1Durante
el siglo XVIII emerge en el Perú colonial, una nueva forma de
comprender la ciudad, como un laboratorio urbano, un espacio de
experimentación, a propósito del proyecto civilizador de los borbones, a
través del despliegue de estrategias que procuraban la racionalización
de las prácticas urbanas, tanto en el ámbito social como en la fábrica
física. La cartografía urbana tuvo un papel destacado en la
implementación de estas reformas, por un lado, al constituir una
herramienta poderosa en su gestión y construcción y por otro lado, al
reflejar y exaltar los cambios que experimentaba la ciudad. De otro
lado, diversos sectores de la población, incluyendo las clases
subalternas, plantean y afirman formas particulares de apropiación del
espacio urbano al margen y, muchas veces, en oposición de los dictados
de la razón borbónica.
- 1 Ver al respecto: OFFEN, Karl H. “Creating Mosquitia: mapping Amerindian spatial practices in easter (...)
2Tales
prácticas pueden entenderse como parte de una dinámica recurrente en la
construcción del espacio urbano colonial, un escenario signado por una
constante negociación en torno a la legitimidad del espacio y del
territorio por parte de los diversos sectores sociales, alimentados por
prácticas e imaginarios urbanos frecuentemente discordantes, proceso que
se inserta en lo que Karl Offen denomina prácticas espaciales. De
acuerdo a Offen, las prácticas espaciales se definen como el conjunto de
estrategias, políticas, actividades económicas y desempeño social que
afirma y demuestra autoridad sobre la gente y el espacio.1
3De
acuerdo a estos conceptos, las prácticas urbanas coloniales podrían
entenderse como parte de un proceso de afirmación del territorio, en un
marco de negociación recurrente en la construcción del espacio urbano,
en el cual tomaron parte no solamente la plebe, sino todos los sectores
de la sociedad, incluyendo las autoridades y los vecinos, prácticas y
discursos que procuraban por un lado, la legitimación del orden colonial
y por otro, formas alternativas de territorialidad.
- 2 Al respecto, Heidi Scott enfatiza en las estrechas relaciones entre el colonizador hispano y los gr (...)
4Una
lectura renovada de los mapas ha destacado las relaciones entre poder y
cartografía (Harley, 2002; Word, 1992). Sin embargo, los mapas no
solamente podrían ser leídos como instrumentos que inscriben poder, sino
además, expresan formas particulares de apropiación del espacio (Offen,
2007). De acuerdo a esta mirada la cartografía en el Perú tardo
virreinal, expresaría junto al proyecto urbano reformista de los
borbones, la construcción de una espacialidad específica por parte de
los sectores subalternos, sectores a los que precisamente se buscaba
reformar, utilizando entre otros instrumentos, el documento
cartográfico. La cartografía, resultante de esta arena de conflicto,
podría ser entendida como una construcción bidireccional, un elemento de
intersección entre los imaginarios urbanos del poder por un lado y del
sujeto colonial, por otro.2
5El
trabajo que sigue busca examinar las relaciones entre las disposiciones y
estrategias implementadas por la autoridad borbónica en Lima,
particularmente el uso de la cartografía urbana y, las formas de
persistencia de prácticas espaciales por diversos sectores de la
población, evidenciándose los límites del proyecto reformista.
Entendemos la cartografía en este trabajo, como un instrumento que buscó
cristalizar un imaginario de ciudad ilustrada, a la vez que reflejaba
sus límites y contradicciones, a través de la representación de diversas
prácticas espaciales, en divergencia con el poder virreinal.
- 3 EDNEY, Matthew. “Mapping parts of the World”, en: ACKERMAN, James y Robert KARROW Jr. (Eds.) Maps. (...)
6El
propósito de los mapas, de acuerdo a Mathew Edney, ha sido siempre
diseccionar el mundo para su asimilación intelectual, constituyendo
caminos a través de los cuales la gente puede crear, perpetuar y
reconfigurar ideas de lugar, entendiendo lugar como un sitio específico,
fluido y mutante, que el hombre construye, otorgándole significados a
través de sus acciones, pensamientos y textos.3
Los mapas urbanos podrían ser leídos de esta forma, como piezas o
fragmentos imaginarios de esa entidad denominada ciudad, siendo
instrumentos clave en su construcción y conceptualización, convergiendo
en este proceso, imaginaciones, imaginarios, discursos y acciones.
7De
acuerdo a esta mirada, la cartografía puede entenderse como un
instrumento esencial en la construcción del espacio urbano colonial
hispanoamericano. Además de connotaciones físico-geográficas, la
cartografía urbana puede leerse como un documento vinculado a la vida
social, simbólica y de construcción de significado, al abordar aspectos
como actividades, costumbres, exaltación y glorificación de la ciudad,
construcción de comunidad e ideas de lugar, etc., reflejando prácticas
espaciales tanto del poder en sus diversas instancias, como de los
diferentes sectores sociales.
8La
cartografía urbana presenta una serie de rasgos que le confieren
carácter propio, pudiendo considerarse sus piezas como mapas temáticos,
especializado en la representación de vías, edificios, espacios urbanos,
infraestructuras públicas, trazado urbano, entre otros. Se trata de un
género de representación circunscrito a un espacio específico del
territorio: villas, ciudades, pueblos, puertos y su entorno, bajo
requerimientos y contextos diversos: intervención urbana, catastro,
registro demográfico, supervisión y ejecución de obras defensivas,
seguridad interna, administración religiosa, etc.
9En
el Perú colonial la cartografía como herramienta de representación
urbana, estuvo asociada al mismo proceso fundacional. Sin embargo, su
desarrollo fue limitado durante los dos primeros siglos. El período
colonial tardío fue por el contrario, especialmente auspicioso en la
constitución de la empresa cartográfica. Esta eclosión de la cartografía
urbana nos habla de los objetivos variopintos que envolvieron la
empresa cartográfica colonial. Junto a un interés por el conocimiento
científico del territorio con fines de exploración y explotación, las
autoridades construyeron un discurso ilustrado en torno al espacio
urbano. Los mapas tuvieron un papel clave en este último propósito, al
constituir imágenes poderosas en términos de difusión y consolidación
del proyecto urbano reformista.
