- 1 En tal orden de ideas es importante situar la emergencia de un pensamiento que considera ambas dime (...)
1De
todos es conocida la frase de Élisée Reclus, “La Geografía, en sus
relaciones con el Hombre, no es más que la historia en el espacio, del
mismo modo que la Historia es la Geografía en el tiempo” (1913
[1905-1908], Tomo I: 4). En su aparente simplicidad, esta frase es clave
para entender el programa de conocimiento contenido en su obra. Espacio
y tiempo conjugan en el campo de la orientación del pensamiento1,
un esfuerzo por comprender las relaciones naturaleza-sociedad y,
explicar el despliegue y organización de las relaciones del hombre y la
tierra.
- 2 El concepto de geograficidad expresado por Erick Dardel (1952), nos permite observar un momento de (...)
2En
tal orden de ideas, el modo de conocer el espacio geográfico propuesto
por Reclus implica estudiar la construcción del sentido de una visión
del mundo a través la explicación de la clave programática y las reglas
de escritura que guían sus trabajos y, de restituirlo, a sus condiciones
de historicidad y de geograficidad2.
El espacio adquiere una característica cuyo sentido se construye en la
experiencia vital del lugar cuya situación específica produce un anclaje
instituyente que se abre luego a la relación escalar del mundo y sus
espacios.
- 3 Para observar el valor de la difusión de narraciones geográficas puede consultarse a Sunyer (1988) (...)
3El espacio concebido como una ampliación de la ecumene, como una promesa de borde hacia las Terrae Incognitae,
se representaba en los mapas en vastas zonas interiores como un
horizonte. Estas áreas de delimitación imaginaria, aparecían como un
espacio vacío cumpliendo una función de atracción a la geografía
exploradora del siglo XIX. También estimulaban la proliferación de
literaturas de aventuras que configuraban una voz geográfica diferente.
Determinada por los públicos diletantes se configuraba un campo con
ciertas preocupaciones geográficas. En este contexto, dos empresas de
producción bibliográfica y hemerográfica son importantes de resaltar,
por un lado, Le Tour du monde, journal des voyages et des voyageurs y la Magasin d’Education et de Récréation impulsada por Jules Hetzel3
que, junto a otras revistas, componían un campo para el cultivo de la
imaginación geográfica. Por otro, las Sociedades geográficas a través de
sus revistas y boletines constituían el correlato científico de la
ampliación geopoética del mundo que impulsaban las narraciones
literarias, cambiando las formas de percepción y de conductas
espaciales. El espacio gobernado por el deseo de movimiento, y el diseño
de un modo civilizatorio de orden espacial, se constituyó en un
problema central de la teoría y de la reflexión geográfica resultante de
una aceleración de las dinámicas de entrecruzamiento del hombre, el
espacio y los lugares practicados y deseados.
4Hoy día, el llamado giro espacial (spatial turn)
ha marcado una reorientación en el campo de los estudios sociales,
culturales y naturales, produciendo un acercamiento reflexivo de tipo
fronterizo entre naturaleza y cultura, tiempo y espacio, hombre y
entorno. Barney Warff y Santa Arias (2009), en un plano de perspectivas
múltiples, y Edward Soja (2009), David Harvey (1986) y Lindón y Hiernaux
(2010), entre otros representantes de este giro, han venido señalando
desde la geografía de bordes, la necesidad de historiar la comprensión
geográfica y de espacializar las ciencias. Se perfila entonces, un
objetivo de estudiar el espacio como una dimensión relacional y
multidimensional que ha “espacializado” las prácticas de la ciencia y de
la sociedad, cuya condición de historicidad –no continua-, según se
propone en esta investigación, parte de una reflexión genealógica cuyo
proceso instituyente se encuentra en la tradición anarquista del siglo
XIX que se abre a las tensiones multiescalares entre los imperios, las
naciones y los lugares, entre el sujeto y la geografía que practica y a
la que pertenece. De suerte que junto a la temporalidad de la modernidad
centrada en el progreso, se abre una geograficidad cuyas relaciones
convierten al espacio y al lugar, a los sujetos que lo habitan, en
testigos de excepción frente a la aparente y uniformizante fuerza del
progreso civilizatorio centrado en la razón occidental y su imagen de
mundo.
- 4 El punto crítico lo tocó D. Stoddart en “To claim the high Ground: geography for the end of the Cen (...)
