Queremos agradecer la discusión y los comentarios de Alicia Folguera, Silvia Chavez, Eugenia Wright y Javier Benítez.
1El
Instituto Geográfico Militar (IGM) presentó en 1912 el primer Plan
Cartográfico integral para relevar topográficamente todo el territorio
nacional. Este proyecto consistía en relevar el territorio a distintas
escalas y realizar la cartografía correspondiente basada con métodos
modernos de mensura, es decir apoyado sobre mediciones con precisión
geodésica.
2Las escalas previstas eran las siguientes:
-
1:2.000.000; resultaría un mapa mural “demostrando los lineamientos generales de nuestro territorio”
-
1:1.000.000; “compuesto de hojas
más detalladas, y como parte de integrante del mapa mundial según las
disposiciones de la convención de Londres, 1909, aceptadas por nuestro
gobierno” (IGM, 1912: 25)
-
1:100.000; las hojas a esta escala formarían la carta del Estado Mayor y el atlas general de la República para usos civiles;
-
1:25.000; no se haría un
relevamiento general a esta escala; sólo se la utilizaría para “regiones
especiales” (IGM, 1912: 25), que no se detallan.
3En
la práctica, los objetivos resultaron ser demasiado ambiciosos, y fueron
necesarias sucesivas modificaciones para adaptar el plan a las
condiciones reales y posibles de producción. Por ejemplo, se cambiaron
las escalas elegidas para realizar el relevamiento de 1:25.000 se pasó a
1:50.000; se modificaron los tamaños de las cartas con el objetivo de
representar más territorio en un mismo mapa.
4Este
trabajo rastrea el relevamiento cartográfico territorial de las hojas
topográficas a escala 1:100.000 para reconstruir el proceso de cobertura
del territorio nacional a lo largo del siglo XX y analizar algunos
posibles criterios que habrían guiado la agenda de trabajos de
relevamiento topográfico.
5Desde
el punto de vista metodológico, este trabajo se basa en el análisis
visual de materiales gráficos (concretamente, cartográficos) que hemos
elaborado ad hoc para desplegar la información disponible sobre
los trabajos de relevamiento cartográfico llevados a cabo a lo largo
del siglo pasado. Para ello hemos volcado sobre el “mapa índex” o grilla
que el propio Instituto definió como esquema básico de sus planes de
cobertura. Sobre esa plantilla, hemos ordenado la información
cronológicamente y elaboramos una serie de mapas: sobre la base de un
mapa por década, en cada mapa se agregó la producción de hojas
topográficas declarada.
6Teniendo
en cuenta que las políticas cartográficas suelen ser analizadas desde
su perfil programático (es decir, sus planes, sus objetivos, sus
misiones), este estudio propone examinar algunos aspectos de la política
cartográfica del Estado argentino a lo largo del siglo XX desde un
ángulo menos visitado: la concreción de esos objetivos y la producción
efectiva de hojas topográficas.
7A
partir de esta serie de mapas, nos propusimos: a) establecer el grado de
avance de los relevamientos y las publicaciones de las hojas
topográficas década por década a lo largo del siglo XX; b) visualizar la
espacialidad de ese proceso a partir del mapeo diacrónico de las áreas
cubiertas por los trabajos topográficos; y c) identificar puntos
prioritarios y puntos marginales en este proceso no sólo a partir del
análisis de los dos ítems anteriores sino también a partir de la
consideración de las áreas que fueron relevadas en más de una
oportunidad.
8Los
proyectos de relevamiento topográfico a gran escala que pretendían
cubrir extensos territorios solían diseñar sus planes en una especie de
plantilla o mapa índice que consistía en una especie de rompecabezas que
cuadriculaba la totalidad del área a cubrir y asignaba un nombre y
número a cada una de las hojas que compondrían el mosaico.
9A
pesar de su aparente mero carácter instrumental y organizativo
(propiedades que sin duda toda grilla o mapa índice tiene), el diseño de
la grilla expresa, sobre todo, ciertas ideas y concepciones acerca del
territorio.
10Sólo
a modo de ejemplo, veamos que en un país altamente centralizado en
torno a su capital, como Francia empezaba su serie en París (Fgura 1) y
luego, a partir de allí, las hojas siguen una numeración que desciende
sigue el sentido norte a sur y forma de columnas que se ordenan
simétricamente en torno a la “columna de París”: la segunda columna es
la adyacente a la de París hacia el este; la tercera es la adyacente
hacia el oeste; la cuarta es la contigua a la segunda (otra vez en el
este), la quinta es contigua a la tercera (otra vez en el oeste) y así
sucesivamente.
