- 1 En trabajos anteriores me he interesado especialmente en analizar conceptualmente la pluralidad y l (...)
1Ya
se ha observado que con el término mapa se suele designar a una
multiplicidad de imágenes muy diferentes, que usan diversas técnicas y
soportes, apelan a lenguajes visuales muy heterogéneos y convenciones
gráficas que han variado a lo largo del tiempo, etcétera (Lois, 2014,
2015). Los historiadores de la cartografía ya habían tenido que afrontar
esta cuestión cuando pretendieron hacer una nueva comprehensiva
historia de los mapas de todos los tiempos y crear una definición que le
dé coherencia al objeto (y al corpus) de esa historia. Y así fue que
Brian Harley y David Woodward, antes de iniciar el megaproyecto
editorial The History of Cartography (The University of Chicago
Press), en 1987, propusieron como plataforma conceptual común para
todos los temas que se abordan en los diferentes volúmenes que componen
la obra la idea de que mapa es toda “representación gráfica que facilita
el conocimiento espacial de cosas, conceptos, condiciones, procesos o
eventos que conciernen al mundo humano” (Harley y Woodward, 1987: xvi). Es
una definición amplia, flexible e inclusiva que nos permite, como he
demostrado en un trabajo anterior (Lois, 2015), intentar aplicar estas
ideas – con algunos ajustes – para considerar “mapa” a imágenes tan
diferentes como un croquis a mano alzada, un mapa digital interactivo,
una hoja topográfica y una obra de arte, entre otras.1
2A
menudo se piensa en los vínculos que se establecen entre la imagen y los
que ella representa o dice representar –por lo general, tomado esto
último dado como un hecho dado. Pero, ¿qué es ese referente que el mapa
tiene o se propone representar? Existen ya demasiados trabajos que,
desde diferentes perspectivas, demuestran que lo que el mapa representa
no es la realidad ni lo real. Por lo tanto, aquí daremos por saldado ese
debate acerca de la relación imagen-representación y
lo-real-representado para concentrarnos precisamente en ese referente. Y
sostendremos que ese referente no solo no es la realidad ni lo real
sino que es un tema cualquiera que tiene la especificidad de desplegarse
sobre un tipo de espacio específico, y que esa naturaleza espacial
afecta directa e indirectamente la representación del tema en cuestión,
la eficacia de los modos de comunicar e incluso la estética de la
propia imagen cartográfica.
3Los
diferentes tipos de mapas producen (o dan lugar a la ejecución de
diferentes) operaciones cartográficas, básicamente porque manejan
diferentes concepciones sobre el espacio que pretenden representar. En
términos generales, diremos que la operación cartográfica se realiza
cuando el observador puede establecer una analogía entre las relaciones
espaciales que se establecen en la situación mapeada y un espacio
cartográfico mapeable según diferentes principios gráficos que, en
rigor, entrañan diferentes concepciones sobre el espacio.
Por eso se puede decir que el mapa opera como un método de
espacialización del pensamiento, y, al mismo tiempo, de visualización de
esa espacialización. O, en otras palabras, el mapa es una imagen
que permite conocer y superponer estructuras de conocimiento para
visualizar las relaciones espaciales que establecen diversos elementos
entre sí, incluso cuando esos elementos representados en el mapa no son
de naturaleza necesariamente geográfica.
4Estas operaciones cartográficas forman parte de los que llamaremos pensamiento espacial que consiste en formarse mapas mentales,
en principio entendidos en el mismo sentido que Rudolf Arnheim usa para
definir imágenes mentales, es decir, ideas que resultan tanto de la
percepción sensorial como del recuerdo (Arheim, 1969: 102). Pero también
en el campo de ciencias neurológicas y las teorías cognitivas se ha
fundamentado que la formación de mapas mentales es crucial para el ser
humano. La neurocientífica Veronique Bohbot (McGill University and
Douglas Institute) remarcó que la falta de entrenamiento del pensamiento
espacial lleva a la pérdida de las capacidades de los sujetos para
producir sus propios mapas mentales y tiene consecuencias que van más
allá de la habilidad de la orientación en el espacio geográfico sino que
también lleva a que los sujetos pierdan la habilidad de improvisar en
sus desplazamientos, de tomar decisiones propias y de establecer
vínculos con el entorno físico. Además, la falta de entrenamiento en
mapas que facilitan el desarrollo del pensamiento espacial también
afecta la posibilidad de producir otros tipos de mapas mentales que
usamos a diario: desde el mesero que se forma su mapa mental de la mesa
para entregar los platos solicitados por los comensales hasta el docente
que identifica a sus alumnos según la posición en que se sientan en la
clase.
5Entre
los científicos predominda la convicción de que nuestra posición en el
espacio (por ejemplo, en nuestra casa o en una cancha de fútbol) está
representada en una especie de mapa mental que se produce en el
hipocampo cerebral a partir del funcionamiento de grupos de neuronas
llamadas células de lugar. Los neurocientíficos Brad Pfeiffer y David
Foster (Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins,
Baltimore), afirman que el plan de seguir cierto trayecto de
desplazamiento cotidiano (del baño a la sala o de casa al trabajo)
consiste en la activación secuencial de esas células de lugar que
representan el trayecto en ese mapa mental.
6La
teoría de que el cerebro de los mamíferos contiene un mapa interior que
representa la posición del individuo en el espacio ya había sido
propuesta en los años cuarenta por el psicólogo Edgard Tolman, de la
Universidad de California en Berkeley. Y ya en los años setenta se
aceptaba que ese mapa está relacionado con el hipocampo cerebral. Pero
lo novedoso es que el diseño experimental de Brad Pfeiffer y David
Foster ha permitido por primera vez registrar la actividad de 250
células de lugar simultáneamente y de forma continua –con una
resolución temporal cercana a los 20 milisegundos— y con ello se ha
llegado a la conclusión de que los mecanismos hipotalámicos que activa
la rata mientras resuelve problemas son similares a los activa un
taxista que debe optar por un itinerario para ir de un lugar a otro.
7Por lo tanto, pensar espacialmente implica, entre otras cosas, activar analogías que permiten
explicar y hacer comprender o visualizar un objeto desconocido mediante
su reemplazo por otro conocido (aquí ese objeto conocido viene a ser el
mapa) mediante, al menos, tres procesos cognitivos: a) el
establecimiento de, relaciones de comparación entre varias razones,
conceptos, objetos y/o experiencias; b) la capacidad proyectiva que
permite formas inductivas de argumentación; y c) la
función pedagógica, que consiste en copiar algo o a alguien, imitar una
cosa a partir de la recreación de los elementos significativos.
