley que obligaba a que los
mapas publicados incluyeran el sector antártico y las islas Malvinas,
por supuesto sin hacer alusión alguna al estatus jurídico de esos
territorios. En 1941, con la
sanción de la Ley 12.696, también conocida como la Ley de la Carta, se
reguló el conjunto de prácticas y marcos institucionales implicados en
la producción de la cartografía oficial: “el Poder Ejecutivo fijará (…)
el orden y desarrollo de las operaciones geodésicas y topográficas a
realizarse conjuntamente con los procedimientos, escala y forma de
representación gráfica” (Boletín Oficial 24 de octubre de
1941). La ley de la Carta (1941) y las sucesivas modificaciones
centralizaron las normas sobre la producción cartográfica oficial:
definieron los aspectos técnicos, las responsabilidades presupuestarias,
el perfil de los profesionales encargados de las tareas y obligaba a
incluir ciertos elementos geográficos en los mapas. Esta vez, la
legislación, en lugar de funcionar como respuesta a una situación
conflictiva, se anticipaba para demarcar y regular un conjunto amplio de
prácticas cartográficas. Más aún: como demuestra la sanción de la
reciente ley del llamado “mapa bicontinental”, este tipo de sentencias
cartográficas ha permanecido inmutable incluso a la firma del Tratado
Antártico en la que la Argentina reconoce explícitamente que no posee
soberanía sobre esos territorios25.
- 26 Bajo el mando del General Leopoldo Galtieri, presidente de facto de la República Argentina, las tro (...)
- 27 La Argentina y Chile mantuvieron un conflicto sobre el trazado de la línea que divide el canal de B (...)
40El tercer momento, situado en torno a la Guerra de Malvinas (1982)26 y al conflicto por las islas del canal de Beagle (1984)27,
sucede en un contexto de contienda bélica y de negociaciones
diplomáticas por los territorios insulares, y la silueta de las islas
Malvinas se transformó en un logotipo per se.
- 28 “El observatorio de las islas Orcadas es mencionado solamente en cuatro textos de la muestra hasta (...)
41Efectivamente,
la cuestión de las Malvinas se entronca con otras disputas insulares
que asisten a una reactualización notable en ese mismo tiempo. Aunque el
litigio del Beagle databa de principios del siglo XX (casi al mismo
tiempo que la Argentina instalaba un observatorio meteorológico en las
islas Orcadas del Sur en 1904) y aunque el Estado argentino formalizó su
reclamo de soberanía sobre estas islas en 1925, este tema estuvo
prácticamente ausente de la currícula escolar hasta mediados de la
década de 194028.
42Las
islas Picton, Lennox y Nueva (implicadas en la disputa sobre el canal
de Beagle) habían sido mencionadas en un sólo texto escolar en 1930
hasta que en los manuales primarios de 1950 empezaron a aparecer
intermitentemente en la bibliografía escolar y quedaron definitivamente
instaladas en los libros publicados a partir de 1976 y sin duda al menos
hasta la resolución final del diferendo en 1985.
43Un
poco más curioso es el caso de las islas Georgias del Sur: reclamadas
por el Estado argentino por primera vez en 1928, se trata de islas que
nunca fueron ocupadas por la Argentina ni tampoco jamás reivindicadas
por España, pero aparecen en libros de educación primaria y secundaria
en el mismo paquete de islas australes “usurpadas” por países
extranjeros (un paquete al que se agregarían las islas Sandwich del Sur
en la década de 1940)29.
44El
estudio de Carlos Escudé sobre el contenido nacionalista de la enseñanza
de la geografía entre 1879 y 1986 afirma que las Malvinas comenzaron a
aparecer como tales en la década de 1940. Pero también revela que un
mismo autor modificó el tono de su referencia a las islas Malvinas antes
y después de la guerra. Se refiere al libro La Argentina de
Isidro F. Carlevari, quien en su texto adoptaba un tono moderado pero en
la séptima edición de la misma obra publicado en 1983 se mostraba más
enfático:
"Los
desafortunados hechos que recientemente nos ha tocado vivir han de
servirnos para que todos los niveles de la población tomen conciencia de
que la Argentina no es solamente esa cuña triangular, bañada por el
océano Atlántico, que se inserta en lo más austral del continente
americano. En momentos en que la incontrovertible realidad
histórica y geográfica que fundamenta la soberanía territorial argentina
pasó a ser inexplicablemente discutida, ya no es posible que el estudio
de la geografía argentina se circunscriba casi exclusivamente al ámbito
continental americano, pues éste, conjuntamente con el ámbito
continental antártico, el ámbito insular, y el ámbito marítimo
constituyen un todo indivisible que configura la base geográfica del ser
nacional". (Pág. 11).