Figura 1
11En el Reino Unido, el esquema ha sido un poco más ecléctico (Figura 2):
Figura 2
Fuente: Edney, 2014
12En
1825, la British East India Company emprendió una extensiva cobertura
topográfica que daría lugar a una serie de mapas reunidos bajo el título
Atlas of India y que, en rigor, pretendía abarcar gran parte
del sur y sudeste asiático a escala 1 : 253,440. Matthew Edney examinó
en detalle el Index to the Indian Atlas publicado en 1827 por John Walker, Jr..
Figura 3
Fuente: Edney, 2014
13Según
Edney, este tipo de índice fue un ejemplo temprano de una nueva
configuración imperialista del acervo de la información geográfica e
inauguró un tipo de configuración de los trabajos topográficos que
encarnaría un poco más tarde en el ideal cartográfico moderno.
14En
efecto, el caso de la India adopta un criterio estrictamente racional y
matemático (Figura 3), que no trasluce ningún tipo de jerarquías
territoriales internas. En cierto sentido, el mapeo de las colonias era
el mapeo de un “Otro” sobre el que no se tenía una conciencia
territorial tan definida (en particular, históricamente) como en el caso
de las metrópolis.
- 1 Deuxième Conférence International, 1914: 81.
15El
proyecto del Mapa del Mundo al Millonésimo, en 1909, también planteó
una grilla para la cobertura de la superficie terrestre con hojas
topográficas publicadas con criterios homogéneos basados en un ideal
cartográfico de armar un mosaico completo de hojas topográficas
comparables (Pearson y Hefferson, 2006). Cada hoja llevaría por título
el nombre del centro urbano o de la población más importante, acompañado
de una clave mixta de números y letras. La signatura estaría precedida
por la S o la N, según se tratara del hemisferio norte o sur. Luego, le
seguirían una letra y un número. Las letras se sucederían a partir del
Ecuador, de la A a la V, y cada una de ellas definiría una zona de
paralelos. Los números designarían husos de 6°, y se contarían del 1 al
60, a partir del meridiano 180° hacia el Este1.
Y periódicamente, el Comité organizador publicaba el grado de avance
del proyecto en términos de cobertura coloreando ese mapa índice o
grilla.
16Podría
sugerirse que la grilla del mapa al millonésimo es la consagración de
ese modelo inaugurado casi un siglo antes por los británicos para mapear
la India. Pero más todavía interesa recalcar el profundo impacto que
generó este índice, ya que como los países que tenían oficinas
cartográficas se habían comprometido a colaborar con sus propias hojas,
la mayoría de los países adoptaron esta plantilla geométrica para partir
sus territorios en hojas topográficas.
17Entre 1920 y 1945 la American Geographical Society trabajó
sobre el proyecto del Mapa de la América Hispánica para proveer las
hojas de los países latinoamericanos bajo la excusa de que estos, en
general, no tenían oficinas cartográficas en funcionamiento y no podían
hacer relevamientos. En realidad, al AGS tampoco hizo relevamiento y no
sólo recurrió a la recopilación de diversas fuentes sino que admitía la
necesidad de usar materiales de dudosa precisión. A los efectos de este
artículo, lo que queremos mencionar es que en líneas generales, el
programa del Mapa de la América Hispana se plegó a los requerimientos
del proyecto del mapa del mundo al millonésimo (adoptó la misma escala,
la misma proyección y la misma simbología). Dio como resultado 107
hojas, de 4° de latitud y 6° de longitud (Pearson y Hefferman, 2008).
18La
Argentina no fue una excepción: las prácticas institucionales y el
diseño de un plan de relevamiento topográfico moderno se montó sobre la
estructura conceptual y técnica que planteaba el comité del Mapa al
Millonésimo (Rieznik, y Lois, 2011). De hecho, En 1913, Benjamín García
Aparicio –a la sazón, director del Instituto Geográfico Militar- asistió
al Congreso Internacional de Geografía de Roma y a la reunión del
Comité del Mapa al Millonésimo de París para presentar, en ambos
eventos, el plan de la carta topográfica de la Argentina ante la
comunidad internacional.