- 4 Las relaciones entre reforma social y proyecto urbano en la segunda mitad del siglo XVIII han sido (...)
10De
este modo, las ciudades peruanas, especialmente su capital y otros
centros urbanos regionales, fueron escenarios de ensayo y
experimentación durante el siglo XVIII, centrados en los cambios que las
autoridades querían imprimir, promoviendo la modificación de las
prácticas urbanas, las instituciones y la manufactura urbana misma.
Durante el siglo XVIII la ciudad se consolida como centro político,
religioso y cultural, adquiriendo un papel más amplio, como ámbito de
reordenamiento social, situándose a la ciudad en el centro del proyecto
reformista.4
- 5 PICON, Antoine. “Nineteenth-century urban cartography and the scientific ideal: the case of Paris”, (...)
11Por
otro lado, la explosión cartográfica estuvo estrechamente relacionada
con la mirada científica que durante el siglo XVIII impregnó el discurso
urbano, así como las prácticas cartográficas.5
Al igual que la medicina, la ingeniería, la arquitectura militar, las
matemáticas, entre otras especialidades, la cartografía buscó explicar,
representar e intervenir la urbe desde un discurso racional. Esta mirada
iba de la mano con una nueva forma de comprender la ciudad, como un
espacio susceptible de construirse, gestionarse y representarse desde
los imperativos de la razón, a través de la asimilación y construcción
de discursos y prácticas científicas. El desempeño de las autoridades a
este respecto, se expresó en diversas políticas y biopolíticas, que
incluyeron disposiciones como la racionalización del trazado, la
nomenclatura y numeración de calles, el registro de la población y la
infraestructura física, la incorporación de nuevas autoridades locales y
agentes técnicos vinculados al gobierno y gestión urbanos, junto al
levantamiento cartográfico de la ciudad.
- 6 Ver por ejemplo las diversas disposiciones dirigidas a controlar la circulación de animales en el e (...)
- 7 Esta forma de representación de la ciudad de Lima fue desarrollada por primera vez por el ingeniero (...)
12La
cartografía urbana procura ahora un mayor detalle y precisión de la
ciudad, apelando a nuevos instrumentos y técnicas de levantamiento. Los
cartógrafos representaron a Lima como una ciudad homogénea en términos
gráficos, a la vez que construían una mirada más global y laica de ésta.
Así, la edilicia religiosa presentaba la misma jerarquía que los
artefactos de la ciudad ilustrada como la plaza de toros, el coliseo de
gallos, las alamedas, los cuarteles, etc., lo que evidenciaba prácticas
espaciales asociada a usos y experiencias urbanas más mundanas, en clara
competencia con la ciudad barroca. Uno de los documentos que mejor
expresa esta mirada particular de Lima es el plano de Andrés Baleato de
1790 (Fig. 1). Al no diferenciar sectores, barrios ni unidades de
vivienda, encontramos una homogeneidad gráfica, una mirada atenta a los
cambios que experimenta la ciudad, expresando una ciudad laica,
ordenada, circulacionista y mejor articulada con su entorno rural,
resaltando así, los valores urbanos ilustrados. Asimismo, esta
cartografía es sensible a una representación más amplia de la urbe,
favoreciendo la visibilidad de espacios urbanos asociados a la plebe,
como Santa Ana, Santiago del Cercado y San Lázaro, así como algunos
fragmentos en torno a las puertas de la ciudad, espacios que los planos
del siglo XVII muchas veces prefirieron omitir. Asimismo este plano
evidencia las dificultades de la autoridad local por diferenciar el
espacio urbano del rural, que formaban un conjunto heterogéneo en
constante interacción.6
El ideal de exactitud que buscaba Baleato se vio favorecido entre otras
razones, por una técnica que consistía en representar con detalle la
superficie edificada de la ciudad, diferenciando gráficamente espacios
llenos y vacíos, con tal rigurosidad, que podría cuantificarse los
metros cuadrados construidos a partir del documento cartográfico. 7
Figura 1: “Plano de la Ciudad de Lima…”, Andrés Baleato, 1790
- 8 Ver al respecto: SENNETT, Richard, La conciencia del ojo, Barcelona: Ediciones Versal, 1991, pp. 66 (...)
- 9 Para una interpretación de las respuestas frente a los sismos a ambos lados del Atlántico, ver: WAL (...)
13La
cuadrícula o trazado en damero ha constituido uno de los referentes más
poderosos del discurso del orden y poder. Tal trazado ha sido asociado a
diversos proyectos de ciudad, bajo discursos, significados y contextos
específicos.8 La
conceptualización del trazado cuadriculado como expresión física de
orden y control también puede evidenciarse en los proyectos de
reconstrucción de diferentes ciudades tras desastres, como el incendio
de Londres (1666), el sismo de Lisboa (1755), o el tsunami y terremoto
del Callao (1746), cuando la autoridad aparecía como agente protagónico
en la reconstrucción de tales escenarios.9
14En
el espacio colonial hispanoamericano, el damero estuvo asociado asimismo
a conceptos e imaginarios de disciplina y control, constituyendo el
epítome del proyecto urbano colonial, cuyo centro representado por la
plaza mayor, constituía el vórtice del espacio urbano, a partir del cual
se difuminaban los valores de la ciudad letrada. De acuerdo a esta
visión, una de las formas más elocuentes de discusión del sistema
colonial tiene que ver con en el cuestionamiento de la morfología urbana
oficial, a partir de diferentes estrategias, tales como la
tergiversación o alteración de la cuadricula, su símbolo más potente, es
decir, discursos y prácticas espaciales que buscaron discutir la
institución urbana y el orden colonial, empezando por la organización
física y espacial urbana.
- 10 Uno de los primeros actos en torno a la ceremonia de fundación de la ciudad colonial hispana estuvo (...)