8Concretamente: se piensa espacialmente
cuando el observador puede establecer una analogía entre las relaciones
espaciales definidas en la situación mapeada y un espacio cartográfico
mapeable. El punto que aquí desarrollaremos es que esas operaciones
cartográficas se apoyan en los principios de la geometría
del espacio – entendida como la rama de las matemáticas encargada de
las propiedades y medida de la extensión de las formas que se pueden
expresar con medidas y de las relaciones entre puntos, líneas, ángulos,
planos y sólidos en el espacio para definir sus condiciones mediante
unas propiedades determinadas del espacio.
9En
este artículo se analizarán los modos en que diferentes geometrías
espaciales dan forma a diferentes tipos de mapas y, en función de ello
se activan pensamientos espaciales específicos. El texto está organizado
a partir de tres concepciones conceptuales de espacio: el espacio
geográfico, el espacio euclideano y el espacio topológico; y analizando
sus respectivas geometrías espaciales, se analizan diferentes mapas,
considerando especialmente tanto las limitaciones y las ventajas de cada
uno de ellos para representar ciertos temas tales como la familiaridad
intuitiva con manejamos esas geometrías espaciales para comprender y
actuar en nuestro mundo (la familiaridad con la que manejamos y nos
movemos en esas geometrías espaciales). Estas reflexiones sobre los
tipos de espacio se enmarcarán en contextos concretos de la historia de
la geografía, se establecerán vínculos entre la geometría y las
humanidades, y se postularán las capacidades que tuvieron para modelar
nuestra imaginación geográfica.
10Afirmar
que los mapas representan el espacio geográfico parece una obviedad que
no amerita aclaración alguna debido a la aparente ligación atávica que
une el saber geográfico con la representación del mundo.
11Una definición de mapa que remite a una idea de espacio geográfico es, por ejemplo, la siguiente:
Lo que en realidad hace que un
mapa sea un mapa es su cualidad de representar una situación local; tal
vez deberíamos llamarlo ‘imagen de situación’ o incluso ‘sustituto
situacional’. La función principal de esa imagen es transmitir
información situacional, distinguiéndola así, por ejemplo, de una
pintura paisajística que, aunque transmitiendo esa información
incidental, busca principalmente un efecto estético. En términos
cognitivos, el mapa tiene que basarse en la percepción que el cerebro
tiene del espacio más que de la sucesión. (Buisseret, 2003: 16)
12¿Pero
de qué tipo de espacio? Existe también un amplio abanico de
concepciones acerca del espacio geográfico. Por un lado, perviven
posiciones básicas que lo consideran la base material sobre la cual se
desarrolla la vida humana, que en realidad están ancladas en la noción
aristotélica de lugar, entendido como “superficie primera e inmóvil de
un cuerpo que rodea a otro o, para decirlo más claramente, el espacio
donde un cuerpo es colocado” (citado en Augé, 1992:59). Por otro lado,
esos enfoques conviven con posiciones más radicales, como la de Milton
Santos, que asumen que todo espacio es “socialmente construido” y que “el
espacio geográfico es la naturaleza modificada por el hombre a través
de su trabajo. La concepción de una naturaleza natural en la que el
hombre no existe o no fuera el centro, da lugar a la idea de una
construcción permanente de la naturaleza artificial o social, sinónimos
del espacio humano” Santos, 1990: 119).
13En
todos los casos, sin embargo, persiste la convicción de que el espacio
geográfico incluye una dimensión sensible que tiene que ver con la vida
social e incluso individual, y que no ignora su materialidad, su
estética y los “elementos geográficos” tales como ríos, ciudades,
relieve, caminos y lagos, entre otros – ya sin diferenciar si son
naturales o sociales sino, más bien enfatizando en que configuran las
formas de nuestro mundo. Es cierto. Pero no es todo ni agota todas las
posibles interpretaciones de espacio geográfico.
Mapa de Australia de Pierre Desceliers (ca 1550)
Un ejemplo que
representa una convicción de época: la existencia de un amplio
continente austral a partir de la masa terrestre de Australia.
Fuente: Project Gutenberg Australia
http://gutenberg.net.au/ebooks05/0501051h-images/fda-46.jpg
14El
espacio geográfico es una categoría que corresponde a la imaginación
geográfica (Gregory, 1991) es decir, a los modos en que creamos sentidos
de lugar, visualizamos paisajes y nos movemos en el espacio, nos
situamos y establecemos posiciones relativas con otros sujetos y cosas,
nos desenvolvemos en la vida social. Por eso, desde nuestra perspectiva,
el espacio geográfico no es sólo topográfico ni – siquiera en el
sentido culturalista o materialista histórico que atribuye a la acción
de los hombres la modificación de la superficie terrestre y la
superposición de rugosidades materiales, como diría Milton Santos.
15La
definición de Harley y Woodward apuntaba a generar una definición
suficientemente amplia como para incluir mapas prehistóricos, medievales
y digitales, pero siempre pensando en lo que genéricamente y a priori
llamaríamos mapas geográficos en un sentido estricto (porque representan
geografías presentes o pasadas). Sin embargo, esa misma concepción
también puede funcionar como inspiración para pensar casos en los que la
idea de mapa funciona más como una metáfora: justamente teniendo en
cuenta la diversidad de usos del término “mapa” para imágenes que no
representan geografías strictu sensu, aceptamos que la idea
mapa funciona también como una metáfora en las que las resonancias de
las geografías materiales o empíricas pueden ser sumamente débiles o
incuso nulas. No obstante, permiten pensar espacialmente, y lo hacen creando otros tipos de espacios geográficos, es decir, apelando a elementos geográficos típicos (ríos, lagos, mares, montañas, pueblitos...
e incluso dando forma a paisajes) para espacializar información no
geográfica pero con los símbolos y la estética de la cartografía
topográfica, y para visualizar esa espacialización representando temas
tan abstractos como la moral, los sentimientos, las utopías. Y ello no
es sólo un recurso gráfico: así se crea un espacio en el que
imaginariamente – es decir, mentalmente (y no ficticiamente) – nos
situamos, nos movemos, nos reconocemos. Nos provoca intenciones de
desplazamiento – y nos lleva a acordar o disentir con las relaciones que
el mapa establece – como si fuera un espacio geográfico real.
16Map of the Open Country of a Woman’s Heart es
uno de los tantos ejemplos de mapas sobre los afectos. Aunque es
presentado como anónimo, está firmado “by a lady” y fue publicado por
Kellogg Brothers of Hartford, Connecticut en los años1830s.