19La
grilla de las hojas topográficas de la República Argentina a escala 1:
100.000 forma parte de una grilla más general definida para las hojas
topográficas a escala 1:500.000 (cuya sistema de numeración sirve para
todas las otras escalas ya que brinda el “número raíz” que antecede el
número de las hojas en todas las demás escalas, diseñando una especie de
“sistema de encastre”).
20A
partir de la utilización de la proyección cartografía Gauss-Krüger la
Argentina dividió al territorio en siete fajas consecutivas (de oeste a
este) cada una de 3º de longitud. Estas fajas están divididas por un
meridiano central que marcan 1º 30’ a cada lado. Los meridianos extremos
de las fajas son los límites de las hojas 1:500.000, es decir éstas
hojas tienen 3º de longitud por 2º de latitud. El nombre de las hojas a
esta escala está dado por el meridiano central de la faja y el paralelo
que lo intersecta y que divide a la hoja en cuatro partes iguales (estas
cuatro partes iguales corresponden a las hojas 1:250.000 cuyo número
está determinado por el mismo número de la hoja 500.000 más el cuadrante
a que corresponda).
21Siguiendo
esta lógica, una hoja a escala 1:500.000 está conformada por treinta y
seis hojas a escala 1:100.000, cuyos nombres está dado por el número de
la hoja 500.000 más el número que le corresponda del uno al treinta y
seis. El primer valor es para el extremo noroeste de la hoja contando de
manera consecutiva hacia el este. (Figura 4)
Figura 4
Elaboración propia
22La información que nutrió este trabajo se encuentra disponible de modo variable y, sobre todo, bastante fragmentado.
23Una
de las fuentes utilizadas el Atlas que el IGM publicó en 1973 bajo el
título “Publicaciones Cartográficas”. Este documento cartográfico
incluye información visual y textual del estado de las cartas
topográficas a diferentes escalas (1:100.000; 1:50.000 y 1:25.000)
clasificadas por provincia. El mapa de cada provincia tiene superpuesta
una grilla sobre la que se marcan, con diferentes estrategias de
visualización, las hojas realizadas: la grilla general (que marca las
divisiones de las hoja 1:100.000) está diseñada con una línea fina de
color rojo. La celda correspondiente a cada hoja realizada se marca con
un trazo también rojo pero de mayor grosor. En cambio las hojas a escala
1:50.000 están representadas con líneas finas de color negro
(recordemos que en una hoja 100:000 entran cuatro hojas al 50.000) y
cuando ya fueron realizadas ese pequeño rectángulo negro aparece
sombreado con un color naranja claro. Esta distribución de la
información visual permite visualizar fácilmente, de un solo golpe de
vista, la cantidad aproximada de territorio provincial relevado en la
fecha de publicación y, por ejemplo, estimar si dicha provincia está
amplia, parcial o escasamente cartografiada.
- 2 La información más importante se determina por el criterio cuantitativo de cantidad de habitantes. (...)
- 3 El número de las hojas está determinado por el cruce entre el meridiano y el paralelo que conforman (...)
24El
texto que aparece inmediatamente a continuación del mapa está
organizado en un cuadro en cuya primera columna se escriben el nombre de
la hoja al 1:100.000 (si la hoja estaba efectivamente producida, y el
nombre se definía según la población más importante de la zona que
abarca la hoja)2;
con una tipografía diferente (para marcar una jerarquía) los nombres de
las hojas al 1:50.000 y 1:25.000. Las celdas de este cuadro
correspondientes a las hojas que todavía no había sido relevadas no
tienen nombre; en esos casos, sólo se indica el número de hoja3. En la segunda columna a la derecha se informa el año de relevamiento efectivo sobre el terreno y el año de publicación.
- 4 Dicha lista le fue facilitada a las autoras por el propio Instituto Geográfico Nacional en 2009, cu (...)
25La segunda fuente de información proviene de una lista no publicada4
sobre la producción de hojas topográficas del IGM elaborado por la
propia institución. Esta lista sólo contiene el dato de publicación y el
nombre y la nomenclatura o número de la hoja, es decir, no contiene
información sobre el año en que se realizó el relevamiento efectivo
sobre el terreno.
- 5 Estas hojas, según el propio Instituto, no están a la venta.
26A su vez, la información de las hojas en formato digital se obtuvo de un mapa publicado en el libro de los 130 Años publicado en el 2009.5
27Esta
fragmentación en las fuentes constituyó un obstáculo significativo
desde el punto de vista metodológico, en particular en lo que concierne a
la homogeneización y a la compatibilización de los datos disponibles.