- 11 PADRÓN, Ricardo. “Mapping Plus Ultra: Cartography, Space, and Hispanic Modernity”, Representations (...)
15En
el espacio virreinal peruano la trama cuadriculada se aplicó en
diversas instancias y ámbitos: villas y ciudades de españoles,
reducciones o pueblos de indios y durante el siglo XVIII, a la fundación
de Nuevas Poblaciones. La cuadrícula estuvo presente
permanentemente en la construcción urbana del poder virreinal,
constituyendo un referente, un signo, un símbolo que propició la
difusión y la reproducción del orden colonial.10
Su trazado hablaba de prácticas espaciales que procuraban afirmar
autoridad sobre el espacio urbano, procurando una correspondencia entre
discurso y morfología urbana. La cuadrícula hispanoamericana en este
sentido, nos remite a los valores de la espacialidad moderna, abstracta,
neutra, homogénea, construida desde el Renacimiento en Europa y a una
cartografía que procuraba asimismo una racionalidad espacial,
constituyendo un instrumento de colonización y desterritorialización del
espacio indígena.11
- 12 Para un desarrollo de los conceptos de exclusión/inclusión y su vinculación con el proceso urbaníst (...)
16El
trazado cuadriculado de Lima implantado con su misma fundación (1535)
se asociaba estrechamente con un modelo urbanístico, cuyos ejes se
enfocaban en la civilización, la vida en policía y la evangelización de
los indios. Durante el siglo XVIII este trazado y el modelo urbano que
lo sustentaba, habían sufrido profundas transformaciones, desde la
mirada de sus autoridades12.
En su opinión, buena parte de la urbe limeña presentaba un tejido
desordenado y caótico, siendo descrita usualmente, como una ciudad
insalubre, mientras se juzgaba la conducta de su población, en términos
de relajación moral. Tanto autoridades, como funcionarios e
intelectuales criollos, consideraban que la ciudad se encontraba próxima
a la anarquía física, social y moral.
17El
proyecto urbano borbónico buscó resolver la anarquía física, revalorando
la morfología urbana del damero, exaltando los valores de la cuadrícula
en tanto expresaba claridad, homogeneidad y permitía el control, la
vigilancia y el orden de la vida urbana. Un tejido regular se asociaba a
los ideales de la ciudad ilustrada, como orden y circulación,
entendiéndose que las ciudades constituían organismos que debían
permitir la circulación de bienes, personas y deshechos urbanos, así
como la vigilancia de la población.
18¿Bajo
qué desempeños, estrategias y actividades se desarrolló el
cuestionamiento del orden cuadriculado colonial? Un primer desempeño
estuvo asociado a la construcción de un trazado orgánico o espontáneo,
así como la modificación del trazado cuadriculado. Quiebres y
divergencias alrededor del damero de Pizarro pueden encontrarse tras la
fundación misma de la ciudad. Esta alteración tiene que ver con un
temprano reconocimiento de los límites del trazado cuadriculado, al
adaptarse e incorporarse elementos nativos: huacas, caminos, acequias,
al tejido de la ciudad. Esto podría hablarnos de una doble comprensión
de Lima, como una ciudad fundada bajo el modelo de ciudad renacentista, a
la vez que construida sobre una espacialidad indígena y que se reflejó
en el trazado propuesto más allá del damero de Pizarro.
- 13 Ver: Plano de la Plaza del Callao y sus cercanías hasta el alcance del cañón de punta en blanco, An (...)
19Esta práctica fue recurrente y asimilada por los vecinos en Lima y el Callao. Tal es el caso de Bellavista, ciudad
construida después del tsunami de 1746 y la destrucción del puerto.
Frente a una propuesta de ciudad en damero, siguió un proceso paulatino
de reacomodo a la estructura urbana precedente. La cartografía del
Callao y Bellavista de Antonio Cañabate (1797), reflejó ese trazado
orgánico, espontáneo, opuesto al orden que sus fundadores como Luis
Godin y el virrey Manso de Velasco, intentaron plasmar. Ellos redujeron
actividades y hombres a los imperativos de la cuadrícula, asignando los
marineros a Bellavista y los indios pescadores a un sector adyacente,
conformado por cuatro manzanas cuadradas. El resultado, pocos años
después, fue el regreso a un tejido orgánico, que se extendía en torno a
los caminos que conducían a Lima y el regreso de los indios pescadores
al puerto. Allí, la población portuaria desarrolló al igual que en
Bellavista, formas espontáneas de asentamiento (Fig. 2). Se trataba en
fin, de la recuperación y afirmación de un patrón de enorme tradición,
en consonancia con la proximidad al mar.13
20Las
elites asimismo entablaron un enfrentamiento con las murallas y el río,
alterando la cuadricula y los principios de arquitectura militar, con
el fin de extender sus propiedades hacia el Rímac a modo de terrazas.
Mercaderes y cargadores hicieron lo propio en el Callao antes y después
del sismo de 1746. En ambos casos, se interesaron por usufructuar el
entorno portuario de acuerdo a sus intereses particulares.
21En
el barrio de San Lázaro, la plebe discutió el orden que imponía en este
caso, los franciscanos a través del referente urbano de la alameda de
los Descalzos. En este contexto las casas se localizaron inicialmente en
torno a la Iglesia y parroquia de San Lázaro, como en las ciudades
medievales europeas. Más tarde se extendieron en el eje este-oeste,
paralelo al recorrido del Rímac. El escenario en conjunto distaba mucho
del ideal hispano de ciudad. Más se acercaba a un arrabal, cuyo trazado
aproximadamente regular alrededor de la iglesia, iba diluyéndose
conforme se alejaba de la misma. Buena parte de este denso tejido urbano
estaba conformado por callejones y viviendas precarias, hábitat de la
plebe, negros y esclavos libertos.