Map of the Open Country of a Woman’s Heart (anónimo, publicado por Kellogg Brothers of Hartford, Connecticut)
Los
mapas metafóricos representaron cartograficamente diversos temas no
geográficos. Los afectos y algunas cuestiones religiosas (como el caminho al cielo o al infierno) estuvieron entre los temas más cartografiados.
Fuente: Connecticut
Historical Society.
https://connecticuthistory.org/
the-open-and-fortified-country-of-the-human-heart-a-victorian-ladys-view-of-love/
17La
estética de la imagen es cartográfica en dos niveles: por un lado, la
iconografía se corresponde con los símbolos usados en ese tiempo para
representar la topografía. Por otro lado, la forma de corazón que tiene
el mapa, aunque puede querer ser un dibujo alegórico de los
sentimientos, se corresponde también con la forma de un tipo de
proyección cartográfica, denominada cordiforme, que fue muy utilizada
desde el Renacimiento en adelante – por cierto, considerada muy
“científica (el propio Gerard Mercator hizo un mapamundi cordiforme en
1541).
18En cuanto a la organización geográfica de los sentimientos que nos muestra l Map of the Open Country of a Woman’s Heart,
encontramos que en la provincia “Sentimentality” está la Plain of
susceptibility (nuevamente, aludiendo a geoformas como la planicie); en
la provincia “Love of Dress” están las pirámides denominadas “Pyramids
of Fashion” que emulan las pirámides de egipcias de Gizeh (un lugar que,
además de su valor histórico, tiene cierto glamour). Es decir:
topografías, sentimientos y lugares se articulan para cartografiar el
mundo emocional de la mujer – desde este punto de vista, claro.
19Los
temas de esos mapas aluden a categorías morales de la vida sentimental y
amorosa, y configuran una topografía moral, en la que “los lugares son
las situaciones o los puntos de pasaje obligado por los que todo viator
pasa a lo largo de su itinerario existencial (Van Delft, 1985: 94) y que
evocan las experiencias existenciales más directas desprovistos (o
casi) de referencias explícitas a la geografía “real”. Este ejemplaría confirmaría que, en el registro laico, la cartografía moral expone más claramente su dimensión lúdica (Van Delft, 1985: 99).
20Aun
en los espacios geográficos se preservan, se representan y se pretende
que el lector reconozca formas y elementos geográficos, sus paisajes y
sus estéticas. No se trata de verdaderos ríos ni pueblos sino que más
bien se trata de otros temas (por ejemplo, sentimentales) que son
representados y tratados como ríos y pueblos. Así se visualizan
paisajes como si fueran geográficos que nos hacen pensar, organizar y
visualizar el tema en cuestión como si fuera un espacio geográfico o,
más bien, como diría Derek Gregory, una expresión de nuestra imaginación
geográfica.
21Hasta
hace unas pocas décadas, la mayor parte de las definiciones de mapa
apuntaban a clarificar las características técnicas que debe tener una
imagen para ser considerada cartográfica o bien las funciones
intelectuales y sociales (generalmente, de posicionamiento y
orientación) que deben cumplir.
22Desde
mediados del siglo XX, la institucionalización de una disciplina
denominada cartografía dedicada a la producción de mapas siguiendo
protocolos técnicos específicos y estandarizados no hizo sino contribuir
a la idea de que los mapas deben representar la superficie terrestre
siguiendo protocolos metodológicos específicos (que incluyen códigos,
sistemas de medidas, instrumentos de registro de datos, lenguajes
gráficos, convenciones cromáticas, entre otros). Por lo tanto, el
ejemplo arquetípico de ese mapas son las hojas topográficas que
representan las formas del relieve y las infraestructuras humanas.
23En 1973 la International Cartographic Association2
definía que el mapa es “una representación de una relación de rasgos
materiales o abstractos de la superficie terrestre o de un cuerpo
celeste, generalmente realizado a escala y dibujado sobre un plano”.3
Esta definición se hizo muy popular y contribuyó a instalar en el
sentido común la convicción de que el mapa es una re-presentación de la
superficie terrestre o de una parte de ella. Es una definición simple.
Tal vez esa sencillez es lo que explica que esa concepción haya
arraigado tanto, que persista aún y que opaque las implicaciones
epistemológicas inherentes a un enfoque que consagra las operaciones
técnicas como método infalible (aunque perfectible, en la medida en que
se mejoren las técnicas) para reducir lo real y lograr plasmarlo en un
plano. Seguramente el gusto y la ansiedad que se manifiestan en nuestras
sociedades por disponer de imágenes científicas que nos muestren el
mundo ‘tal cual’ es contribuye mucho a reforzar la creencias de esas
promesas de mímesis que sugiere la definición de la ICA.
24Otra de las definiciones que encaja en esta perspectiva y que se sigue incluyendo en los manuales de Geografía es la siguiente:
Representación
plana reducida y simbolizada de la superficie terrestre o parte de
ella, y en la que se muestra la situación y distribución de uno o más
fenómenos naturales y culturales localizables en el espacio. Para su
confección se toman en cuenta la escala y la proyección. Según el
fenómeno, tema o relación de factores a representar existen distintos
tipos de mapas: topográficos, geológicos, batimétricos, planimétricos,
meteorológicos, históricos, de población, corológicos, etc. (Paso Viola,
1986: 107)
25Sin
embargo, es posible reinterpretar este tipo de definiciones e incluso
la misma idea de “superficie terrestre” que aparece en las definiciones
de mapa que adscriben a este enfoque para pensar otras superficies
terrestres y otras formas de mapeo. Bruno Latour afirmó que la
racionalización que tuvo lugar durante lo que se conoce como revolución
científica no fue una racionalización de la mente, ni del ojo, ni de la
filosofía sino de la vista porque gracias a la perspectiva lineal, todo
objeto – sin importar desde qué distancia o ángulo es visto – puede ser
transformado en imagen y, por tanto, “transferido” o “traducido” para
obtener el mismo objeto en otro tamaño o visto desde otra posición. En
esa “traducción” las propiedades internas de ese objeto no se modifican.
Es en este sentido que la perspectiva fue un determinante esencial de
la ciencia y la tecnología porque creaba cierta “consistencia óptica” (Ivins, 1985 : 30-37) que
permitía establecer analogías de formas y tamaños entre objetos reales y
las imágenes que las comunidades científicas hacen de ellos.
26Así
como el desarrollo de la perspectiva transformó las artes y las
ciencias modernas, también tuvo múltiples aplicaciones en cartografía.
