1Muy
poco tiempo después de consumar su Independencia, México ya se
encontraba dividido políticamente; de hecho, podríamos decir que el XIX
es un siglo que caracterizará a nuestro país por los casi permanentes
conflictos bélicos, tanto a nivel interno, incluidas guerras civiles,
como con otros países, entre los que sobresalen Francia y Estados
Unidos. Con este último, en particular, perderá más de la mitad de su
territorio en una injusta guerra a mediados del siglo.
2Ahora
bien, pese a esta difícil situación política, la gran mayoría de los
gobernantes, independientemente de su filiación política, reconocieron
en la educación un factor fundamental para el lograr un cierto
desarrollo para el país. Particularmente los gobiernos liberales
buscaron en la educación la mejor vía para incorporar a las masivas
clases populares iletradas al “progreso” (Castañeda, 2006, p. 20) Y fue
en estas propuestas educativas que se consideró que la enseñanza de la
geografía debía estar presente, toda vez que, junto con la historia,
debía promover toda una serie de valores que llevaran a identificar a la
población escolar con un territorio dado.
3Pero
si bien existió la intención de que fuera el Estado el responsable de
brindar esta educación, su situación en crisis permanente dio lugar a
que la Iglesia lograra mantener en su poder buena parte de lo que ahora
llamamos enseñanza básica, como había sucedido a todo lo largo de la
etapa colonial, y por lo menos hasta la República restaurada, es decir,
hasta el año de 1867.
4Ligados
al movimiento ilustrado del último tercio del siglo XVIII novohispano,
que difunde y populariza la ciencia a través de una serie de
publicaciones periódicas, es que aparecen en 1825 los primeros
catecismos científicos en nuestro país, como fueron los del inglés
Rudolph Ackerman y del abate francés Gaulthier. En el catecismo de
geografía publicado por Ackerman, se justifica la utilización del
término “catecismo”:
Para vencer todos los escrúpulos
que pudiera ocasionar el uso de la palabra CATECISMO, aplicada
generalmente a libros de Religión, debemos prevenir a nuestros lectores,
que esta palabra no está exclusivamente consagrada a materias
religiosas, sino que indistintamente significa todo libro escrito en
preguntas y respuestas. En este sentido se usa actualmente en todos los
países cultos y católicos de Europa (citado en Aguirre Lora, 2004, p.
7).
5Ello
es importante, toda vez que debemos considerar a los catecismos como un
modelo educativo heredado de la Ilustración, que a lo largo del siglo
XIX se irá abandonando por el desarrollo de la moderna pedagogía de la
época; sin embargo, en su momento no sólo desempeñó su papel como parte
de la educación, o de la “cultura” que debían adquirir los niños, sino
que también “se introdujo en el ámbito familiar como parte de las
novedades y entretenimientos, a modo de ‘ilustración’, preciosismo y, a
veces, como recurso para la memoria” (Ibíd., p. 4).
6Sin
embargo, para el caso particular de los catecismos de geografía también
recibieron duras críticas al considerar como parte de la enseñanza de la
geografía a la cosmografía, cuando los niños carecían de los
conocimientos de física y matemáticas adecuados para ello. Y ello se
puede constatar con el primer catecismo de geografía de un autor
mexicano, el de Juan Nepomuceno Almonte: Catecismo de geografía universal para el uso de los establecimientos de instrucción pública de México, editado por Ignacio Cumplido en 1837, que lo justifica su publicación de la siguiente manera:
Los tratados de geografía se han
multiplicado ya tanto, que sería ciertamente inútil presentar uno nuevo
al público. Mas no ha sucedido así con los catecismos de esta ciencia,
que deben servir a los establecimientos públicos (Almonte, 1837, p. V).
7También en la Introducción de su obra establece cual es la estructura del libro:
8Como
no se puede tener un conocimiento cabal del globo que habitamos, sin
considerarle primeramente en sus relaciones con los demás planetas, me
ha parecido conveniente adoptar el plan de Cortambert, y al efecto he
dividido esta geografía en tres partes: la primera trata de la geografía
matemática o astronómica: la segunda, de la geografía física o natural;
y la tercera, de la geografía propiamente dicha. Esta tercera parte,
que comprende también la geografía política, participa de la geografía
matemática, en tanto que determina la distancia y las posiciones de los
diversos lugares, y es la que exclusivamente parece haber llamado la
atención de los geógrafos europeos, que por lo común son los únicos que
han escrito los tratados de geografía que circulan entre nosotros. De
ahí sin duda ha provenido la poca importancia que se ha dado a la
geografía matemática o astronómica, y por lo mismo he querido tratar de
ella con alguna extensión en este catecismo (Ibíd., p. VI-VII).
9Concluye
haciendo una valoración de la disciplina: “Réstame sólo manifestar mis
deseos (de que) se de un lugar preferente a esta ciencia útil y
agradable, que nos enseña a conocer el mundo que habitamos” (Ibíd., p. VII).
10¿Cuál
es el problema? Que se enseñaba una geografía sin acompañarla de un
mapa. La obra sólo se acompañaba de un pequeño mapa del mundo, que
difícilmente le permitiría al niño o niña identificar lo aprendido.