45Dado
que este cambio de tono coincide con una ofensiva un poco más intensa y
sostenida de estímulos visuales que también “loguificaron” las islas
Malvinas como la nueva pieza del rompecabezas del mapa político de la
República Argentina, aquí entendemos que es en esa coyuntura cuando
cuaja y cristaliza una nueva intervención sobre el mapa general de la
Argentina. Para sostener esta hipótesis proponemos desplazar el
eje del análisis desde los mapas puestos en circulación por organismos
oficiales y comentar otros mapas que siguieron derroteros más
informales, tales como la vía pública y la prensa gráfica.
- 30 Esta publicación ha sido fuertemente criticada por sus vinculaciones con los gobiernos militares y (...)
46En tiempos de la guerra, la revista semanal de interés general Gente30
no sólo publicaba falsos y tendenciosos titulares (como el tristemente
recordado “Vamos ganando”) sino que también buscó exacerbar el espíritu
nacionalista reavivando la narrativa de la pérdida territorial. El
gráfico de la imagen 11 muestra una secuencia de diez
mapas en la que representa la supuesta contracción de la silueta del
territorio argentino desde los tiempos virreinales hasta el momento de
la guerra de Malvinas bajo un título que arenga “Lo que nunca debe
volver a suceder”, como si en la capacidad de retener el control de las
islas recientemente conquistadas residiera la oportunidad de alterar el
curso infausto del destino marcado por ese histórico desmembramiento.
Imagen 11: “Lo que nunca debe volver a suceder”
Revista Gente
- 31 En 2012, con motivo del 30 aniversario de la guerra de Malvinas, se seguían agregando carteles de e (...)
47Desde
los tiempos de la guerra e incluso en la actualidad, la silueta de las
islas Malvinas se reproduce en la vía pública en distintos puntos del
país funciona como un logo cartográfico, tanto desde los murales
pintados por agrupaciones políticas y anónimos como en la cartelería en
las rutas argentinas que, en el mismo estilo que las señales viales,
reza “Las Malvinas son argentinas” junto a la silueta del archipiélago
en cuestión31 (imágenes 12, 13 y 14).
Imagen 12: Aviso de carretera
RN 14 km 140, provincia de Entre Ríos (Gentileza Alejandro Benedetti).
Imagen 13: Graffiti ciudad de Buenos Aires 2012
Imagen 14: Graffiti ciudad de Mar del Plata 2006
- 32 Carla Lois, “La Argentina a mano alzada. El sentido común geográfico y la imaginación gráfica en lo (...)
- 33 Es así que aquí se ha optado por explorar un universo que recorra todos los grupos etarios (el umbr (...)
- 34 Las instrucciones fueron concisas y abiertas: se ofrecía una hoja A4 en blanco y se les pedía que d (...)
48En una encuesta visual que realizamos en el contexto de otra investigación32 se solicitaba a una muestra de 700 personas de entre 8 y 76 años33 que dibujen el mapa de la Argentina34.
En esta encuesta, el tópico Malvinas / Falkland es notablemente
significativo (85%) entre aquellos que asistían a la escuela primaria en
tiempos de la Guerra (31-45 años). Y si se tiene en cuenta que luego
del conflicto armado, durante las últimas tres décadas, el mapa de las
islas Malvinas y el eslogan mencionado ha aparecido en los más diversos
soportes, incluso en la vía pública, no sorprenderá que el tema
Malvinas/Falkland parece ser también relevante para los adolescentes que
están escolarizados en la actualidad (14-18 años), quienes la mencionan
en más del 60% de los mapa-imagen. Estos comportamientos sugerirían que
las Malvinas siguen siendo un tópico importante en la educación formal.