28A
partir de estos insumos, hemos tomado el dato de relevamiento
(información proveniente del Atlas de 1973) y la fecha de publicación
(proveniente de la lista) como datos que indican áreas potencialmente
relevadas por el Instituto pero no podemos afirmar fehacientemente que
se traten de hojas topográficas concretas ya que no hemos podido
chequear que la hoja topográfica exista físicamente, sino que nos
basamos en lo que dice el Instituto Geográfico Militar que relevó y/o
publicó. También analizamos las hojas topográficas que el IGM declaró
por diferentes medios tener publicadas o relevadas, lo que tampoco
implica que la hoja este editada e impresa para la venta.
- 6 Así se nos ha informado cuando quisimos comprar las hojas a escala 1:100.000 en soporte digital en (...)
29Una
cuestión remarcable es la escasa información sobre la disponibilidad
efectiva de las hojas topográficas declaradas como relevadas. Aunque
existen grillas donde se marcan las hojas que supuestamente están
relevadas e implícitamente disponibles (a las que sería posible acceder a
través de la compra), muchas de ellas están “agotadas” o simplemente
todavía no se encuentran a la venta.6
- 7 Desde los estudios de Brian Harley en adelante, este tipo de presunciones se ha vuelto un lugar com (...)
30Está
ampliamente extendida la convicción de que en los estados nacionales
modernos la información cartográfica es considerada estratégica y que
los organismos oficiales la celan y se resisten a difundirla o a
facilitarla a estudiosos del tema que la solicitan, aunque no siempre se
dan ejemplos concretos para entender qué significa eso. En general, se
asume que esto forma parte de una política de ocultamiento deliberado
asociado a la voluntad de imponer visiones hegemónicas sobre el
territorio en tono conspirativo –una interpretación que se hizo muy
popular cuando se generalizó la idea de que la cartografía es un
discurso de poder que, en el contexto de los estados nacionales
modernos, quedó monopolizado por oficinas estatales.7
31Si
bien es ineludible reconocer que la información sobre la cobertura
topográfica del territorio de la Argentina llevada a cabo por el
Instituto Geográfico Militar a los largo del siglo XX no es de fácil
acceso, hay que considerar que ello podría deberse más a causas
coyunturales (como la escasez o la lentitud de los trabajos topográficos
realizados y la previsible escasa voluntad de hacerlo público) que a
una política sistemática coherente orientada mantener la información
cartográfica en secreto. Sin duda, la cartografía de frontera y de
algunas otras áreas sensibles son observadas con más rigurosidad y
recelo (y el acceso a ellas es todavía más dificultoso), pero
difícilmente pueda afirmarse que se trata de una política generalizada a
toda la producción cartográfica.
32La
primera hipótesis para explicar ese modo de administrar la información
es que esas grillas usadas para “mostrar” la cobertura cartográfica no
resisten una comparación con la producción efectiva de hojas
topográficas. Por lo tanto, un análisis más detallado y crítico de esas
maneras de presentar la información rápidamente pondría al descubierto
la escasa y ecléctica elaboración de relevamientos así como la errática
publicación de hojas. Y ello, sumado a una lectura entre líneas de los
criterios de prioridad geográfica para el mapeo, permitiría desarrollar
nuevas líneas de interpretación acerca de la política territorial del
estado argentino que no se corresponden con las historias oficiales que
el Instituto y algunos de sus representantes han intentando sostener a
lo largo de estos últimos años.
- 8 Cabe preguntarse si las zonas que el Instituto dejó sin relevar se debió a que éstas contaban con l (...)
33¿Cómo
fue el proceso de avance de la cobertura cartográfico de la República
Argentina? ¿Fue un proceso ordenado y planificado o, por el contrario
fue el resultado de decisiones aleatorias que se tomaban en función de
otros problemas territoriales?8 ¿Estuvo relacionado con alguna política pública o económica, tal como la búsqueda de algún recurso natural?
- 9 Monte Caseros, Monte Caseros Este y Juan .
34El
Instituto antes de presentar el Plan de la Carta en 1912 ya había
realizado trabajos cartográficos a 1 : 100.000. En la primera década del
siglo XX se realizaron 9 hojas topográficas (6 de la provincia de
Buenos Aires y 3 de la provincia de Corrientes9).