- 5 En este sentido he venido realizando un ejercicio genealógico de las relaciones espacio-temporales (...)
5Este
giro ha implicado la convergencia de tradiciones disciplinarias que
rompen con el carácter tradicionalmente monológico de la ciencia. El
espacio es estudiado no como una dimensión estática o un escenario para
el despliegue de los hechos, sino que, dando un paso a un lado de esta
perspectiva, se ha roto con un aislacionismo disciplinario que implicó
en cierto modo, el estancamiento científico a tal punto, que la
geografía llegó a negarse a sí misma en sus condiciones de posibilidad y
de su propia condición de historicidad.4
El contrapunto suscitado por este giro espacial, ha motivado una serie
de perspectivas que hablan de su dinamismo teórico (Santos, 1996; Soja,
2009; Lindón y Hiernaux, 2010). Se abre de este modo un campo reflexivo
que estudia en un mismo plano las relaciones objetivas y subjetivas que
construyen o producen el mundo.5
6En
este orden de ideas, la problemática del espacio/tiempo en la
comprensión de la organización espacial, adquiere un nivel de lectura de
mayor complejidad y dinamismo. La lectura de los textos del geógrafo
francés Élisée Reclus se propone mostrar y explicar un fragmento de esa
genealogía del pensamiento geográfico del XIX.
7¿Cómo
fue posible esa reflexión de la relación espacio/tiempo en Reclus?
¿Cómo ese concepto de naturaleza compleja -a contracorriente del
discurso hegemónico-, produjo un modelo de organización del espacio
geográfico en los contextos del capitalismo y el imperialismo? ¿Qué
importancia tuvo América en la experiencia del pensador francés? Son
preguntas que articulan nuestra propuesta en función de dos aspectos
claves: I) Las experiencias del espacio los lugares en las Américas y,
II) la organización del espacio en Reclus..
Experiencias del espacio y los lugares en las Américas
8El
planteamiento de Reclus de insertar el espacio/tiempo en una teoría
social para el entendimiento de las relaciones del Hombre y la Tierra,
está contenido básicamente en la Nueva Geografía Universal, (1892), y en el Hombre y la tierra
(1913 [1905-1908]), Su visión de conjunto en la comprensión espacial
cobra actualidad cuando enfrentamos nuevos retos ante el ordenamiento
del mundo y la explicación de las relaciones suscitadas entre el hombre y
sus espacios. Como se reconoce, el espacio se estructura como una
convergencia de factores opuestos y, un producto de despliegue de
fuerzas continuas y discontinuas de ocupación y transformación.
Producción, apropiación y construcción del espacio son acciones
incesantes del hombre en el planeta.
9El
entendimiento materialista y fenoménico del espacio terrestre y el
sistema de organización del planeta que establece Reclus, es producto de
una experiencia de espacios y lugares cuyos registros iniciales, están
en otros textos anteriores o paralelos a sus grandes obras sobre los que
es conveniente detenerse. Las cartas y sus narraciones del viaje a
América conformarían un corpus heterogéneo en los que es posible
comprender, lo que Yi Fu Tuan denomina la experiencia del lugar y del
espacio (2008).
10Sus
cartas de conformidad con el desplazamiento geográfico que experimenta,
revelaran una experiencia de los sentidos visuales puestos a prueba en
el espacio vivido y practicado. En este sentido el viaje a países
periféricos de Europa como Irlanda, y sobre todo del otro lado del
Atlántico como los EEUU y Colombia, marcarían una transformación crítica
y reflexiva del entonces viajero francés. Es así como la experiencia
espacial en estos lugares, le llevará a tomar conciencia sobre las
situaciones particulares, sus diferencias y posibilidades. Surgirá en él
una empatía por la naturaleza y los desposeídos.
- 6 Vid carta a Elías Reclus, sin fecha. Desde la Plantación Fortier hermanos. New Orleans (Reclus 1943 (...)
- 7 Recordemos que Marx había convertido la Guerra Civil en un tema de estudio dada la importancia que (...)
- 8 Carta a la señora Dumesnil, Lugano, 14 de febrero de 1873 (Reclus, 1943 [1850-1905]: 125-126)
11El
viaje a Estados Unidos, significará un giro en la percepción de las
relaciones sociales, interétnicas y de poder que le plantearán todo un
problema de observación comprensión y crítica sobre un espacio
geográfico caracterizado por la oposición, la convivencia y fusión de
razas y las tensiones y convergencias de la nación. En este marco, la
idea de progreso se le mostrará como una fuerza significativa y un
producto de las relaciones del hombre con la tierra6.