22El
perímetro ribereño de la ciudad constituyó otro escenario en discusión
con el tejido urbano limeño. No obstante las disposiciones por conservar
la trama reticular de la ciudad, el proceso de urbanización de este
espacio distendió del trazado oficial, a la vez que se desarrollaba un
eje de crecimiento urbano paralelo al río, proceso advertido por los
viajeros y expedicionarios ilustrados, quienes resaltaron la forma
triangular de la planta de la ciudad, donde el lado más extenso
correspondía precisamente al frente ribereño. En este entorno el trazado
era más bien alargado, amorfo en otros casos, en afán por abarcar el
mayor frente posible.
23Así,
la alteración del trazado regular no fue obra solamente de la plebe,
sino también de vecinos, élites y la propia institución eclesiástica.
Todos, de alguna u otra forma, se vieron comprometidos en la subversión
del orden físico. Mientras la autoridad local se interesaba por
conservar el orden, instituciones religiosas, nobles y plebe en conjunto
proponían formas alternativas del orden físico, a través de apertura o
eliminación de vías, yuxtaposición de manzanas, construcción de manzanas
irregulares, apertura de murallas. Actividades que nos dicen que en
conjunto se trataba de construir una ciudad alternativa a los moldes de
la normativa urbana, prácticas que se condicen con la construcción de
una sociedad en gestación, donde la discusión y subversión del orden
constituían una práctica cotidiana.
Figura 2: “Plano de la Plaza, Fuertes y Población del Callao”, Ignacio de Roo, fines del siglo XVIII
- 14 SENNETT, Richard. Carne y piedra. El cuerpo y la ciudad en la civilización occidental, Madrid: Alia (...)
24Cuando
los griegos diferenciaban la urbs y la polis como dos dimensiones de la
ciudad, aludiendo a la estructura física y al espacio político
respectivamente, buscaban comprender la urbe desde la unidad, procurando
articular componente físico y espacio público.14
Esta forma de entender la ciudad fue abordada también por el sistema
colonial hispano. Una de las formas de alcanzar tal unidad tenía que ver
con la observación rigurosa de los roles atribuidos a las dos
repúblicas en que se clasificaba la sociedad colonial: la de españoles y
la de indios. Este ordenamiento social tuvo su correlato en el
ordenamiento físico-urbano del espacio colonial: villas y ciudades para
los primeros y reducciones o pueblos de indios para los segundos. En
ambos casos, la estricta observación del trazado en cuadrícula,
representaba esta unidad entre el orden físico y el orden social. Sin
embargo, este modelo se resquebrajó muy pronto, deviniendo hacia el
siglo XVIII, en una sociedad heterogénea, mestiza y variopinta, junto a
una ciudad caracterizada por el desorden y el exceso, con un trazado
apartado del damero instituido por el poder.
- 15 KAGAN, Richard. “Urbs and Civitas in Sixteenth- and Seventeenth- Century Spain”, en: BUISSERET, Dav (...)
- 16 KAGAN, Richard. “Cartography and community in the hispanic world”, en HOWE, Nicholas. Visions of co (...)
25La
cartografía jugó un papel clave, a lo largo del periodo colonial, en la
construcción de un modelo urbano y social enfocado en la unidad. Al
igual que en el resto de Hispanoamérica, en el Perú colonial la
representación urbana estuvo asociada a los conceptos de urbs y civitas, de acuerdo a la concepción hispana de ciudad.15
Estas formas de comprender el fenómeno urbano devinieron, de acuerdo a
Richard Kagan, en dos formas de representación: “mapas corográficos” y
“vistas comunicéntricas”, derivados de lo que Juan Luis Vives llamó la
“vista” y la “esencia” de la ciudad, respectivamente. El primer tipo
enfocado en la representación física de la urbe; el segundo, en los
valores cívicos, tradiciones, historia y costumbres locales.16
De acuerdo a esta visión, la cartografía urbana en el Perú virreinal
expresó por un lado, el contundente trazado reticular del siglo XVI, así
como los cambios que se iban operando en su estructura física a lo
largo de los dos siglos siguientes. Por otro, las tensiones y la
heterogeneidad de la sociedad colonial.
- 17 Ver: Benedetto. Historia del Urbanismo en Europa, 1750-1969, Madrid: Ediciones Akal, 1998, pp. 15-2 (...)
- 18 Para una visión amplia de los alcances e implicancias del barroco en términos urbanísticos, véase: (...)
26Durante
el siglo XVIII, especialmente en su segunda mitad, reaparece esta
búsqueda de una visualidad urbana unitaria, en términos físicos y
políticos. Esta vez asociada al proyecto modernizador de los borbones y
al imaginario urbano ilustrado. Tal imaginario entendía la ciudad como
una totalidad y ya no como una suma de partes, buscando articular ciudad
y entorno rural y procurando con ello, un diálogo fluido de bienes,
personas y símbolos entre ambos ámbitos, tanto como el orden y control
de tal escenario.17
Este propósito orientado a una imagen unitaria de la urbe se valió de
diferentes estrategias, siendo una de las más relevantes, la
representación de la ciudad en conjunto, incluyéndose el entorno rural y
litoral. La cartografía constituyó de este modo, un instrumento que
permitió comprender y gestionar la ciudad como una totalidad. Tan
importante como el centro, fueron los bordes, los arrabales, el campo,
el litoral, fragmentos en buena medida, ajenos al trazado oficial. Esta
visión se situaba en una posición opuesta al modelo urbano barroco, que
al centrarse en la edilicia religiosa como iglesias y conventos, propuso
una visión urbana fragmentada e incompleta.18
- 19 Véase: “Plano Scenographico de la Ciudad de los Reyes o Lima, Capital de los Reynos del Perú…”, en: (...)
27La
construcción de Lima ilustrada entonces implicó la representación de la
urbe en dos escalas: 1) la ciudad amurallada, incluyendo el barrio de
San Lázaro, 2) La ciudad y su entorno rural y litoral. La cartografía de
Lima a lo largo del siglo XVIII se ocupó por igual de ambas escalas.