De hecho, la perspectiva está en la base de los principios con los que
se diseñan las proyecciones cartográficas,
que se clasifican según las propiedades geométricas que conserven
(ángulos, distancias, formas o superficies).
- 4 Formulada por primera vez por León Battista Alberti (1404-1472) en De Pictura, la perspectiva artif (...)
27La perspectiva artificialis4
es un método para representar uno o varios objetos, o una escena o una
paisaje en una superficie plana, y su desarrollo ha permitido expresar
ideas sobre la posición, el volumen y la situación que tales elementos
ocupan en el espacio como si fueran vistos por el ojo de un observador,
simulando profundidad a partir de los efectos de reducción de los
elementos más alejados. Si bien este método es más conocido por
sus aportes a la pintura renacentista (en particular, porque introdujo
la profundidad de campo – frente a la planura de la pintura medieval,
los cálculos proyectivos y la idea de que el cuadro es una ventana
porque permite que el observador se posicione ante él como lo haría
efectivamente ante una ventana para observar el paisaje), también tuvo
un gran impacto en la producción de imágenes cartográficas –tanto en la
representación de la topografía (las formas y el volumen del terreno)
como en el impulso que dio a un género de mapas y típicos atlas de
ciudades holandesas del siglo XVII (los Civitates Terrarum) que aplicaban la perspectiva artificialis
para producir vistas urbanas como si el lector del atlas pudiera
observar la ciudad entera desde un punto de vista elevado y oblicuo
(Alpers, 1980).
- 5 Edward Casey menciona que, dentro de cierta historiografía del arte americano, la tradición topográ (...)
28Otro
tipo de perspectiva, la perspectiva isométrica, desarrolló métodos de
proyección gráfica para representar un objeto tridimensional en dos
dimensiones, en la que los tres ejes de referencia tienen ángulos de
120º, y las dimensiones guardan la misma escala sobre cada uno de ellos.
La isometría es una de las formas de proyección utilizadas en dibujo
técnico porque tiene la ventaja de permitir la representación a escala, y
la desventaja de no reflejar la disminución aparente de tamaño –
proporcional a la distancia – que percibe el ojo humano. Pero, en rigor,
los principios isométricos son constitutivos de la naturaleza de la
imagen cartográfica y también están en la base de la idea de escala
cartográfica entendida como reducción proporcional de los objetos reales
para ser representados sobre superficies más pequeñas. Si bien en la
modernidad temprana la pintura y la cartografía compartían el interés
por la topografía, el panorama y el paisaje, desde el siglo XVII en
adelante, una progresiva bifurcación dio lugar a la “vía paisajística” y
a la “vía topográfica” (Casey, 2002:12). Esta última retuvo la premisa
del isomorfismo y la pretensión comunicativa de cierta información sobre
el medio físico. Aunque en un principio esto implicaba la elaboración
de representaciones realistas que eran concurrentes con experiencias
visuales (tales como las vistas de ciudades denominadas “a vuelo de
pájaro” por su perspectiva oblicua, particularmente reconocible en el
impulso cartográfico del arte holandés; Alpers, 1983), con el correr de
los siglos – y especialmente durante el siglo XIX – la representación
topográfica fue perdiendo su tradición sensible y fue ganando
abstracción.5
- 6 Representación de los cinco axiomas de Euclides en que se basa la geometría euclídea y, por consigu (...)
29Estos tipos de perspectiva se apoyan en los axiomas de la geometría euclideana.6.
Por eso decimos que los mapas que se construyen con la preocupación de
mantener las escalas suponen una concepción de espacio euclideano.
30Desde
las perspectivas más críticas y culturalistas, una de las diatribas
frecuentes contra la (in)capacidad de la cartografía de representar
nuestro mundo es que se basa en la asunción de un espacio euclideano que
obliga a ignorar o a dejar deliberadamente de lado los complejos
procesos sociales que configuran los espacios geográficos (que,
aparentemente, deberían ser los legítimos objetos de la cartografía) y
los “achata” sobre un plano inerte.
- 7 Como reacción a la potente geografía analítica anglosajona de mediados del siglo XX (que, en parte, (...)
31Sin
embargo, este reproche no hace justicia con un aspecto esencial de
nuestra representación mental del espacio, es decir, con el sustrato
geométrico de nuestras formas de ver, percibir y representar el espacio –
también el espacio sensible, vivido, humanizado o geográfico. Sin ir
más lejos, la perspectiva naturalis (o perspectiva lineal
entendida como el modelo de la óptica geométrica que, basado en los
procesos retinianos de formación de las imágenes, permite proporcionar
informaciones que nuestro sistema visual decodifica en términos de
espacio, en particular, identifica indicadores de profundidad,
diferencia planos y permite identificar distancias relativas) supone un
modelo de la visión que podría ser perfectamente equivalente a la
descripción física de la observación sensible del paisaje. Por lo tanto,
la disociación que muchos geógrafos establecen ente las geometría de
las perspectivas geométricas y el espacio socialmente construido es, más
bien, un posicionamiento político fuerte pero apoyado en un andamiaje
teórico endeble e inconsistente.7
32Las
críticas a este tipo de concepción espacial como base de las imágenes
cartográficas fueron rabiosas, principalmente vociferadas por quienes se
posicionaban en las geografías críticas y radicales de los años 1960’s,
más con motivaciones políticas que con reflexiones científicas. Para
bien y para mal, también se vieron fortalecidos con los debates y los
argumentos sobre la naturaleza del espacio que se daba en el campo de la
física.
33Efectivamente,
por entonces se divulgaba que la teoría de la relatividad de Albert
Einstein “volvió a cerrar el universo y negó la estructura euclídea del
espacio” (Koyré, 1957: 159) postulando que la cuarta dimensión, el
tiempo, hace del espacio físico un infinito continuo (el espacio-tiempo)
que en presencia de materia es curvo. La idea de la cuarta dimensión y
de un espacio-tiempo curvo forma parte del sistema de creencias de
nuestro tiempo.
34Pero
aun así, durante el siglo XIX se siguió asumiendo que la geometría del
espacio físico seguían siendo euclideana y que las geometrías no
euclideanas post-Einstein basadas en la trigonometría esférica eran un
artefacto intelectual matemáticamente potente que, aunque podía tener
algunas utilidades prácticas en algunos campos del saber (especialmente
en la astronomía) o para explicar teorías tales como la curvatura del
espacio-tiempo, no servían para explicar ni representar la experiencia
humana del espacio físico. ¿Somos los Menocchios de la post-modernidad?