La descripción de los espacios productivos de la cuenca y el Delta del
Missisipi relatados en “A Voyage to New Orleans” (2011 [1855] y (2003
[1855]), dan cuenta de esta dinámica humana en el espacio pero a la par
mostrará las tensiones que prefiguran la Guerra Civil de los EEUU.
Reclus intuirá el inicio de un movimiento geopolítico del mundo hacia el
Norte de América7.
Incluso, llegaría a apreciar años más tarde en una carta de 1873 a la
señora Dumeznil, la fuerza gravitacional creciente de los EEUU sobre
Hispanoamérica, así como el propio movimiento progresivo de estas
Repúblicas desde la “común servidumbre a la común libertad”8 organizadas por el imperativo de los flujos.
- 9 Traducido por vez primera en 1900 como Mis exploraciones en América.
12La
experiencia en el Norte de América del Sur, específicamente en Colombia
también será importante. En Rioacha describirá situaciones sociales,
étnicas y de trabajo en las que intuye contradicciones entre el porvenir
de la tierra y, las dificultades sociales que se traducen en obstáculos
a su transformación productiva. Los recursos naturales disponibles en
esas regiones eran para él ilimitados, y las condiciones materiales y
sociales de precariedad innegables, el obstáculo concreto al trabajo
transformador. Las “tristezas” de este paisaje, serán su limitante más visible como lo dirá en el Voyage à la Sierra Nevada de Sainte Marthe. Paysages de la nature tropicale.9
La naturaleza virgen es hermosa
seguramente, pero sugiere tristezas infinitas: lo que se necesita para
hacerla alegre es fecundarla. Poblándola de campos y de pueblos, milagro
que sólo los hombres trabajadores podrán realizar. (Reclus, 1900
[1861]: 223)
13El
viaje a la Nueva Granada frustrado en sus proyectos de colonización y de
exploración geográfica, significó una experiencia invaluable. Una serie
de impresiones de ese viaje que muestra el primer contacto con un
trópico diverso y heterogéneo, revelan un choque perceptivo del espacio y
una forma de resolver sus modos de abordarlo en una tensión entre el
observador y lo observado, lo homogéneo y lo diverso. Éste viaje posee
según Ortega Cantero (1992), “componentes del horizonte perceptivos” que
se construyen en la relación del hombre con la naturaleza, que se
muestra en la observación empírica en la que Reclus, descubre, “…la
realidad geográfica como un conjunto “trabado y unitario” en los que se
establecen lazos de solidaridad. El razonamiento geográfico moderno que
emerge de ésta experiencia junta el rigor, la analogía y la
subjetividad. De este modo,
Ejercitando la mirada analógica y
subjetiva, puede Reclus […] llegar a entender los nexos variados y a
menudo sutiles, que articulan unitariamente el paisaje y lo convierten
al implicar plenamente al hombre, con todas sus capacidades
intelectuales y sentimentales, éticas y estéticas, en un lugar cargado
de sentido. (Ortega Cantero, 1992: 128)
14Un
ejemplo de la observación de las tensiones étnicas y del alejamiento del
prejuicio en función de la observación sobre las condiciones de vida de
los habitantes de una zona, se recoge en la experiencia con los
Arawacos. Ésta significó un descentramiento del colonizador y de su
mentalidad occidental, un momento de empatía por los marginados como él
mismo lo señaló (Reclus, (1900 [1861]: 213).
- 10 Expresiones de ésta geopoética del espacio de promisión compartidas, pueden observarse en un vasto (...)
15América
era en el espíritu del entonces romántico viajero, un lugar de
experiencia, un espacio de libertad frente a una caduca Europa. Reclus
veía en América, en la Nueva Granada y sus “repúblicas hermanas”, un
espacio en potencia cuyo desarrollo paulatino le llevaría a futuro a
ganar un lugar entre las naciones grandes (Ibídem: 6). Esta visión de un
espacio de promisión, de un discurso que imagina una América de la
abundancia, tenía sus correlatos en la literatura americanista de Andrés
Bello, Agustín Codazzi, Juan Bautista Alberdi, Henry D. Thoreau, y
Guillermo Enrique Hudson10.