Hasta el siglo XVII, la cartografía urbana se había centrado en vistas
parciales, levantadas a partir de intereses puntuales: económicos,
administrativos, militares/defensivos que derivaron en vistas sesgadas,
escenarios fragmentados de la ciudad. En contraposición, citamos el
trabajo de Antonio de Ulloa en torno a Lima de mediados del siglo XVIII,
que es el primer documento cartográfico propiciado por el poder central
abocado a la representación de la ciudad en conjunto. Esta perspectiva
no sólo se ocupó de la ciudad amurallada, sino que dio cuenta de
espacios antes relegados, como el barrio de San Lázaro, el Cerro San
Cristóbal, el entorno ribereño y los distintos caminos de Lima hacia el
norte y el este.19
Por este mismo objetivo y estrategias transitaron los subsiguientes
planos de Lima: Andrés Ordóñez (1769), Nicolás de Mendizábal (1770),
José Jiménez (1787), Andrés Baleato (1790), entre los más conocidos
(Fig. 3).
Figura 3: “Planta y diseño de la Ciudad de los Reyes”, Nicolás de Mendizábal
- 20 ULLOA, Antonio. “El Puerto de El Callao en el mar Pasyfyco o de el Sur…”, Biblioteca Nacional de Es (...)
- 21 Tradicionalmente la cartografía del entorno de Lima se había centrado en el litoral, costas y puert (...)
- 22 En rigor, el plano de Ulloa de 1743 representa una sección del corregimiento del Cercado, el cual q (...)
- 23 Francisco Javier de MENDIZÁBAL y Manuel Miguel de LEÓN. "Plano topográfico de las inmediaciones de (...)
28Respecto
a la representación de Lima y su entorno, podemos citar los trabajos de
Antonio de Ulloa, insertos en esta mirada racional, matemática e
ilustrada del espacio. La carta topográfica del valle de Lima y Callao
de 1743,20 es
el primer documento cartográfico que busca un levantamiento riguroso,
representando la ciudad amurallada, el valle de Lima y sus pueblos, el
espacio litoral y el puerto del Callao.21
Hasta entonces la administración colonial carecía de una representación
rigurosa de la jurisdicción del corregimiento del Cercado. Sólo se
conocían los documentos centrados en el litoral y que representaban el
valle y sus pueblos tangencialmente. El plano de Ulloa es el primer
intento auspiciado por la corona, por acercarse desde la cartografía a
una visualización de Lima como entidad administrativa en conjunto.22
La cartografía militar que se ocupó del entorno de Lima no sólo destacó
el imaginario ilustrado de la geografía urbana y sus extramuros, sino
además que se interesó por representar los ámbitos contrapuestos a la
razón urbana, tales como palenques y rancherías, resaltando su actitud
desafiante y peligrosa. En este propósito se inscribe por ejemplo, el
plano de Lima levantado por Francisco Javier de Mendizábal y Manuel de
León en 1807.23
- 24 Charles Walker ha resaltado el desplazamiento progresivo en Lima del siglo XVIII, de un sistema de (...)
29
Esta forma de representación de la ciudad pudo efectivizarse debido a
las estrechas relaciones entre el discurso urbano ilustrado y el
discurso militar. La visión urbana inserta en la crítica ilustrada se
acopló muy bien a la imaginación militar de la urbe; ambas propugnaban
una organización racional de la ciudad y la disciplina de sus
habitantes. En este propósito, se inscribe el conjunto de disposiciones
del Intendente Escobedo, apoyado por el Teniente de Policía José María
de Egaña: una nomenclatura unificada y estandarizada de calles de Lima,numeración
de calles, la asignación del control de la población a comisarios y la
seguridad urbana a celadores, el registro de la población, el
levantamiento cartográfico de la ciudad y la exaltación del tejido
urbano regular. También la división de Lima en cuarteles y barrios,
disposición que además nos habla del interés de las autoridades por
secularizar el espacio urbano, trascendiendo las referencias religiosas
al acercarse a una organización más bien castrense.24
El proceso de secularización tuvo como aliado el documento cartográfico
que, a través de nociones de orden, exactitud y una visión global de la
urbe, contribuyó en la construcción de un imaginario urbano ilustrado. A
medida que se extendía la representación militar de la urbe limeña, se
contraía el ordenamiento religioso de la ciudad barroca.
30El
interés por construir visiones globales del territorio y sus
jurisdicciones, en distinta escala, junto al registro detallado de la
edilicia publica y privada, responde a un interés de los borbones por la
recuperación y control del espacio urbano por un lado y del territorio y
sus recursos, por otro. Al primer propósito responden medidas como la
nomenclatura y numeración de calles. Al segundo, las políticas de las Nuevas Poblaciones.
En ambos casos la cartografía tuvo un papel clave al representar la
geografía urbana de acuerdo a intereses, visiones y utopías de sus
autoridades. El siglo XVIII estuvo plagado de cartografías de ciudades
ideales, pueblos civilizados, retículas rigurosamente cuadriculadas, así
como territorios plenamente conocidos y explotados.
31Junto
a la búsqueda de una mirada unitaria de la urbe virreinal, se produjo
la emergencia de una mirada micrográfica de la misma y de la
microcartografía como un instrumento y una estrategia de la autoridad en
su propósito modernizador. El número, la pesquisa, el registro fueron
elementos claves en esta nueva mirada de la urbe y consustanciales a las
políticas reformistas de control y vigilancia durante el siglo XVIII.
La microcartografía se inscribe además, en el contexto cientificista que
envolvió el Perú tardo colonial, signado por una obsesión por el
análisis, la mirada taxonómica, el dato textual, numérico y gráfico. La
cartografía constituyó en este sentido, un instrumento clave en esta
mirada micrográfica y con ello, una estrategia discursiva en la
construcción de la ciudad ilustrada.
- 25 Para una ampliación del concepto de biopolíticas: FOUCAULT, Michel. Nacimiento de la biopolítica: c (...)