Tal vez. Pero nos guste o no, seguimos imaginando nuestro mundo con
categorías euclideanas. Es decir, incluso hoy en día, convengamos (y
admitamos) que nuestra percepción del espacio sigue remitiendo a los
principios euclideanos, aunque otorguemos validez a la cuarta dimensión
de Einstein: tanto la isometría, como la cientificidad de la perspectiva
artificialis para generar consistencia óptica en los procesos de representación gráfica, como la perspectiva naturalis
que ofrece al observador la posibilidad de verificar en el “mundo real”
lo ve que en la “ventana” que es el mapa funcionan solidariamente en
nuestra imaginación geográfica para configurar mapas mentales del mundo
sensible basados en la geometría euclideana.
35Las
perspectivas, antes que métodos proyectivos o principios geométricos,
funcionan como el “reaseguro” sensible anclado en las formas en que la
modernidad fue asumiendo la naturaleza del espacio físico a partir de la
experiencia del individuo:
A nuestra escala, el espacio
físico puede describirse bastante exactamente con ayuda de un modelo
sencillo y antiguo, el de la geometría con tres ejes de coordenadas,
perpendiculares dos a dos (las ‘coordenadas cartesianas’). Este modelo
procede, por perfeccionamientos y racionalizaciones sucesivas de la
geometría ‘euclideana’, la cual se caracteriza, entre otras cosas,
porque describe el espacio como poseedor de tres dimensiones. Estas tres
dimensiones pueden fácilmente concebirse de modo intuitivo por
referencia a nuestro cuerpo y a su posición en el espacio: la
verticalidad es la dirección de la gravedad y de la posición del pie; la
segunda dimensión, horizontal, sería la de la línea de los hombros,
paralela al horizonte visual que hay ante nosotros; la tercera
dimensión, finalmente, es la de la profundidad, correspondiente al
avance del cuerpo en el espacio. (Aumont, [1990] 2013: 40-41)
36Los
planos urbanos que combinan los elementos básicos de la geometría
(punto, línea y plano) que utilizamos como dispositivos de orientación,
incluyendo sus versiones más sofisticadas como los mapas digitales e
interactivos de GoogleMaps, son compatibles con nuestras geografías
subjetivas dibujadas a mano alzada para indicar a un amigo cómo llegar
desde nuestra casa hasta la estación de metro más cercana, porque ambos
asumen un espacio euclideano.
Mapa turístico de París generado para una guía impresa de viajes de Wikitravel a partir de datos del proyecto OpenStreetMap
Combinando elementos
geométricos combinados con estéticas “realistas” (tales como el río
azul, los parques verdes) con referencias geolocalizadas (nombres de
calles y puentes), los mapas –a pesar de los significativos procesos de
abstracción que le subyacen- funcionan como eficaces instrumentos de
orientación.
Fuente: https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/f/f4/Paris_1st_map.png
37En los últimos años, la conectividad y las redes se constituyeron en categorías epistemológicas de nuestro tiempo.
38La
topología, como ciencia que estudia los razonamientos matemáticos,
prescindiendo de los significados concretos, es la rama de las
matemática dedicada al estudio de aquellas propiedades de los cuerpos
geométricos que permanecen inalteradas por transformaciones continuas.
39En
rigor, los espacios métricos (y euclideanos) son una variedad de los
espacios topológicos. Por ejemplo: toda métrica permite definir de
manera natural en un espacio la topología formada por las uniones
arbitrarias entre puntos.
40Esta
topología se aproxima a la noción intuitiva de conjunto abierto: un
punto de un abierto no está directamente en contacto con el "exterior".
No estar en contacto significa intuitivamente que hay una cierta
distancia entre el punto y el exterior.
- 8 Hay diversos modos de definir vecindad, pero debería cumplirse los siguientes axiomas: 1) x pertene (...)
41El
término distancia corresponde, en realidad, a un concepto de los
espacios métricos, que son más intuitivos pues corresponden al mundo
real. En topología, se usa el concepto de vecindad o entorno.8
42Los
espacios topológicos no son más que un conjunto compuesto de ciertos
subconjuntos (que serán llamados conjuntos abiertos) y que satisfacen
cada una de las tres propiedades de vecindad, continuidad y
conectividad. En cartografía, los mapas
que hacen prevalecer las relaciones espaciales se apoyan en una
concepción de espacio topológico. El principio del espacio topológico es
la condición de conexidad: lo que está junto debe permanecer junto y lo
que está separado debe permanecer separado, aunque se alteren las
escalas, las formas y los tamaños.
43Antes de avanzar, veamos una definición de mapa que remite a un espacio topológico y un mapa de este tipo:
Un
mapa es una forma especializada de lenguaje visual y una herramienta
para el pensamiento analógico. Tal como Harley ha remarcado, un mapa
sirve, entre otras cosas, como una herramienta mnemotécnica, es decir,
un banco de memoria para la información relacionada con el espacio.
(Tolías, 2007: 639)
- 9 Actualmente se ha completado el proyecto de investigación de postgrado de tres años llamado Worlmap (...)
- 10 Originalmente se basó en un algoritmo de difusión desarrollado por Gastner/Newman, pero fue adaptad (...)
44Como ejemplo escogimos uno de los tantos mapas generados por Worldmapper.org,9 un proyecto encabezado por Benjamin Hennig que se propuso la visualización topológica de fenómenos cuantificables. Se trató de un proyecto científico, académico, testeado y evaluado, basado en principios matemáticos10
cada mapa tiene asociados notas técnicas acerca de los datos y sus
fuentes; además hay información adicional para cada mapa del área de la
tierra. Sus cartogramas (son más de 696) modifican los tamaños de
cada territorio (incluye alrededor de 2000 territorios) según la
variable que se asigna. Son conocidos como “equiparadores de densidades”
porque reconfiguran el tamaño de cada país según la variable mapeada y,
por tanto, facilitan la comparación de densidades o términos relativos
de ocurrencias de fenómenos (el dato absoluto de personas alfabetizadas
en China comparadas con el número absoluto de alfabetizados en Suiza no
va a ofrecer cifras comparables, ya que el primer país es el mayor
poblado del planeta y sus números absolutos no indican necesariamente la
situación general del país).
45La
decodificación de estos mapas no requiere conocimientos cartográficos
específicos. Más bien, la interpretación de estas imágenes cartográficas
toma prestadas formas de lectura y acuerdos tácitos que funcionan para
comprender diversos tipos de gráficos en cierta cultura visual.