Es el momento de un cambio de percepción valorativa y de escala en la
extensión del espacio, así como de las relaciones productivas que se van
activando en el contexto de una modernidad muy particular. Esta
experiencia en los lugares periféricos le llevará a decir claramente en
una carta a su hermano Elías en 1857 que,
Todo se universaliza, y cuando
esas gigantescas compañías [empresas agrícolas en su mayor parte],
organizadas para la ganancia, se hayan extendido por la sociedad entera,
se sabrá al menos que con la unión de todos es como se hacen las
grandes cosas. (Reclus, 1943 [1850-1905]: 39-40)
16En
carta a su Madre en 1855 dirá a propósito del cambio perceptivo: “me doy
cuenta que estoy verdaderamente en otro mundo” (Ibídem: 25). Esa
experiencia de ruptura con la visión Europea del mundo uniforme, le
llevará a apreciar las diferencias existentes en el planeta, cuestión
que articulará sus futuras reflexiones científicas sobre el problema del
reconocimiento de una serie de espacios otros y de sus retos
explicativos frente a toda pretensión de homogeneidad simplista.
17Este
viaje configurará una experiencia del espacio vivido, y un viaje no
solo geográfico en términos del espacio concreto, sino también interior.
Ambas rutas crean las condiciones de un cambio dentro de los modos de
observación reclusianos; servirán de base para apuntalar la convicción
del valor cognitivo y activo de la geografía.
18De
modo que las cartas y los relatos de viaje por el Missisipi y por la
Nueva Granada, no son simplemente descripciones de un desplazamiento
diletante, sino que se constituyen en un texto narrativo abierto a la
emergencia de la imaginación científica producto de la experimentación
de otro mundo, de una concepción social y naturalista del espacio
compuesta de emergencias y rupturas en los modos de concebir y conocer
la Tierra y el hombre, interrogando, sus posibilidades de transformación
en la acción del trabajo, y la toma de conciencia sobre las
desigualdades y las posibilidades de entender la armonía del mundo como
un horizonte realizable.
- 11 Sobre la significación del proceso de institucionalización del conocimiento geográfico vid H. Capel (...)
19Estas
preocupaciones del joven Reclus se modelarán en su experiencia
intelectual al retornar a Europa y decidirse a estudiar geografía.
Humboldt y Ritter por un lado, y los emergentes ideales libertarios en
Europa, constituirán el campo formativo. Es el momento de la
institucionalización del conocimiento geográfico11,
de la expansión imperialista, las comisiones científicas, los diarios
de viajes. El movimiento iniciado en el siglo XVIII tendrá su
consolidación en el XIX; las cuatro partes del mundo se abrirán al
espíritu de aventura científico. La aventura como aprecia Georg Simmel
(2002), marcará al espíritu del hombre moderno. El viaje hacia los
espacios interiores y hacia las partes más apartadas definirá un perfil
de la geografía como empresa de descubrimiento y de reflexión conexa con
los saberes que se organizan en las sociedades de geógrafos y
naturalistas, y en las universidades. El conocimiento de los lugares se
vuelve universal. La nueva invención del espacio marcará hitos en la
percepción de distancias y la valoración de recursos. Una revolución
cuantitativa y cualitativa comienza a gestarse en los marcos del
conocimiento. El espíritu de la experimentación y explicación de los
fenómenos espaciales, formará parte de las discusiones habituales en las
comunidades interpretativas emergentes. Otras se enfocarán en el valor
estético de los paisajes nuevos.
20Para
el Reclus geógrafo, la Tierra, el espacio por excelencia, no será un
mero accidente dispuesto para la acción humana, sino que constituirá un
ámbito real de interacciones cuya escala, era posible de ser visualizada
en el mapamundi, y su contenido descrito y explicado en una Nueva Geografía Universal, a
la que por cierto, le dedicaría 19 tomos. La investigación científica
revelaba las dificultades de entender y clasificar la multiplicidad
física y humana que Reclus también veía expresada en las preocupaciones
contenidas en la obra de Humboldt. Este en su Cosmos había
tratado de explicar e imaginar la “conexión que existe entre las fuerzas
de la Naturaleza y el sentimiento íntimo de su mutua dependencia” (1944
[1845-1862]: 23).
- 12 Carta a Georges Renard. Academia de Laussanna, Clarens 2 de junio de 1888, (Reclus, 1943 [1850-1905 (...)