32La
microcartografía puede definirse como una estrategia de representación
que busca investigar, registrar, describir y conceptualizar una ciudad
determinada, y que, valiéndose de elementos como el número, el texto, la
imagen, incluidas la convención y descripción gráficas, genera por un
lado, información catastral, espacial, demográfica y por otro,
información social y simbólica de la ciudad. La microcartografía fue
utilizada por las autoridades con propósitos administrativos, fiscales,
militares, de salubridad, entre otros, constituyendo un instrumento
clave en la implementación de biopolíticas, propias del estado moderno.25
Además de estos fines, la microcartografía constituyó una herramienta
que permitió reflejar tanto como construir un imaginario de ciudad, de
acuerdo a la visión de sus autores. La microcartografía urbana combinaba
así, información gráfica, numérica y literaria, encontrándose asociadas
directamente por un lado, a instrumentos burocráticos como
cuestionarios, interrogatorios, padrones, numeraciones, etc. y, por
otro, a literatura especializada: relaciones de viajes, textos de
geografía e historia, atlases, etc. que en conjunto, procuraron una
visualización urbana moderna, centrada en aspectos tanto físicos como
sociales, en la manufactura urbana como en las actividades e
interacciones sociales.
33La
microcartografía se conoce con antelación al siglo XVIII. Sin embargo,
su desarrollo fue sistemático, amplio y clave en las políticas estatales
durante el siglo XVIII, tanto como en objetivos de difusión e
imaginación de la ciudad colonial peruana. Un primer ejemplo de esta
forma de representación corresponde al citado Plano Scenográfico de Lima de
Antonio de Ulloa (1748). Aunque la perspectiva militar de Ulloa se
elaboró en base al viejo plano de Lima de 1687, dibujado por Pedro de
Nolasco, Ulloa incorpora el barrio de San Lázaro, representando
cuidadosamente las unidades edilicias, junto al espacio urbano
extramuros, los ámbitos de recreación y el entorno físico, incluido el
cerro San Cristóbal. Al hacer esto, la cartografía de Ulloa procuraba
una visión global de la ciudad, a la vez que indagaba por el sujeto
colonial, incluidos el vecino y la plebe, dejando de constituir sólo un
documento técnico para convertirse en una microcartografía de Lima
colonial. El plano de Lima de Nicolás de Mendizábal (1770) comparte con
Ulloa, el interés por representar la ciudad en conjunto y aunque se
trata de un documento con propósitos técnicos y militares, destaca esa
mirada más inclusiva y articuladora de la ciudad y sus habitantes, a
través de la representación de sus espacios domésticos y cotidianos y de
la exaltación de la nueva edilicia pública construida durante el
mandato del virrey Amat.
34El
epítome de esta mirada cartográfica corresponde al plano de Lima y
Callao del marino Andrés Ordóñez (1768). Este trabajo se interesa por
representar edificios y espacios públicos, resaltando los cambios que
experimentan la ciudad, así como el puerto del Callao. A la vez, Ordóñez
representa pormenorizadamente la edilicia pública y privada,
registrando frentes o fachadas y puertas individualmente. En términos
gráficos, una fachada puede decirnos muchas cosas: las relaciones entre
el espacio público y el privado, la magnitud y jerarquía de edificios,
calles y espacios urbanos, las funciones y actividades urbanas, los
referentes o hitos urbanos que ordenan espacial y simbólicamente la
ciudad. Ordóñez se interesó por mostrar todos estos aspectos, a través
de la representación de la ciudad en su conjunto y de la lectura de las
puertas de su edilicia en particular (Fig. 4). Al hacer esto, se
interesaba menos por la escala, la precisión de la medida, en tanto
importaba narrar la ciudad, desde la experiencia urbana y las prácticas
espaciales. Por eso la pertinencia de denominar a este tipo de
cartografía como Descripción por tratarse de una microcartografía, en tanto vista comunicéntrica, antes que una abstracta planta iconográfica o topográfica.
- 26 Ver al respecto, los diversos trabajos de viajeros, científicos, burócratas y otros que registraron (...)
35Esta
estrategia de representación coincide con una forma usual de expresar
la magnitud de una ciudad durante el siglo XVIII, que tenía que ver con
indicar el número de puertas, calles e islas.26
El plano de Ordóñez constituiría la expresión gráfica de este tipo de
estadística urbana. Sin embargo, lo que estaba haciendo Ordóñez con
ello, era no sólo expresar magnitudes y jerarquías de la edilicia
limeña, con fines administrativos, sino además, en términos más
abstractos que sus predecesores, una lectura particular que destacaba la
dimensión social y política de la ciudad, interesándose por
cartografiar la vida cotidiana y la geografía social de Lima, indicando
por ejemplo, los referentes urbanos como iglesias, conventos, capillas y
otros edificios laicos, remarcando su jerarquía e importancia en la
vida urbana y la economía espiritual, por medio de su representación en
elevación y no en planta. Así, Ordóñez se ocupó por igual, de la unidad
edilicia y el conjunto urbano, la ciudad y el entorno rural y marítimo,
el sujeto, individualmente y en relación a su comunidad; la ciudad
letrada y la ciudad sumergida, la élite y la plebe, coincidiendo con una
tradición muy amplia en la cartografía hispanoamericana (Kagan, 1998,
2000).
36
Figura 4: “Descripción de la ciudad de Lima y puerto del Callao”, Andrés Ordóñez, 1768. Detalle.

37Los
planos de Ulloa, Ordóñez y Mendizábal, más allá de la representación
global de la urbe, bajo propósitos burocráticos o científicos,
procuraron una mirada interior del espacio urbano, una mirada
comunicéntrica, en términos de Kagan, visión que procuraba articular la
urbs y la civitas, lo público y lo privado, la mirada oficial y la
mirada doméstica, a través de microanálisis del espacio urbano que
resaltaban la topografía física y social de la ciudad. Esta forma de
representación evidencia además, cómo la cartografía constituyó un
espacio de convergencia entre el ordenamiento urbano oficial,
representado por la cuadrícula y, las diversas prácticas espaciales de
la ciudad colonial y como la microcartografía se situaba en un punto de
intersección entre la ciudad letrada y la ciudad sumergida, develando
también las tensiones y contradicciones del sistema colonial y la
importancia de la urbe como arena política.