Debido a la falta de fuentes que confirmen los criterios del plan de
relevamiento topográfico, es muy difícil saber porqué se eligieron estas
áreas en estas dos provincias. Algunas indicios sugieren que algunas de
las hojas de la provincia de Buenos Aires se eligieron por cercanía a
las instalaciones del IGM situadas en la Capital Federal porque eso
facilitaría el trabajo de campo en las condiciones reales de trabajo que
contaban los equipos en esos momentos. Otras áreas parecen de interés
militar, ya que allí hay bases y otra infraestructura de las fuerzas
armadas (es el caso de las cinco hojas continuas Campo de Mayo, Ezeiza,
Ciudad de Buenos Aires, Campana y Avellaneda, e incluso la aislada hoja
de Bahía Blanca).
- 10 Las empresas de ferrocarriles fueron una de las instituciones que más cartografía produjeron porque (...)
35Las
hojas de la provincia de Corrientes representan áreas del Departamento
de Monte Caseros (Monte Caseros, Monte Caseros Este y Juan Pujol). Se
trata de una región que reviste un interés especial al menos por dos
razones: una es que es una zona de frontera internacional tripartita
entre la Argentina, Brasil y Uruguay; la otra es que, además es un área
atravesada por el Ferrocarril Nacional Urquiza.10
- 11 Esta hoja se relevó en los siguientes años: 1906; 1907; 1908; 1909; 1910; 1912; 1913; 1939; 1945.
36Muchas
de las hojas que fueron relevadas por el IGM durante esos primeros años
fueron re-hechas en más de una oportunidad, por ejemplo la hoja Campo
de Mayo fue relevada en nueve oportunidades11.
Posiblemente ello se haya debido tanto a la necesidad de poner a prueba
los cambios en las metodologías y las prácticas cartográficas como a la
importancia estratégica que representaba el área Campo de Mayo como
zona militar.
37Esta
tendencia de relevar la misma zona más de una vez fue una práctica
habitual hasta la década de 1940. Esto coincide con la sanción de la ley
de la Carta (1941), que le otorgó al IGM el privilegio y la
exclusividad de la la producción y la fiscalización de la cartografía
nacional oficial: todos los mapas producidos y publicados que se
producían en el país (e incluso los mapas extranjeros que representaran
el territorio nacional y pretendieran ser distribuidos en la Argentina)
debían ser controlados y aprobados por el Instituto,, aunque
la representación de los límites internacionales quedaban fuera de los
alcances del IGM porque eran jurisdicción de la Oficina Nacional de
Límites.
- 12 Este análisis se realizó hasta 1971 debido a que contamos con datos hasta esa fecha. A partir de es (...)
38Los
dos gráficos siguientes muestran el porcentaje de hojas que se
relevaron más de una vez divididos en dos periodos: la Figura 5 muestra
que más de la mitad (51 %) de las hojas levantadas durante ese el
periodo 1906-1940 fueron levantadas entre dos y tres veces; el 16 % se
levantaron entre cuatro y nueve veces mientras el 33% fue levantado una
sola vez. En cambio, la Figura 6 muestra que el 70% de las hojas
producidas en el periodo 1940-197112 fueron relevadas una sola vez, mientras que el 30% contó con 2 a 3 veces.
Figura 5
Fuente: realización propia a partir de los datos brindados y/o publicados por el Instituto Geográfico Nacional.
Figura 6
Fuente: realización propia a partir de los datos brindados y/o publicados por el Instituto Geográfico Nacional.
39¿Cómo
explicar la disminución de la tendencia a rehacer los relevamientos?
Tal vez la cartografía que se comenzó a realizar a partir de esa época
fue más estable y no fue necesario someterla a modificaciones futuras.
Aunque es probable que el impulso de estas políticas cartográficas haya
tenido como objetivo implícito aumentar la cobertura cartográfica del
país tanto como sea posible y con celeridad. Efectivamente, desde que
fue puesto en marcha el Plan de la Carta las exigencias propuestas para
cumplir los objetivos previstos fueron cambiando y adaptándolos a las
posibilidades reales con que contaba el país (recursos humanos
disponibles para realizar las tareas técnicas, presupuestos, tecnología
disponible etc.).
40En
un principio se había acordado que las escalas de relevamiento se harían
a una escala 1:25.000, lo que implicaba un trabajo de mucho detalle (en
un centímetro del mapa se representaban 250 metros, ¼ de kilómetros).
Esta escala resultó imposible de sostener y al poco tiempo, durante la
década de 1920, se adoptó la escala menos ambiciosa de 1:50.000.