Y cabe aclarar que no se trata solamente del abordaje de la cuestión
Malvinas en los libros de texto sino que también contempla otras
prácticas de reproductibilidad cartográfica: en un cuaderno escolar del
año 1981 de una alumna de tercer grado de una escuela de la ciudad de
Buenos Aires quedó registrado que la maestra había estampado un sello
con la silueta cartográfica de las Malvinas, que los alumnos debían
colorear y reafirmar con la leyenda “Las Malvinas fueron, son y serán
argentinas” (imagen 15).
Imagen 15: Cuaderno de una alumna de 4º grado de una escuela pública de la ciudad de Buenos Aires en 1982
- 35 Entendemos por “sentido común geográfico” al conjunto de premisas sencillas sobre las formas y las (...)
49Este
tipo de expresiones gráficas expresadas en la encuesta visual revela
que los discursos geopolíticos han sido y siguen siendo un factor activo
en la configuración del “sentido común geográfico”35.
Se ha apuntado que esos discursos toman forma tanto en lo que se ha
dado a llamar la “geopolítica práctica” (el razonamiento, las acciones y
las afirmaciones de las figuras geopolíticas así como de otros actores
también comprometidos con las políticas públicas de las relaciones
exteriores) como de la “geopolítica formal” (las prescripciones y las
teorías relativas a la conducción del estado y al poder realizadas por
intelectuales e instituciones dedicados a ello) (Ó Tuathail 2005, 68).
Pero, además, los reclamos geopolíticos y los discursos asociados a
ellos se producen y circulan dentro de formas culturales populares.
Hughes sugiere que tanto las geopolíticas prácticas como las populares
han puesto en acción diversas representaciones visuales que vehiculizan y
ayudan a naturalizar las líneas argumentativas que sostienen (Hughes,
2007: 979).
50A
todo esto hay que agregar que, más de cuarenta años después de la
sanción de la Ley de la Carta, se modificó el texto de la ley 12.696
para intervenir sobre otras narrativas de referencias geográficas: en
1983, en los últimos días del gobierno militar de facto del general
Bignone, se sancionó una ley que confería al IGM la potestad de
fiscalizar y aprobar “toda obra literaria o gráfica, documento
cartográfico, folleto, mapa o publicación de cualquier tipo en que se
describa o represente en forma total o parcial el territorio de la
República Argentina” (Ley 22.963 Artículo 16). Esta ley, que reemplazó
la Ley de la Carta (12.696) tenía por objeto “consolidar una conciencia
nacional del territorio y evitar diferencias en la información
geográfica sobre la República Argentina, [para lo cual] es indispensable
contar con una única versión oficial de cuál es el territorio sometido a
nuestra soberanía, y que toda publicación que toque el tema, en
cualquier formato y con cualquier propósito, sea coincidente con
aquella” (Nota al Poder Ejecutivo acompañando el proyecto de ley 22.963,
2 de noviembre de 1983).
- 36 Geografía de la Argentina (Parte Humana) de Federico Daus y Geografía de la Argentina y América de (...)
51Lo
curioso es que estas políticas así como las operaciones gráficas de
propaganda cartográfica concerniente al caso Malvinas también fueron
inscriptas en la narrativa del desmembramiento y significadas dentro del
mismo relato. En 1984 se publicaron dos textos escolares que afirmaban
que los territorios que por entonces el estado argentino reivindicaba
para su soberanía habían formado parte del Virreinato del Río Plata36.
Federico Daus sostuvo explícitamente que la Patagonia, las Malvinas y
"las islas y los territorios del dominio antártico" pertenecían al
Virreinato (pág.1), y Galmarino y Cirio no dudaron en afirmar que la
Argentina "debió heredar de España 6.000.000 km2 además
de las tierras antárticas que también le correspondían a la Madre
Patria" (pág. 8) (citados en Escudé, 2000). Posiblemente recurrieron a
esta manera tendenciosa de describir la geografía nacional para sostener
la legitimidad del reclamo de los puntos en disputa. Pero lo cierto es
que se ampararon en la empatía que generaba una historiografía
consolidada y retroalimentaron una vez más el relato de la herencia
virreinal, incluso con afirmaciones absurdas.