- 27 PADRÓN, Ricardo. Spacious Word: Cartography, Literature, and Empire in Early Modern Spain. Chicago: (...)
38Junto
a los documentos iconográficos como planos, cartas, trabajos
pictóricos, entre otros, la dimensión microcartográfica de la ciudad
puede rastrearse en otro tipo de documentación, como la burocrática y la
literaria: informes, narrativas urbanas, libros de viajes, etc.,
constituyendo más que una extensión de la cartografía urbana, un género
específico. Al respecto, Ricardo Padrón ha criticado la mirada
restringida de la cartografía, limitada a la imagen, proponiendo un
concepto más amplio que incluye las piezas literarias, diferenciando la
cartografía iconográfica de la discursiva. La primera centrada en la
imagen; la segunda, en las piezas literarias, descripciones, crónicas,
cartas, etc., denominándola cartografía discursiva, entendida
como un tipo específico de texto geográfico que permite a sus lectores
la construcción de una imagen cartográfica, tanto en el papel como en la
imaginación.27
39De acuerdo a este concepto, cartografía iconográfica y literaria se ocuparon simultáneamente del espacio urbano de Lima. La cartografía discursiva
incluiría en primer lugar, la vasta literatura que en torno al siglo
XVIII, se ocupó de la ciudad: crónicas, libros de viajes, descripciones,
libros de geografía, historia, literatura, memorias, además de una
literatura científica y notas periodísticas en revistas como el Mercurio
Peruano o la Gaceta de Lima. En segundo término, incluiría la prolífica
documentación burocrática: numeraciones, descripciones, informes
militares, padrones, libro de provisiones, cabildos, y otros. La prosa
cartográfica como género articuló así, literatura, documentación
burocrática, así como todo documento que de alguna manera se interesó
por mostrarnos una conceptualización del espacio local, más
específicamente, la representación de un lugar llamado Lima, desde una
perspectiva particular: militar, literaria, científica, administrativa,
eclesiástica y que tuvieron por finalidad, abordar la ciudad física,
junto a su componente social y político.
- 28 Véase: QUIRÓS, Francisco. “Análisis de un padrón correspondiente a un barrio de lima (1771)”, en: H (...)
40Al
abordar estos textos queremos resaltar la importancia de esta
documentación, que junto a propósitos de gestión o conocimiento
científico, estuvo el interés por auscultar la vida urbana, la sociedad,
incluido el sujeto colonial. Se trataba pues, de una mirada horizontal,
clave en la construcción de la ciudad ilustrada, que demandó el
conocimiento amplio del espacio urbano. A través de un informe técnico,
por ejemplo en torno a las murallas o, el recuento demográfico de un
barrio como el de Cocharcas, la prosa cartográfica expresaba con mayor
precisión y alcance, la ciudad política, el espacio comunitario. De
acuerdo a esta mirada, la muralla era, no sólo una edificación militar,
sino también un ámbito de expresión de prácticas espaciales,
evidenciando por ejemplo, la tensión entre funcionarios militares y
vecinos en torno a las formas de apropiación de esta infraestructura. En
el caso del padrón, éste abordaba las diferentes formas de uso y
experiencia del espacio urbano, evidenciando entre otros, patrones de
vivienda y tipologías de propiedad: callejones, casas y “casitas”,
huertas, ranchos, tambos, etc., junto a actividades urbanas, que nos
decían de las formas de apropiación del espacio urbano en un sector
periférico de Lima.28
41Los
mapas urbanos, en sus diversos géneros, han representado a menudo,
imágenes parciales de una ciudad, resaltando ciertos edificios, espacios
y fragmentos de acuerdo a determinadas conceptualizaciones e
imaginarios urbanos. En Lima virreinal, la cartografía urbana transitó
por este derrotero, restringiéndose a la ciudad amurallada o secciones
de ella. Por lo cual, buena parte de la cartografía limeña abordó
limitadamente los confines de la urbe: las murallas y su entorno, el
contexto ribereño y los arrabales. Estos espacios son escenarios
privilegiados para explorar prácticas espaciales, al situarse en un
punto de encuentro entre las visiones del poder y las prácticas
espaciales de la plebe y los vecinos.
- 29 De acuerdo a la legislación hispana, el ámbito ribereño debía servir como repositorio de actividade (...)
42El
entorno ribereño de Lima adquirió desde sus primeros años, un carácter
periférico, a partir de la asignación de funciones de servicio,
desarrollándose actividades extractivas y domésticas, además de
constituir el hábitat de la plebe, especialmente la orilla opuesta a la
ciudad amurallada.En suma, el río estuvo asociado a un
conjunto de prácticas espaciales que estuvieron en contradicción
permanente con las ordenanzas del cabildo y más tarde con los dictados
del poder virreinal, que reclamaban reordenar tal entorno a partir de
objetivos económicos, militares y de salubridad urbana. El Rímac
representaba el límite natural de la ciudad frente al arrabal de San
Lázaro, ámbito asociado a indios, negros, esclavos y leprosos.29
- 30 El modelo de ciudad barroca o conventual, asociada al encerramiento tras sus muros, no consiguió en (...)
43El
corolario final de esta visión periférica del río y su entorno, estuvo
representado por la construcción de las murallas en 1687. Entonces, la
ciudad quedó encerrada en torno a muros, baluartes y dientes de sierra,
limitándose la interacción de la ciudad y su entorno natural.30
Los objetivos defensivos buscaron imponerse sobre usos y actividades
que la población había establecido con el río durante más de siglo y
medio. No obstante, la población limeña procuró conservar tales
actividades después de la construcción de la fortificación,
produciéndose un proceso espontáneo de recuperación del borde del Rímac.