Figura 1: Mapa Mundi
Almonte, 1937
11En
el caso de las escuelas particulares, como fueron las escuelas
lancasterianas, se incorporó la enseñanza de la geografía en 1822. En el
nivel más avanzado de la escuela, se enseñaba la geografía junto con el
latín, francés, historia, teología, dibujo y matemáticas. En otras
escuelas, como las “escuelas francesas de la ciudad de México”, la
enseñanza de la geografía se incorporó entre 1830 y 1840, con una gran
novedad, los salones de clase contaban con “mapas de las cinco partes
del mundo, que colgaban de las paredes” (García Cubas, 1986, p. 408).
12Podría
decirse que la enseñanza básica pública se mantuvo sin cambios hasta la
República Restaurada, cuando la reforma a la instrucción consideró la
enseñanza de “rudimentos de historia y geografía, especialmente de
México, para niños y niñas, aunque la geografía se consideró subsidiaria
de la historia, en la medida que ubicaba en el espacio los escenarios
históricos. Cambios posteriores permitieron la incorporación de un curso
de geografía para niñas que comprendía “definiciones elementales de la
geografía, matemática y física; topografía de México y sus alrededores”.
En posteriores reformas se regresó a la idea de nociones elementales y
luego, nuevamente, a la enseñanza unitaria de la geografía.
13Pero
hay otro aspecto de interés, en 1846 se da un decreto sobre libertad de
los estados para disponer su propia enseñanza, lo que permitió la
elaboración y utilización de textos de geografía local, no
necesariamente para la educación básica. Ello da lugar a la existencia
de numerosos textos de geografía para los estados, para algunos
municipios y aun para ciudades.1
14Ello,
según Lora, “tendió a fomentar el orgullo y la identificación con la
‘patria chica’, con los paisajes y las costumbres del terruño, donde el
desconocimiento de lo nacional y la exacerbación de lo regional que
prevalecía en el país hacia las veces de telón de fondo”.
15Francisco
Ziga recopila 190 textos sobre geografía de México, de sus estados o
municipios, publicados entre 1858 y 1910; sin contar los textos sobre
Geografía de América o Universal. De ellos, 78 (41 %) corresponden a
textos de geografía general y/o de México, 104 (55 %) a textos sobre los
estados y 8 (5 %) a geografías de distritos o municipios. Es decir, que
se publicaron un mayor número de textos sobre los estados, con lo que
la población terminaba identificándose más con su estado o región que
con el país.
16Así, por ejemplo, en el estado de Jalisco, para 1861 se funda el Liceo de Jalisco; en ese año, las materias que se imparten son:
17Compendio
de Historia Sagrada, El dogma y la moral cristianas, La urbanidad, La
lectura, La escritura, un curso práctico de aritmética y el conocimiento
del sistema métrico decimal, La gramática castellana, Nociones de
geometría práctica y Dibujo lineal a regla y compás, Obligaciones y
derechos del ciudadano mexicano, Nociones de geografía y Compendio de la
historia del país Cárdenas y Martínez, 1997).
18En
esa misma institución, y en otras más de la ciudad, impartió clases de
geografía Longinos Banda (1821-1898), autor de un número importante de
manuales escolares de Historia, Historia natural, Economía política,
Aritmética y Geografía. Entre éstos últimos se encuentran: Nociones geográficas sobre Jalisco, destinadas a la juventud de las Escuelas del Estado (1879); Nociones de Geografía general, extractadas de varios autores. Primera parte (1889); y Compendio de geografía universal (1907).
19Durante
el porfiriato se intento corregir esta identificación con lo local,
tratando de formar una conciencia nacional a partir del territorio, en
la idea de que toda localidad era parte del país: “El lugar en que
nosotros vivimos no es un punto aislado: forma parte de un municipio y
éste de una gran nación que es nuestro país, México” (Correa, 1885).
20Por
ello es que la gran reforma de la enseñanza se daría a finales del
siglo XIX, con la realización de los Congresos Nacionales de
Instrucción, celebrados en 1889-1890 y 1890-1891, y donde se
consideraron todos los aspectos de la enseñanza: organización,
contenidos, métodos, agentes, espacios, etc.
21Para
el caso particular de la geografía, fue motivo de importantes debates.
Los resultados más destacables fueron: 1. graduar los contenidos
empezando por el entorno más inmediato, como la casa y la escuela, para
después pasar a la localidad, el municipio, el estado y el país; 2.
incorporar el dibujo de planos de la escuela y de la localidad, como una
forma de “aproximarse a la abstracción de los mapas”; 3. Complementar
la enseñanza con visitas y excursiones, con el fin de observar el
paisaje y la ciudad.