46Por
ejemplo, volviendo al caso de Worldmapper, el tamaño y el color son las
variables visuales más usadas para forzar comparaciones. Por un lado, a
mayor ocurrencia del fenómeno, mayor es el tamaño del país que registra
ese valor (esta relación proporcional entre el símbolo y la magnitud
del asunto representado es una convención que rige y se aplica en otros
dominios, tal como los diagramas). Por otro lado, los colores separan
regiones y, a su vez, los tonos o variaciones de un mismo color o
similar, reagrupan los territorios los países que componen esa regiones
geográficas, y así facilitan la comparación a nivel regional. Con estos
mapas no se espera que un lector diga “en Chile hay menos incidencia de
SIDA que en Francia” porque el mapa no propone el reconocimiento de
países (de hecho, algunos están tan “reformados” que son irreconocibles o
incluso invisibles). Pero los azules representan a América del Norte y
los verdes a América del Sur. Analizando comparativamente los verdes,
los azules y los rojos, el mapa lleva al observador a deducir que en
África hay más casos de SIDA que en América del Norte y del Sur, ya que
los tonos verdes y los azules muestran superficies comprimidas mientras
que los países rojizos y anaranjados presentan superficies notablemente
expandidas.
Prevalencia del SIDA
Fuente: Worlmapper (www.worlmapper.org)
47Así,
en este mapa sobre la prevalencia del SIDA en el mundo, lo primero que
llama la atención es la gran superficie del continente africano (sumado a
que, no ingenuamente, se ha elegido también el rojo y sus tonalidades
para demarcar los países).
48Intuitivamente,
forman un conjunto conexo es aquel, una sola 'pieza', que no se puede
'dividir'. Cuando un conjunto no sea conexo, diremos que es disconexo
(si representara los países separados, ya no sería un espacio
topológico).
49El
espacio topológico requiere despegarse de la concepción técnica de mapa
y pensar en el mapa como metáfora, donde una de la propiedades más
abstractas o numéricas (las superficies) ceden terreno antes las otras
dos propiedades “visuales”: las distancias y las formas.
50El
ejemplo clásico es del de la taza que se transforma en rosquilla porque
ninguna de sus partes pierde la conexividad a pesar de la profunda
transformación de la forma.
51Gráficamente podríamos sintetizarlo de modo comparativo:
A B
El espacio A es conexo. El espacio B no lo es.
Conjunto conexo
El espacio A es conexo. El espacio B no lo es.
Fuente: Wikiwand <https://www.wikiwand.com/es/Conjunto_conexo>
52La
noción de espacio topológico está presente en la mayor parte de las
imágenes que recuperan el término “mapa” para definirse, tales como mapa
de sitio (en internet), mapa conceptual (relaciona conceptos) e incluso
mapa del ADN. En esos casos, la metáfora cartográfica se afianza sobre
el tipo de relaciones que se establecen entre los elementos.
53Sin
embargo, los criterios intuitivos de «estirar», «doblar», «cortar y
pegar» requieren de cierta práctica para aplicarlos correctamente.
Deformar un segmento de línea hasta un punto no está permitido, por
ejemplo. Contraer de manera continua un intervalo hasta un punto es otro
proceso topológico de deformación llamado homotopía.
54William Ivins en su clásico libro Art and Geometry. A Study in Space Intuitions,
advierte que la cuestión crucial para la aceptación de las teorías
geométricas en las sociedades occidentales fue la capacidad que tuvo
para resolver cuestiones prácticas que los hombres se plantearon para
comunicar/reflexionar y representar sus espacios (en un sentido amplio:
los espacios arquitectónicos, los espacios geográficos, los espacios
cosmográficos, los espacios simbólicos). Durante mucho tiempo se
sostenía que dado que la historia de la física y la filosofía, el arte
de la pintura y la geometría están centrados en la idea o el problema
del espacio, resulta importante e incluso necesario trazar el desarrollo
de la perspectiva desde su ‘descubrimiento’ o invención como
procedimiento cuasimecánico hasta su consagración como esquema lógico o
gramática de pensamiento.
55Los
mapas que usamos y los mapas creamos para imaginar el mundo, para
movernos sobre la superficie terrestre, para configurar nuestras
geografías imaginarias combinan y superponen diferentes nociones de
espacio que usamos intuitivamente.
56Pero
en el momento de juzgar los mapas, los seguimos viendo como
“embajadores del pensamiento euclideano” Esto tiene diversas
consecuencias que atentan certeramente sobre nuestra capacidad de
reflexionar acerca de cómo nos vinculamos con el espacio (cómo lo vemos,
cómo lo representamos, cómo lo vivimos): negamos la naturaleza
cartográfica de ciertas imágenes por no ajustarse a la geometría
euclideano pero, al mismo tiempo, a aquellos mapas explícitamente
euclideanos le reprochamos que nos “sitúen” en un espacio chato y
a-asocial (¿contra nuestra voluntad?).
57Aquí
pretendimos reivindicar la importancia histórica que tuvo la geometría
para imaginar, pensar y cartografiar el mundo geográfico. La geometría
como campo de conocimientos prácticos en relación con las longitudes,
áreas y volúmenes, en sus orígenes estuvo asociada a la solución de
problemas concretos relativos a medidas. Se proponía avanzar más allá de
aquello alcanzado por la intuición, y para eso recurría a métodos
rigurosos y procuraba evitar todo tipo de sin errores. Para ello creaba
sistemas axiomáticos, y el primero de ellos fue la geometría de
Euclides, que luego fue discutido y “perfeccionado” por teóricos que le
siguieron. Como en todo sistema formal, las definiciones, no sólo
pretenden describir las propiedades de los objetos, o sus relaciones.
Cuando se axiomatiza algo, los objetos se convierten en entes abstractos
ideales y sus relaciones se denominan modelos. Esto significa que las
palabras "punto", "recta" y "plano" deben perder todo significado
material. Pero, al mismo tiempo, proporcionan las herramientas
proyectivas para imaginar incluso el mundo desconocido.
58En
el siglo XVI, en un contexto de exploraciones transoceánicas en el que
las geografías desconocidas aparecían como un presentimiento, como una
tensión, en esa “una atmósfera de expectativa de un mundo que cree en
los albores de un agrandamiento inconmensurable de conocimiento” un
presentimiento “que se traduce en trabajo, método y energía”
(Blumemberg, 1960 [2009], 64), la geometría permitió darle una forma
racional a esas terrae incognitae.
59La geometría da formas espaciales a fenómenos que no lo son.
Por ejemplo, Galileo diseñó representación del tiempo como una razón
constante en relación con la distancia, ambos representados como
segmentos en una recta, es decir, tiempo y distancia representados en
una línea. Lograba así la matematización del movimiento (Olson, 1999:
244-245).