44Las
obras en torno a las murallas ribereñas, tanto públicas como privadas,
se diferenciaron en dos grandes grupos. El primero tenía que ver con los
boquetes practicados sobre los muros mismos y la subsiguiente
habilitación de puertas y rampas, que permitían el tránsito permanente
entre la ciudad y el río y por donde circulaban con regularidad,
borricos y carretas que conducían los desperdicios de la ciudad. El
segundo tipo correspondía a las viviendas levantadas en sus bordes,
aprovechando las amplias secciones de los cimientos, una vez derribados
sus muros, habilitándose además corrales y galpones. Otras, se adosaron a
las murallas, deviniendo en manzanas de doble frente: uno, mirando a la
ciudad y el otro, al Rímac, generando un gran balcón sobre el río,
patrón que se repitió en el frente opuesto. Estas actividades y
desempeños procuraban en buena cuenta aprovechar las bondades del Rímac y
sus recursos, entendiéndose el trazado cuadriculado como deleznable y
de importancia relativa, en tanto constituía una traba para los vecinos,
limitando sus intereses, que se desarrollaban mejor a través de formas
espontáneas y orgánicas de ocupación del espacio urbano.
- 31 Véase: SÁENZ, Isaac D. “Imágenes ribereñas. El Rímac y el proceso urbano de Lima Virreinal (Siglos (...)
45Las
prácticas espaciales así desplegadas, cuestionaron formas oficiales de
ordenamiento urbano, produciéndose un conflicto entre autoridades y
vecinos que buscaban legitimar cada uno, formas alternativas de relación
con el río, con los bordes de la ciudad y con los extramuros, conflicto
que puede rastrearse desde tiempos mismos de la fundación limeña. Estas
tensiones muchas veces pusieron a las mismas autoridades en posiciones
opuestas. Así por ejemplo, mientras la ordenanzas reales como las Nuevas Ordenanzas
de 1573, fomentaban el asentamiento urbano en torno a los ríos, en
tanto promovía el comercio y permitía suministrar el elemento hídrico a
sus habitantes,31
las normas ediles pensaban en el entorno ribereño, en términos de
periferia, como espacio de desperdicios de la ciudad, mientras que
paradójicamente, predicaban un uso más racional e ilustrado de la ciudad
y su perímetro. Por su parte, las clases subalternas y otros actores,
como ciertos notables, entendieron que se trataba de un fragmento de la
ciudad al margen de la autoridad, susceptible de apropiarse de acuerdo a
actividades, estrategias y desempeños particulares.
46El
proceso de apropiación de las murallas fue leído, desde la
administración virreinal, como un proceso de deterioro de la
fortificación en detrimento de sus funciones militares, como se señalaba
en los informes técnicos, mientras que los vecinos, a través de sus
iniciativas, entendieron las murallas como un objeto susceptible de
intervención privada, antes que como un objeto público.
- 32 AGI, AGI, Diversos 1, A.1807, R. 3, D. 10, 1791, sin foliar. Véase, además: SAENZ, Isaac. Urbe y Fo (...)
47La
cartografía urbana de Lima durante el siglo XVIII se interesó por la
periferia limeña, incluyendo ámbitos como el entorno urbano de la
fortificación. Este objeto militar fue entendido como un elemento de
tensión, generando una lectura ambivalente. Por un lado, planos como el
de Nicolás de Mendizábal por ejemplo, expresaron la imaginación del
orden borbónico y militar, representando un trazado impecable, con las
murallas y demás obras militares, sólidas y dispuestas funcionalmente,
donde el orden pareciera funcionar. Sin embargo, pocos años después, un
informe de 1791, solicitado por el virrey Gil de Taboada, señalaba el
deterioro de las murallas y la carencia de los requerimientos técnicos.32
Por otro lado, ciertas cartografías, como de Fernando Brambila, indican
todo lo contrario. Lima es leída como un espacio de actividades
heterogéneas, cuya periferia se asociaba al río, resaltando las grandes
masas de escombros y basura y los múltiples usos asociados al Rímac.
Este ejemplo refuerza la idea del papel simultáneo de la cartografía
urbana, como herramienta, estrategia y agente en la construcción de la
ciudad, bajo los imaginarios y representaciones de sus gestores. Así,
mientras el plano de Mendizábal procuraba construir un imaginario de
ciudad ilustrada, Brambila remarcaba las prácticas espaciales de la
plebe y los vecinos de Lima, practicas y desempeños que en buena cuenta,
se encontraban en la vereda opuesta.
48La
cartografía urbana en el Perú colonial, constituyó una estrategia y un
instrumento, que al mismo tiempo que reflejaba, construía imaginarios,
visiones, representaciones del mundo en general y de la ciudad en
particular, por parte de las diversas instancias de la sociedad
colonial, incluidas autoridades, elites y clases subalternas. En este
proceso de construcción de Lima como lugar, concepto o imaginario, la
cartografía desplegó diversos estrategias mas allá de lo iconográfico,
apelando a la prosa cartográfica, que incluyó documentos literarios,
burocráticos y científicos, que a su vez permitió transitar por
prácticas espaciales asociadas tanto a la ciudad letrada como a la
ciudad sumergida.
49La
cartografía de Lima no se agotó en la implementación del proyecto
reformista borbónico o en el registro y exaltación del espacio urbano y
las obras públicas. Lejos de verse como un documento vertical, absoluto,
que expresaba un discurso unívoco, o posiciones monolíticas e
intransigentes por parte de autoridades y funcionarios, la cartografía a
lo largo del siglo XVIII, mantuvo estrechas relaciones con prácticas
espaciales situadas en la orilla opuesta del imaginario urbano ilustrado
fomentado por el poder, utilizando diversas estrategias en este
propósito, como la microcartografía, un discurso cartográfico que a
través de diferentes formatos, se interesó por el registro y la
narrativa minuciosa de la ciudad física, como también de la ciudad
política, indagando por aspectos sociales y simbólicos y procurando con
todo ello, la construcción de Lima como lugar. Al hacer esto, la
cartografía urbana dejaba de constituir sólo un documento técnico para
convertirse en una microcartografía de Lima colonial.