21En
medio del discurso geográfico naciente, podemos descubrir en Reclus la
idea de un espacio imaginado, cuya clave de porvenir, estaba en los
ideales anarquistas de transformación; en la “ayuda mutua”, un apoyo
solidario de los hombres entre sí, y luego; de respeto con el entorno
natural en una especie de prácticas del bienestar sin imposiciones. “En
su esencia, el anarquismo es tolerancia perfecta, el reconocimiento
absoluto de la libertad ajena”.12 Esta definición la redondeará en L'Anarchie
(2011 [1894/1895]), y en sus reflexiones iniciales sobre
naturaleza-sociedad en “Du sentiment de la nature dans les societés
modernes” (1993 [1866]) que son textos canónicos más conocidos y
trabajados por la crítica (Clark y Martin, 2004).
- 13 Sobre esta comunidad interpretativa vid, Luis Manuel Cuevas, Geografía y discurso libertario (2010) (...)
22El
horizonte terrestre en la imaginación geográfica de Reclus no era un
caos inevitable. Poseía en el movimiento del espacio propiciado por las
interacciones, una condición de perfectibilidad y comunión del hombre y
la naturaleza. La expresión textual más acabada de su mirada geográfica
tendrá su corolario en los seis volúmenes de El Hombre y la tierra, cuyos interlocutores inmediatos serán Bakunin, Kropotkin y Richard Heath,13
este último por cierto, había hecho del trabajo de campo en los
espacios rurales ingleses, un método efectivo para comprender
empíricamente mediante la conversación y la observación, la situación de
los campesinos y las relaciones con el medio, el resultado de sus
preocupaciones quedaría expresado en The English peasant; Studies historical, local, and biographic
(1893). El trabajo de campo con sus implicaciones de mirar, observar y
sentir, era pues el lugar privilegiado de una experiencia que rompía con
la geografía inmóvil del gabinete.
La organización anarquista del espacio en Reclus
- 14 Sobre el ideal libertario de la Anarquía (Reclus, (2011 [1894/1895]). Sobre el pensamiento anarquis (...)
- 15 Aún cuando se ha señalado los descuidos de Marx en la cuestión espacial, es indudable, que F. Engel (...)
23Podría
resultar paradójico hablar de que existe una organización anarquista
del espacio. Sin embargo, cuando se asume una premisa de esta
naturaleza, no se está ante una imagen caótica, sin ejes, sino ante un
modo de organizar el espacio que combina un ideal científico, político y
ético que centraba en el espacio (la Tierra como red de relaciones) el
ideal libertario.14
La definición de una organización del espacio en función de una
variable independiente solo centrada en el hombre como dominador, era
impensable para los anarquistas del diecinueve, quiénes veían una
necesaria interrelación hombre-naturaleza. La organización del espacio,
partía de una concepción clara de la historicidad del momento que
estaban viviendo marcado por el capitalismo y por los cambios
geográficos. Esta preocupación constante, obligó a fijar una posición
paralela y diferente a lo que los marxistas y liberales venían haciendo.15
24Desde
este particular lugar de enunciación, es posible explicar y comprender
uno de los puntos de arranque de un pensamiento espacial alternativo.
Inscrito en un campo ideológico de filiación anarquista, Reclus escribe
desde una línea discontinua frente al sistema mundo y el discurso
hegemónico que se organizó entre 1848 y 1914. Ello no significa que no
entienda los procesos civilizatorios y el factor de la violencia que se
implica en ellos, de hecho su programa de investigación, ésta articulado
sobre una visión panorámica y contrastante del reconocimiento de las
tensiones, pero también en un grado mayor, de las interdependencias. Su
pensamiento también se liga a la corriente emergente del evolucionismo.
Pero su punto de vista fundamentado en una lectura personal de las tesis
de Darwin y Russell Wallace, sigue un intento de organización espacial
que a la par de mostrar las desigualdades y la lucha, reconoce las
diferencias existentes en el mundo dentro de un horizonte que debe
apuntar a la solidaridad.
- 16 En su edición original, la Nouvelle Géographie Universelle. La Terre et les hommes, reunía 10 Vols. (...)
25En el prefacio del El Hombre y la Tierra (1913
[1905-1908]), Reclus señala su plan programático como una suerte de
finalización y de organización de un sistema cuyo proyecto, ya había
echado a andar en la Nueva Geografía Universal (1892)16. El Hombre y la Tierra
sería una obra compleja que dibuja un horizonte cuyo metalenguaje se
encuentra en la expansión creciente de las interacciones aceleradas por
las comunicaciones, la técnica y la conciencia planetaria.