60En los mapas, los elementos esenciales de la geometría sirvieron para componer un espacio geométrico,
ya sea a través de las proyecciones como a través de los procedimientos
para el levantamiento topográfico. En el primer caso, el proceso
proyectivo de representación de la superficie terrestre genera un
espacio geométrico y permite dibujar la Tierra como si fuera un cuerpo
idealizadamente esférico desplegándola sobre un papel. La imagen por
excelencia del espacio geométrico que genera la aplicación de cualquier
proyección es la grilla, es decir, la red de paralelos y meridianos que
configura celdas. Esa red de líneas geométricas es la marca del orden de
la razón, es la manifestación de cierta coherencia que evoca un espacio
uniforme y homegéneo, desprovisto de toda connotación mística (no está
centrado en el ecúmene sino que puede ser centrado en el cruce de
cualquiera de las líneas que funcionan o pueden funcionar como
referencia). Desde que Claudius Ptolomeo desarrollara tres tipos de
proyecciones en el siglo II, mucho se ha investigado tanto para
desarrollar nuevas proyecciones como para estudiar los efectos que
tienen estas técnicas de proyección en nuestras maneras de pensar el
espacio. La grilla no sólo recuerda la “génesis científica” de la
representación cartográfica sino que, sobre todo, como “dispositivo
visual estrictamente lineal contrasta con el desorden, lo aleatorio y la
no-motivación del trazado propiamente geográfico” (Jacob, 1992:
162-165).
61En el segundo caso, la triangulación se aplica a la representación del terreno: permite
determinar una distancia desconocida calculando el largo de dos lados
conocidos de un triángulo y midiendo los dos ángulos de ese triángulo.
La triangulación como principio trigonométrico no era un método nuevo en
sí mismo (ya había sido desarrollado por Euclides, Savasorda,
Fibonnacci, Alberti, entre otros), pero Gemma Frisius lo introdujo a la
cartografía en el siglo XVI (en su Cosmographicus liber Petri Appiani, 1533).
62La
triangulación permite representar superficies sobre el papel, cambiar
la escala y medir el meridiano terrestre (se determina la latitud exacta
de dos puntos situados en la misma longitud, de los que se conoce la
distancia por triangulación y, a partir de esos datos, se calcula la
circunferencia de la Tierra). Basada en una de las leyes
fundamentales de la trigonometría plana según la cual dados un segmento
(lado de un triángulo) y sus dos ángulos es posible calcular los otros
dos lados y el ángulo restante, la triangulación se había impuesto como
método esencial de los relevamientos topográficos. Las culturas antiguas
(egipcios y griegos) ya la conocían, pero en la cultura moderna parece
haber quedado instalada a partir de Ludi matematici (Leon Battista Alberti ca
1445). Si bien las primeras redes de triangulación había sido
autorreferenciales (contenían en sí mismas el principio que les
aseguraba la precisión y la coherencia), en el siglo XVII se comenzaron a
hacer triangulaciones astronómicas que permitieron crear redes
uniformes dentro de un mismo hemisferio.
63Al
mismo tiempo, la mejora de los instrumentos fue permitiendo la medición
de los ángulos con una finesa remarcable, y a partir de entonces se fue
consolidando una idea de precisión que reposa sobre el supuesto de
representación exacta de la distancia entre dos lugares. Los mapas del
siglo XVIII pasaron a constituir una representación geometral. No se
trata de la calidad del mapa en sí (que es un parámetro histórico y
cultural, más inestable de lo que parece) sino de los principios y de
los objetivos atribuidos al mapa en su fabricación. En el cambio del
siglo XVII al XVIII se consolida una transformación de la naturaleza
cartográfica, en su modo de representación, que, sostiene Verdier (2008:
7), casi no ha cambiado desde entonces hasta nuestros días. La
representación geometral se apoya sobre el método de triangulación y la
medida constante.
64Pero
mientras no existieron instrumentos y procedimientos que permitieran
inscribir con precisión la localización de los objetos geográficos (en
especial, la longitud), la investigación metódica de las extensiones
desconocidas que caracterizaría las grandes expediciones de la época de
las Luces (Despoix, 2005: 25), la geometría funcionó como un dispositivo
eficaz para hacer hipótesis sobre las formas y las localizaciones de
las terrae incognitae.
65Muchos
mapas dibujados y publicados (así como los redibujados y los
republicados) al ritmo de los viajes europeos ultramarinos insistieron
en la combinación de trazos precisos que registraban esas experiencias y
el uso de formas geométricas para completar los contornos de las
geografías no exploradas. Esas estrategias geometrizantes fueron modos
de completar los mapas pero fueron, sobre todo, prácticas de
racionalización que permitían anticipar aquello que todavía no se había
explorado o que todavía no se había registrado fehacientemente. No
significa que la geografía se pensara toda geométricamente ni que todo
el razonamiento sobre la geografía se derivada de racionales
especulaciones enraizadas en la geometría. Las estrategias
geometrizantes ayudaron a completar lo faltante con lo geométrico.
Venían a ser un elemento provisorio, una herramienta, una prótesis que
daba forma a lo desconocido.
66Hubo
dos estrategias geometrizantes que fueron utilizadas recurrentemente
para dibujar las geografías inciertas sobre el mapa desde la Modernidad
temprana. La primera fue el uso de líneas rectas para trazar costas
inexploradas como una manera de expolar datos y predecir formas todavía
no exploradas. En la construcción de hipótesis científicas (y la Quinta Pars
lo era), la extrapolación de signos y datos permitía formular hipótesis
incluso en tono afirmativo (y no especulativo) que saltaban desde
“aquello dado o aceptado hacia lo desconocido” (Gregory, 2002: 118). La
línea recta enunciaba explícitamente el procedimiento de extrapolación y
la formulación de una hipótesis aceptable.
67La
costa occidental de América en el planisferio de Waldseemüller de 1507
inauguró el trazo recto para las costas hipotéticas. Es notable el
contraste entre los segmentos rectos unidos que recortan toda la costa
oeste de América y el trazo “geográfico” o analógico, marcadamente
irregular, que se usaba para las geografías que se tenían por
verificadas. Mientras que las costas conocidas aparecían inscritas con
líneas irregulares que hablaban de su singularidad (en rigor, era una
manera de afirmar que en la geografía “real” no había dos tramos de
costa exactamente idénticos), el trazo recto parece enunciar el carácter
hipotético de la costa en cuestión y aparece a menudo acompañado por
inscripciones que enfatizan explícitamente el status de desconocido: en
la América de Waldseemüller dice “Terra Ultra Incognita”.