52En
el Manual Kapelusz de 4º grado de la enseñanza primaria publicado en
Buenos Aires en 1982 se afirmaba que "la patria es una e indivisible. Todas
las porciones de nuestra tierra, las grandes y las pequeñas, en
conjunto, constituyen el territorio nacional llamado Argentina" (59).
Semejante afirmación estaba acompañada por un mapa que, en el año 2000,
Carlos Escudé describía de la siguiente manera: se trata de “un gran
‘mapa del territorio argentino’ en el que el ‘territorio continental’
abarca tan sólo la mitad superior del plano, el cual se extiende hacia
el Sur hasta el polo, sumando un territorio imaginario al territorio
real”. Se trata ni más ni menos que el “mapa bicontinental” que la ley
de 2010 está tratando de imponer.
53Evidentemente
el llamado mapa bicontinental no es una invención reciente. Más bien,
la ley sancionada en 2010 se instala en una larga tradición que suele
pasar desapercibida (en parte, porque parece ser bastante desconocida o
deliberadamente ignorada) y reactiva viejos discursos territoriales que
habían tomado forma a principios del siglo XX (cuando se buscaba
contrarrestar los potenciales efectos negativos sobre el proceso de
construcción de la nación, de la nacionalidad, de la ciudadanía y de los
argentinos cuando las olas migratorias impactaban profundamente sobre
la estructura demográfica de la Argentina) y que a esta altura
re-emergen en fórmulas simples que rozan la xenofobia, casi murmurando
entre dientes fracasadas aspiraciones expansionistas que no renuncian al
objetivo de seguir anexando territorios.
54Si
bien es cierto que cada uno de los tres momentos en que la silueta
cartográfica del mapa logotipo de la Argentina ha sido intervenida está
marcado por particularidades específicas y propias, la primera cuestión
que los hilvana dentro de una misma lógica es que los tres están
estrechamente vinculados con situaciones militares. En el primer caso
(1875-1910), la llamada “Campaña al Desierto”, encabezada por el General
Julio Argentino Roca en 1879, parece haber gravitado más allá de la
cuestión estrictamente de la expedición militar al sur de la provincia
de Buenos Aires y norte de la Patagonia para extender la línea de
fortines a expensas de los territorios indígenas (considérese que el
General en cuestión asumió la presidencia de la República en 1880 y
luego otra vez en1898).
55El
segundo momento (1941-1955) coincide con el ascenso del general Juan
Domingo Perón en la política y con sus dos primeras presidencias,
haciendo una apropiación del sector antártico en un momento en que la
Antártida se instalaba en la agenda política internacional.
56El
tercer momento (1980s) coincide no sólo con el único conflicto bélico
que la Argentina mantuvo contra un país extranjero en todo el siglo XX
sino con una sucesión de gobiernos militares de facto.
57En
todos los casos la adición de piezas al rompecabezas del mapa político
de la Argentina se ha articulado con políticas de ocupación (efectiva o
simbólica) de territorios con la penetración del discurso territorial
legitimador de esa agenda política en la currícula escolar y con el
soporte legislativo que garantizaba la eficacia comunicativa de esa
nueva silueta asegurando el reconocimiento del nuevo mapa por parte de
la “comunidad imaginada”.
- 37 Quintero, en Romero at al. 2004.
58Tradicionalmente
se ha señalado que el éxito de las historias territoriales “expansivas”
se ha debido a la combinación del predominio de enfoques geopolíticos
en la enseñanza de la geografía y la fuerte injerencia del Instituto
Geográfico Militar en la cartografía de uso escolar37.
Carlos Escudé incluso ha remarcado que “el juridicismo
etnocéntrico con que se enfocan estas cuestiones y el dogmatismo
con que se las enseña [han prevalecido] a lo largo de estos cien años de
enseñanza de geografía”, lo que hace que “sobre estas y otras
cuestiones, se sienta doctrina, se inculca una dogma, pero jamás se
alienta el pensamiento, la reflexión objetiva y la duda sistemática”
(Escudé, 2000). Es probable que esta misión sea uno de los motivos más
potentes al momento de explicar o de justificar el uso sesgado de las
fuentes disponibles y, sobre todo, el dogmatismo con el que se
instalaron ciertas interpretaciones del pasado. Sin embargo, tal vez
también debería prestarse más atención a los discursos menos
estructurados, pero no por ello menos coherentes ni efectivos y que, más
todavía, han multiplicado notablemente la circulación de
interpretaciones similares.