- 13 Sobre estos cambios véase Mazzitelli Mastricchio, 2012.
41En
1930 se produjo otro cambio en las hojas cartográficas publicadas a
escala 1:100.000 con la intención de adelantar los relevamientos se
modificaron las proporciones de la superficie representada en el papel:
en 1912 las hojas al 1:100.000 tenían un tamaño de 30’ por 30’ por lo
cual se necesitaba un número impar (6¼) de planchetas al 1:50.000 para
conformar una 1:100.000. Aparentemente esto implicaba una demora en los
levantamientos a escala 1:100.000 por lo cual se modificaron las
proporciones representadas en las hojas, ya no serían de 30’ por 30’
sino de 30’ por 20’. Sin embargo, esta modificación, contrariamente a lo
que se esperaba, produjo un atraso porque con estas nuevas dimensiones
era necesario hacer mayor cantidad de hojas topográficas para cubrir
todo el territorio. De modo tal que esta medida también fue abandonada
al poco tiempo.13
42Toda
esta inestabilidad metodológica se fue normalizando a medida que el
Instituto iba ganando experiencia y confianza en las prácticas de
relevamiento topográfico y producción de hojas cartográficas.
43La
distribución espacial de los datos produce un efecto visual diferente
que nos permite arriesgar algunas respuestas a las preguntas que nos
hicimos inicialmente: se hace evidente que durante los primeros años
(1910-1920) los levantamientos priorizaron la cobertura de áreas
cercanas a las ciudades y sus alrededores, en algunos casos capitales
provinciales. A las hojas antes mencionadas, se sumaron las de las
siguientes capitales: Mendoza, Paraná, Córdoba y La Plata. Otras hojas
abarcaban zonas linderas a estas capitales provinciales: es el caso de
Cosquín (Córdoba), Cañuelas y Brandsen y Diamante (Entre Ríos). Otra
ciudad relevada en la década 1910-1920 fue Rosario, que si bien no era
la capital de la provincia, es una de las ciudades más importantes desde
el punto de vista económico y demográfico (no sólo provincial sino a
nivel nacional). Hay que tener en cuenta que en 1926 se instaló en la
ciudad de San Lorenzo (muy cerca de Rosario) una refinería petrolera que
se encargaba de procesar el petróleo extraído de la cuenca petrolífera
del nordeste argentino y transportado hasta el puerto de Rosario.
También fue relevada la hoja contigua a esta ciudad santafesina: Posta
de San Martín. En Corrientes también se relevaron las áreas aledañas a
la capital provincial (Puente La Sirena, Santo Tome, Rincón San Mateo,
Yurucua, Isla Del Vado, Gobernador Virasoro y Garruchos). En el caso de
Corrientes, las hojas topográficas siguen claramente el recorrido del
Ferrocarril Nacional Urquiza (bordeando la costa del río Uruguay), que
como ya mencionamos, es el corredor por donde se transportaban las
materias primas de la cuenca paranaense al puerto Buenos Aires.
- 14 Véase IGM, 1912 y Malena Mazzitelli Mastricchio, 2012.
44Este
criterio que prioriza zonas cercanas a ciudades y caminos más
transitados deja ver la utilidad práctica de los mapas de esta escala, y
manifiesta la necesidad de contar con una cartografía topográfica para
proyectar caminos férreos y viales. Por otra parte, el hecho de que en
estos primeros años también se eligiera cartografiar zonas sobre las que
se se tenía mayor conocimiento geográfico (aunque no necesariamente
topográfico) en lugar de aventurarse a medir regiones poco conocidas
puede haber estado relacionado también con la voluntad de asegurar la
factibilidad de los trabajos para no poner en riesgo la campaña y la
continuidad del proyecto. Esta hipótesis toma mayor fuerza si se tiene
en cuenta la discusión que existía en el seno del IGM cuando se presentó
el Plan. Había dos posiciones diferentes: una correspondía a la
dirección del Instituto que sostenía que debía realizarse una
cartografía con base geodésica; la otra posición sostenía que debido a
la falta de conocimiento del territorio nacional era conveniente
realizar una cartografía con métodos más antiguos que diera a conocer
primero el territorio y luego sí realizar una cartografía con métodos
modernos.14
45Por
otro lado, la práctica de relevar ciudades y sus proximidades pueden
deberse también a los servicios que brindan los centros urbanos en
general, y las facilidades que ello brinda al desarrollo de una campaña
topográfica. Los trabajos cartográficos de este estilo requerían un
despliegue de logística muy importante. El topógrafo-militar no iba solo
al campo sino que lo hacía junto con otros militares que ayudaban en la
logística de la campaña, esto implicaba desde encargarse de la comida
de la comisión y el armado de las carpas hasta el traslado del
instrumental o del personal en algún vehiculo. Todo esto resultaba muy
costoso por lo que, una vez que se ponía en práctica, se aprovechaba al
máximo. Entonces los equipos de trabajo se instalaban en un centro
urbano y desde allí se relevaba el área de la ciudad y otras zonas
cercanas.