[En ella, la obra, se],
expondrían las condiciones de suelo, del clima, de todo ambiente en que
se han cumplido los acontecimientos de la historia, donde se mostrase la
concordancia de los Hombres y la Tierra, donde todas las maneras de
obrar de los pueblos se explicasen de causa a efecto. Por su armonía con
la evolución del planeta. (1913 [1905-1908], Tomo 1: 1)
26En
este intento explicativo de los objetivos que persigue, el problema de
los orígenes del mundo físico y del mundo de los hombres, quedaba para
el geógrafo francés, sumido en una especie de niebla en la que solo se
podían dibujar sus siluetas humanas, “sus fuerzas étnicas”, y sus
contornos ambientales, “sus fuerzas telúricas”. Ambas magnitudes
vectoriales, impulsaban e evidenciaban, la acción combinada
hombre-tierra, cuya complejidad espacial e histórica, se mostrará en
toda su extensión global como una estructura que integra una serie de
espacios diferenciados pero también conectados. Es posible entonces,
identificar en su obra, cuatro proposiciones constitutivas del modelo de
organización y entendimiento del mundo y de la tierra.
La interdependencia o el aislamiento de los espacios y sociedades explican la unidad y diversidad en la Tierra
27Para
Reclus, la unidad de la tierra, configuraba un todo interdependiente de
naturaleza-sociedad que organizaba espacios a lo largo de procesos
evolutivos de interacción.
“…las sociedades consideradas en
su conjunto, debieron modelarse en sus orígenes según el suelo que los
sustentaba, debieron reflejar en su íntima organización los múltiples
fenómenos del relieve continental, de las aguas fluviales y marítimas y
de la atmosfera ambiente.” (Reclus, 1892, Tomo II: 527)
- 17 En tal propuesta, se construye un límite temporal sin especulaciones metafísicas (Reclus, 1892, Tom (...)
28En
este contexto tejido por relaciones mutuas con la naturaleza, los seres
humanos eran un producto del planeta y no configuraban un ente
dominador separado del medio (Ídem). Una serie de fuerzas estructuraban y
modificaban incesantemente esas relaciones de intercambio. De este
proceso sólo se podían esbozar grandes rasgos, pues aún era poco lo que
se conocía de los tiempos más remotos y de los espacios ignorados, lo
que imposibilitaba una explicación definitiva.17
En relación con la variable de los tiempos, cada proceso histórico
correspondía a cambios en el medio que eran expresión de desiguales
rasgos planetarios. Es importante para comprender este aspecto, revisar
el planteamiento contenidos en el capítulo II sobre Los medios
telúricos, de El Hombre y la Tierra (1913 [1905-1908] T. I). El
todo articulado por unidades heterogéneas estaba condicionado por un
creciente movimiento que tendía a romper el aislamiento y daba sentido a
la totalidad, al planeta.
- 18 Recordemos que para el contexto intelectual, la expansión imperialista, la emergencia de los nacion (...)
29El
sentido del desarrollo civilizatorio complejo o simple, derivado de las
fuerzas “telúricas y humanas”, venía posibilitado por el emplazamiento y
las condiciones del medio en el que se encontraba una población
modificada por el contacto producto de diversos factores de movilidad
humana. Así, los que habitaban en valles cerrados o zonas aisladas como
las selvas y bosques al “constituir el elemento conservador”, no
presentaban “una civilización compleja”, a diferencia de los habitantes
de las llanuras donde la dinámica de los cambios era más fuerte y
violenta favoreciendo el contacto y la difusión (Ibídem, 40-43, 68, 79).