22Carlos A. Carrillo resumía como debía enseñarse la geografía, hacia 1888:
El estudio de la geografía debe
consistir en el conocimiento real de los diversos países, no en el
aprendizaje de sus nombres y el de sus ciudades, ríos, montes,
etcétera.- para conocer un país se necesita: a) conocer su tamaño y la forma y situación respectiva de sus diversas partes; b) conocer su situación con relación a los demás países; c) su clima y condiciones meteorológicas, d) sus plantas, animales y minerales; e) su agricultura, industria y comercio; f) el estados y la organización social de los habitantes, y g) su organización política.- …el conocimiento de los países ha de ser intuitivo
o adquirido por comparación… En tal virtud, el estudio de la geografía
debe comenzar por el conocimiento de la localidad en que vive el niño y
que puede conocer por sus propios ojos.- Debe comenzarse por la
geografía del municipio y si el municipio es demasiado extenso, de modo
que no pueda ser conocido directamente por el niño, debe empezarse por
el estudio de una pequeña parte de él.- Para que la enseñanza sea
verdaderamente intuitiva, hay necesidad de llevar a los niños a pasear y
mostrarles objetivamente lo que es un arroyo, una creciente, un cerro,
una ladera, un valle, etcétera.- También en los paseos conocerá el niño
los animales y plantas de campos y bosques… La lectura de los mapas debe
enseñarse después del estudio de la localidad hecho directamente y
antes de estudiar otras localidades o países.- La mejor o la única
manera de enseñar a los niños a conocer los mapas es formar delante de
ellos y hacer que formen el planos de la escuela, el de la ciudad y el
topográfico de los alrededores de ésta aunque resulte imperfecto, y
mostrarles en seguida alguno impreso y correcto si se tiene… (citado en
Ziga, op. cit., p. 12),
23Pero,
tal vez lo más importante haya sido que “cartas de la República
Mexicana con los estados y territorios, atlas, mapamundi y esferas
terrestres inundarían los salones de clase. No por casualidad, a fin de
siglo, los inventarios e informes de las escuelas de la ciudad de México
y de otras ciudades importantes del país, los reportarán entre los
utensilios de rigor” (Aguirre Lora, op. cit., p. 9).
24Finalmente,
se llegó al acuerdo de denominar “geografía patria” al estudio de la
geografía de México, mientras que la de otros países se denominó
“geografía general”.
25Una
última observación. Si bien en los textos, al paso de los años se
fueron incorporando más imágenes –grabados, fotos, mapas-, lo cierto es
que de una u otra manera la gran mayoría de los autores recurrieron a
las autoridades en el tema. Y para el caso de la representación del
territorio, la gran autoridad fue Antonio García Cubas, tanto en los
libros de texto para la enseñanza de la geografía de México o del mundo.
Este autor es sin duda el más importante geógrafo del siglo XIX, y
entre sus obras destacan:
-
Atlas geográfico, estadístico e histórico de la República Mexicana, México, Imp. de J. M. Fernández de Lara, 1858.
-
Compendio de geografía de la
Republica Mexicana, "arreglado en cincuenta y cinco lecciones para uso
de los establecimientos de instrucción pública", México, Imprenta de M.
Castro, 1861
-
Curso elemental de geografía
universal: dispuesto con arreglo a un nuevo método que facilite su
enseñanza en los establecimientos de instrucción de la República, y
precedido de las nociones indispensables de geometría para el estudio de
esta ciencia, México, Imprenta del Gobierno, 1869.
-
Atlas metódico para la enseñanza
de la geografía de la República Mexicana: Formado y dedicado a la
Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, México, Sandoval y Vázquez
Imp., 1874.
-
Atlas pintoresco e histórico de los Estados Unidos Mexicanos, México, Debray Sucesores, 1885.
-
Geografía e Historia del Distrito Federal, México, Imp. de E. Murguía, 1894.
26Dado que el trabajo aun no esta concluido, podemos, sin embargo, adelantar algunas conclusiones:
271.
Aun cuando es común la referencia a que la geografía y la historia son
disciplinas que contribuyen a formar un sentimiento de pertenencia, de
identidad con el territorio, por ahora puede decirse que tal vez en el
discurso se logró, aunque en la mayoría de los casos de los libros de
texto no vaya en ese sentido sino hasta la última parte de siglo, cuando
se identifica a la asignatura con la “geografía patria”.
282.
Difícilmente se pudo dar una identificación de un niño o de un joven con
su país, con base en la cartografía que presentaban los libros de texto
utilizados. La calidad de la representación dejaba mucho que desear,
dadas las técnicas de impresión de la época. Además, no debe olvidarse
que estos libros eran, en general muy baratos, por lo que no podía
exigirse mucha calidad en la impresión.
293.
Tal vez la identificación se dio con la “patria chica”, como señala
Carrillo, porque lo tenía más presente, más cercano. Porque podía
reconocer en el mapa del estado o del municipio o de la ciudad, los
elementos naturales o culturales ahí representados.
304.
Finalmente, también debemos reconocer que la gran mayoría de población
mexicana del siglo XIX era analfabeta. La educación sólo estaba presente
en las ciudades importantes, y en localidades menores sólo se impartía
la enseñanza básica (leer, escribir, operaciones básicas de la
aritmética y urbanidad). Por tanto, las grandes masas de población no
entendían algo tan abstracto, y tan ajeno, como el mapa del país.