46En
la interpretación del patrón espacial que siguió el plan de relevamiento
también hay que considerar ciertos factores institucionales. Para
afrontar los gastos que implicaba el relevamiento a escala 1:100.000 con
métodos modernos, el IGM realizó convenios con distintas provincias las
cuales se comprometían a que los datos obtenidos en los trabajos
provinciales pudieran ser usados para la Carta de la Republica a escala
1:100.000.
47Uno
de estos acuerdos se realizó en 1917 con la provincia de Córdoba para
realizar “trabajos astronómicos, geodésico y topográficos (planimetricos
y altimétricos) necesarios para la obra de catastro y el Mapa de la
Provincia de Córdoba” (Anuario IGM, 1915, 1919 Tomo IV: 235). Un año más
tarde se celebró un acuerdo parecido con la provincia de Mendoza para
realizar trabajos similares, aunque en este caso el gasto era compartido
con la Dirección General de Obras Públicas” (Anuario IGM, 1915, 1919
Tomo IV: 236).
48En
1919 llegó el turno de la Provincia de Buenos Aires y de Entre Ríos. En
ambos casos el convenio se basaba en la realización conjunta de trabajos
astronómicos, geodésicos y topográficos (planialtimétricos) necesarios
para realizar el mapa de catastro y el mapa provincial.
- 15 por ejemplo se abandona el relevamiento de la provincia de Buenos Aires se venía relevando al menos (...)
49Durante
la década de 1920-1930 el Instituto eligió para cartografiar otras
regiones del territorio nacional. Se comenzaron a hacer relevamientos
cartográficos en la provincia de Neuquén, en el norte de Mendoza y en el
sur de San Juan. Este desplazamiento de las áreas de trabajo15
(es la primera vez que el Instituto se dedicó a relevar la provincia
del Neuquén) podría estar relacionado con la exploración de petróleo.
- 16 En Esta cuenca se venían realizando estudios desde fines del siglo XIX. Véase Repsol-YPF, 2000.
50Superponiendo
el mapa de los trabajos de relevamiento topográfico con el de las
cuencas sedimentarias donde se encontró petróleo se observa una
llamativa correspondencia entre ambas áreas. Durante la década de 1920
distintas empresas privadas, primero la Compañía Petrolífera de Cachueta
y La Mendocina después, realizaron trabajos de explotación en la la
Cuenca Sedimentaria Cuyana16
ubicada en el centro de la provincia de Mendoza. Entre 1925 y 1928
realizaron siete perforaciones de las cuales cinco resultaron pozos
productivos. En la década de 1930 la empresa estatal Yacimientos
Petrolíferos Fiscales (YPF) -tras un previo acuerdo con el gobierno
mendocino y la empresa La Mendocina- comenzó a realizar los estudios de
exploración de manera más sistemática y continuada. El primer
descubrimiento se produjo en 1934 en la zona Tupungato (al sur de
Cacheuta). Todo este trabajo de explotación petrolífera en el territorio
mendocino estuvo acompañado por relevamientos del IGM, cuyas hojas
topográficas de la zona de esta cuenca comenzaron producirse en la
década de 1920 y dicha producción y su revisiones se mantuvieron de
forma constante hasta 1950.
- 17 Estas fueron realizadas con el método de compilación y son: Kilca, Pino Hachado, Loncopue, Las Laja (...)
51Algo
similar ocurrió con los relevamientos en la provincia del Neuquén que
acompañaron el proceso de exploración, perforación y explotación de la
Cuenca Neuquina. Los primeros trabajos de perforación se produjeron en
1919 y hubo algunos descubrimientos entre 1925 y 1927, y ello
probablemente motivó la realización de las primeras hojas topográficas,
con métodos de recopilación que el Instituto realizó en 193017.