68El
parangón entre los modos en que esta estrategia geometrizante se usó
tanto para el Nuevo Mundo como para la Terra Australis es notable. El
mapa del erudito polaco Johannes de Stobnicza de 1512 es un grabado
mucho más sencillo que el gran planisferio de Waldsemüller pero su
diseño de América está visiblemente inspirado en él: la costa oeste,
rectificada, contrasta con el diseño irregular de la costa este. Para
reafirmar ese contraste, unos pocos topónimos escritos con una fuente
pequeña y tipo cursiva quedan visiblemente disminuidos ante la leyenda “Terra Incognita” que, en letras capitales, se acuesta sobre una de las rectas línea de la costa occidental.
69La
representación del Nuevo Mundo en el mapa de Stobnicza (1512) presenta
notables similitudes con el estilo de las estrategias gráficas
utilizadas para representar el continente austral en el mapa de doble
hemisferio de Franciscus Monachus (c. 1490 – 1565) incluido en De Orbis Situac descritione que se publicó en 1527. En el mapa de Monachus, por un lado, la terra australis
está definida por rotundas líneas rectas a lo largo de casi toda su
extensión, y esto contrasta tanto con los otros continentes como con la
pequeña sección ubicada aproximadamente en la zona de Tierra del Fuego
(supuestamente, la zona conocida o, la menos, explorada). Por otro lado,
la masa austral de Monachus no está identificada con ningún topónimo
general, y alberga leyendas interiores escritas en letras mayúsuculas en
las que se destaca su carácter de tierra ignota: “Hec Novis Orbis Navigationibus Detecta Nondum Existie” [sic]) –análogamente a las inscripciones que en el mapa de Stobizca alojaba el Nuevo Mundo.
Detalles de los mapas de Johannes de Stobnicza (1512) y Franciscus Monachus en De Orbis Situac descritione, 1527
Como era habitual en
la época, en ambos casos, las costas desconocidas eran representadas con
líneas rectas que contrastaban con las líneas sinuosas de las costas ya
conocidas.
Fuente: Library of Congress
70La
segunda estrategia geometrizante que sirvió para imaginar los lugares
inaccesibles consistió en apelar a la presunción de simetría y “espejar”
las formas geográficas conocidas a través de algún eje imaginario que
permitiera expandirlas para incluirles aquello que todavía no se podía
dar por confirmado. Es decir, la geometría también sirvió para dar
forma.
71Nuevamente, ambas estrategias aparecen involucradas tanto en la representación del Nuevo Mundo como en la de la Terra Australis.
- 11 Varios planisferios publicados luego del Theatrum Orbis Terrarum de Abraham Ortelius le dieron form (...)
72Incluso
antes de que la costa occidental fuera explorada, el continente
americano fue dibujado usando la geometría como hipótesis: la todavía
prácticamente inexplorada costa pacífica de América del Sur fue dibujada
(ya no con una línea recta sino) con una línea idéntica a la de la
costa este, invertida “en espejo”. Con esta estrategia América del Sur
se transformaba en una masa terrestre simétrica. Así aparece en varios
planisferios que acompañaron diversas obras cosmográficas publicadas en
los años 1530s y 1540s (por primera vez en el planisferio de Joachim von
Watt, de 1534, que se reproduce casi idénticamente en el más conocido
libro Cosmografía de Münster de 1540 y en varias otras
ediciones), América del Sur tiene una forma de trompo que es el
resultado de imaginar que la sección occidental de esta masa de tierra
tendría una forma simétrica respecto de la por entonces mejor explorada
costa oriental.11
Planisferio de Joachim von Watt (1534)
Ante la incertidumbre
acerca de la parte occidental de América del Sur, el cartógrafo
reproduce las formas de la geografía de la parte oriental de América del
Sur que ya había sido cartografiada.
Fuente: Library of Congress
73Si
bien desde alrededor de 1450 se venía consolidando un cambio radical en
la forma de percepción del tiempo, del espacio y del entorno material
que era mucho más visual y cuantitativa que en el periodo anterior
(Crosby, 1988), el mapa como miniatura tenía el atractivo adicional de
reposar en varios sistemas de medidas que aseguraban ciertas
correspondencias con el mundo material. Eso posibilitaba un modo de
control, que nutre y se nutre del control que ejerce la geometría y la
mirada geometrizante.
74Las
proyecciones cartográficas proporcionan la geometrización que la
perspectiva albertiana había facilitado a la representación del mundo
físico. Crea un campo de visión imposible que permite ver todo un cuerpo
(es decir, todas las caras de un objeto de tres dimensiones) de un solo
golpe de vista, en una misma y simultánea imagen que adapta algunas
propiedades del cuerpo con volumen al plano de dos dimensiones. En el
caso de los mapas, la noción de miniatura recae sobre los principios de
las proporciones que supone la escala cartográfica, que establece una
correspondencia matemática entre las medidas del mapa y las medidas del
terreno o de lo real. Esta relación matematizable entre la imagen mapa y
su referente empírico ha contribuido a afianzar el principio de mímesis
del que los mapas parecen parasitar su carácter de Verdad.
75Sin
embargo, hay una dimensión de la miniatura que nada tiene que ver con
la proporción. “Puede decirse”, sostiene Gaston Bachelard, que las
miniaturas son “objetos faltos de provistos de una objetividad
psicológica real”. Mientras que el geómetra “ve exactamente la misma
cosa en dos figuras semejantes dibujadas a escalas distintas”, el
soñador vivirá en su imaginación “una experiencia de topofilia” en la
que se supera la “contradicción geométrica”. Miniaturizar el mundo
significa poseerlo, dice Bachelard y no sólo se trata de eso: hay que
tener en cuenta que “en la miniatura los valores se condensan y se
enriquecen” (Vitta, 1999: 65).
76Tal
vez es tiempo de que las ciencias sociales, los estudios culturales y
las humanidades en general vuelvan a pensar y poner en cuestión los
efectos de las geometrías en nuestros modos de pensar y vivir el
espacio. El primer paso, sin duda, debe ser dejar de oponer la
matemática y las geometrías a la sensibilidad; el segundo, valorizar
nuestras capacidades para manejar categorías matemáticas y geométricas
en nuestro pensamiento espacial aunque seamos poco conscientes de ellos.
El tercero, es probablemente la recuperación del pensamiento abstracto
(sobre el espacio) para las acciones concretas (de la vida social). Y es
probable que, siguiendo las huellas del magnífico Bachelard, la
incorporación de las reflexiones sobre el espacio topológico – que
todavía se encuentran en un momento incipiente – nos conduzcan a pensar
una poética de las geometrías espaciales.