59Para
concluir queremos señalar dos cuestiones que la ley del llamado mapa
bicontinental deja al desnudo y que todavía merecen un debate. Primero
parece necesario cuestionarnos los modos en que leemos nuestra geografía
política en los mapas de uso corriente y someter a discusión algunos de
los supuestos en los que se fundamenta la ley, incluso siguiendo su
propia lógica: es decir, aun suponiendo que sea pertinente representar
todo ese territorio como argentino (el efectivamente soberano pero
también el que se ha reconocido como Patrimonio de la Humanidad y el
diplomáticamente disputado) es cuanto menos dudoso que la adopción de
una escala uniforme para todas las partes del mapa sea la única manera
(ni tampoco la más óptima) de generar “conciencia territorial”. Para
sostener esto nos permitimos recordar, por un lado, que la utilización
de dos escalas ya había sido utilizada en mapas de la Argentina para
representar la Patagonia y Tierra del Fuego sin que ello hubiera
significado ninguna renuncia a la soberanía (algo que queda demostrado
dado que se trata dos territorios que en la actualidad son
indudablemente argentinos). Por otro, remarcaremos que el uso de la
doble escala no es algo excepcional solamente implementado por la
Argentina: por el contrario, existen varios otros países que también
recurren a la doble escala para representar partes de sus territorios.
Sólo mencionaremos los casos de Estados Unidos de América y España que
representan a Alaska y a las islas Baleares respectivamente en sendos
recuadros laterales --para no mencionar otros más problemáticos, como
Gran Bretaña y Francia (que la utilizan para representar sus colonias).38
En todos los casos lo hacen básicamente porque la configuración de sus
territorios complica la economía gráfica que requiere la representación
cartográfica y resulta evidente que de esa estrategia gráfica no se
desprende ninguna jerarquización jurídica de los territorios.
60Si
se comprende que la cuestión de la escala no afecta el estatus de los
territorios representados, fácilmente se advierte que la denominación
“mapa bicontinental” utilizada para identificar el mapa que impone la
ley de 2010 no es incorrecta pero tampoco es apropiada porque no hace
referencia a la singularidad que lo diferencia de las otras
representaciones cartográficas existentes --ya que efectivamente los
mapas oficiales de la Argentina son bicontinentales desde ya hace más de
seis décadas. En rigor el título que se le ha atribuido a ese mapa
explicita la clave de lectura que se espera, redirige la mirada, orienta
el sentido que se busca instalar amplificando una supuesta “grandeza
nacional” que en su intención de familiarizar a los argentinos con la
forma deseada del territorio nacional no hace otra cosa que exacerbar el
nacionalismo territorial.
- 39 Una excepción a la apatía generalizada con la que se recibió esta normativa es el artículo del geóg (...)
61A
pesar de todos los problemas prácticos que acarrearía la implementación
de resolución sobre el uso del llamado mapa bicontinental
(especialmente en la enseñanza39), la medida no sólo ha causado poco revuelo sino que, llamativamente, ha conseguido cierto apoyo. No
deja de ser curioso que incluso en ambientes intelectuales que se
consideran a sí mismos progresistas, los discursos de la pérdida
territorial siguen convocando adeptos que no advierten hasta qué punto
sus fundamentos han sido formateados con matrices militares y
militarizadas de la historia territorial (visiones que, por cierto, no
aceptarían para ningún otro dominio de la vida cultural, social o
política).
62En
pocas palabras, lo que hemos querido sugerir es que mientras se sigan
imponiendo políticas cartográficas que, más que contribuir al análisis
crítico de los argumentos que el Estado sostiene para reclamar
territorios en disputa, apunten a instalar una imagen cristalizada e
inexacta sobre la geografía política de la Argentina, no sólo será
imposible desmontar la historia territorial tendenciosa y victimizante
que ya conocemos sino que será prácticamente inviable pensar la gestión
territorial que los procesos actuales requieren.