En la década siguiente (1940), en el lapso de apenas, diez años que se
relevó topográficamente toda la cuenca y esto coincide con el inicio de
la actividad petrolera de YPF en la zona.
52En
1940 hubo una intensa producción en términos de levantamientos
topográficos, básicamente concentrados en las zonas de explotación
petrolera. Se relevaron las cuencas sedimentarias que faltaban (Golfo de
San Jorge y la Austral). En esta década, curiosamente, no se realizaron
relevamientos en la provincia de Buenos Aires de una tradición de
levantamientos topográficos regulares y sostenidos: por primera vez
desde el inicio de los trabajos del Instituto, durante diez años no se
produjeron revisiones en el terreno de ninguna de las hojas 1:100.000 de
la provincia de Buenos Aires. En la década de 1940 se retomaron los
trabajos en las provincias de Córdoba y Corrientes. Asimismo, se volvió a
trabajar en la Cuenca Cuyana y esto coincide con los descubrimientos de
petroleo (incluso en 1952 se vuelven a ampliar los horizontes de
producción de petróleo en esta región).
53En
la década de 1960 los trabajos se focalizaron en la provincia de Buenos
Aires y, previsiblemente, durante los años de la década de 1970 hay un
parate en la producción cartográfica del Instituto Geográfico Militar.
En los años 1980s los trabajos se concentraron en las zonas fronterizas
con Chile seguramente debido a las disputas limítrofes por los hielos
continentales y un eventual arbitraje, así como la posibilidad de una
guerra por el conflicto del Beagle.
54En
la actualidad, todavía sigue sin haberse relevado topográficamente la
totalidad del territorio de la República Argentina. En el gráfico que
sigue a continuación se representa el porcentaje de territorio relevado:
el 69 % cuenta con relevamiento topográfico a escala 1:100.000 mientras
que todavía falta relevar el 31 % del territorio (Figura 7).
Figura 7
Fuente: elaboración propia a partir de los datos brindados y/o publicados por el Instituto Geográfico Nacional
55Si hacemos el ejercicio de colorear el grado de avance en la actualidad, la imagen que resulta es la siguiente: (Figura 8)
Figura 8
Fuente: realización propia a partir de los datos brindados y/o publicados por el Instituto Geográfico Nacional
56La
lógica que guió el levantamiento topográfico a escala 1:100.000 del
Instituto Geográfico Militar siguió un orden que no estaba definido por
la racionalidad de su grilla sino por una agenda política y económica,
fuertemente vinculada con las expediciones de exploración del territorio
y con las necesidades de agentes privados y públicos que demandaban
información topográfica para fines múltiples (desde el desarrollo de
infraestructura de comunicaciones hasta la explotación de petróleo). En
un principio, la propia situación institucional del IGM hizo que los
trabajos se concentraran en zonas cercanas a ciudades priorizando el
éxito de la expedición. En todos los casos estuvo ligada a las
necesidades prácticas del territorio, ya sea para generar el mapa
catastral de alguna provincia (con el fin de cobrar impuestos), para el
trazado de líneas férreas o viales que conectaran zonas productivas con
el puerto porteño o para generar la cartografía base que permitiera la
extracción de petróleo.
57Debido
a la participación de varios agentes y al cruce de intereses que
explican los criterios de avance de la cobertura topográfica a escala 1 :
100.000, es posible pensar que las decisiones sobre las zonas a
cartografiar no fueron tomadas solo en el seno del Instituto sino que,
más bien, a la hora de programar los trabajos también intervinieron
otras instituciones (como la Dirección de Minas y Geología e Hidrología o
Yacimientos Petrolíferos Fiscales), a veces con el aporte de fondos, de
recursos humanos y técnicos, otras veces, con la generación de
inversiones en la región.
58Es
cierto que el mapa índice que organizaría la cobertura topográfica de la
Argentina se acopló a los lineamientos geométricos de la grilla del
proyecto del Mapa del Mundo al Millonésimo y, por lo tanto, su
organización y su numeración no permiten intuir las jerarquías internas.
No obstante ello, un análisis del progreso de la elaboración y la
publicación de las hojas revela (o al menos, brinda puntas para formular
muchas hipótesis) sobre los procesos históricos de organización y
administración territorial, casi de un modo análogo al que se percibe en
los antiguos mapas índice que los imperios europeos diseñaban para el
mapeo de sus metrópoli (Figura 9).
Figura 9
Fuente: realización propia a partir de los datos brindados y/o publicados por el Instituto Geográfico Nacional.