Se establecía de este modo, una relación entre el lugar como espacio
habitado y sus límites, configurando dos patrones: uno de parcial
aislamiento, y otro que habilitaba la posibilidad de apertura a la
expansión. Ésta última fuerza se mostraba en la historia actual con una
creciente aceleración.18
30Reclus
para comprender el conjunto medio estático o dinámico, tomaba como
variable a la temperatura. Es así como señalará que los mapas estáticos
demostraban las formas de distribución humana en el globo. Su patrón iba
de zonas de mayor densidad en regiones templadas con riego y en la zona
tropical de alta taza de diversidad, siendo menores en los espacios
fríos (Ibídem: 42). Su visión de revaloración zonal de lo templado, lo
cálido y lo frío, se distanciaba del tradicional determinismo geográfico
al incorporar la actitud de libertad del hombre. Reclus reconocerá sin
embargo, los obstáculos a la expansión, al distinguir los lugares
calientes de los fríos, “El calor no opone, pues como el frío un
obstáculo a la extensión de la raza humana.”(Ibídem: 52). Por otro lado,
estaban los cuerpos acuáticos. Los ríos y los mares jugaban un papel
determinante aunque jerarquizado en función de su magnitud física cuya
extensión y cobertura dentro del globo, los hacía determinantes, “La
vida de los ríos obra poderosamente sobre el hombre pero ¡cuan poca cosa
es un Mississipí, un río Amazonas, sin hablar de un Rhin o de un
Escalda en comparación de las extensiones oceánicas!” (Ibídem: 103).
31Para
Reclus, las unidades de población al disponerse en un espacio abierto a
la confluencia de fuerzas, tendían a organizarse en una totalidad
condicionada por la individualidad geográfica (1913 [1905-1908] T. VI:
132). La distribución humana poseía un carácter estático organizado en
patrones estructurales y, sin embargo, susceptible de modificación. La
historia y el mapa de movimientos migratorios, así como la modificación
de fronteras, implicaban cambios y transformaciones que trastocaban esas
estructuras, cambiando constantemente las subdivisiones. Todo estadio
civilizatorio estaba atravesado por el fenómeno comunicativo. “En cuanto
dos o más grupos de individuos establecieron relaciones mutuas, comenzó
la red de las vías de comunicación”. (1913 [1905-1908] T. I: 184). Ésta
relación abría la ruta de las interdependencias.
- 19 Éste valor de la miscegenación en medio de los movimientos espaciales de la inmigración y el contac (...)
32Un
ejemplo claro de ello lo vemos al referirse a la América del Sur, esta
era, como expone Reclus, una “individualidad geográfica” con tendencia a
la unidad política y a una identificación espacial o al menos, a su
deseo de identificación regional. Pese a procedencias distintas, todos
fuera del continente -observaba Reclus-, se decían “americanos del Sud”
(sic); (1913 [1905-1908] T. VI: 134-135). Una observación clave de las
paradojas de la imaginación geográfica y los juegos de escala que la
definen en una tensión de la identidad nacional y la regional. La
tendencia federativa de unidad como real concreción frente a “las
prácticas mortales de la centralización”, estaba limitada, por las
comunicaciones. No obstante la tendencia definía una geografía política
de relaciones crecientes. La barrera comunicacional física y técnica, la
veía cambiar paulatinamente hacia una dinámica de interacciones
favorecida por el factor de miscegenación y del transporte. Reclus
llegaría a imaginar una “gran patria sudamericana” cuyo ejemplo visible
lo encontraba en el Brasil, uno de los ámbitos interétnicos más
dinámicos (Ibídem: 142).19
- 20 En tal sentido es importante consultar una carta enviada a M de Gerando, (1943 [1850-1905]: 140-141
33Por
otro lado, interacción e interdependencia, implicaban la producción y
la distribución de mercancías que tenían como motor el comercio, también
la circulación de las ideas y la difusión de costumbres. En los lugares
del pequeño comercio y los espacios mayores del comercio mundial, con
sus formas intermedias dispuestas en un caos aparente, se escondía para
Reclus, la realidad emergente de “un orden que comienza a dibujarse por
debajo” (Ibídem: 304). Compuesto de divisiones e interconexiones, este
orden, se disponía en un espacio en el que cada parte disputaba parcelas
de poder e intereses. Su opuesto dialéctico, esbozaba una tendencia
contraria a la “inter-destrucción”, esta fuerza constructiva estaba
caracterizada por un movimiento de confluencia en un cuerpo de partes
diversas, “…la interdependencia recíproca (…) acabaría por asociar a los
enemigos” (Ibídem: 394-395). Esta situación exigía, “Producción libre y
distribución equitativa para todos, tal es la resolución que exigimos
al porvenir” (Ibídem: 395). A pesar de la constitución de fronteras
físicas, políticas y morales, manifestada en las historias
territoriales, la dinámica planetaria obligaba al intercambio. La
apertura interrumpía el plácido desarrollo interno, lento, limitado y
sin solidaridad, articulando gradualmente un “engranaje mutuo (Ídem). El
intercambio constituía un motor para la organización espacial de
unidades mayores como la nación (ésta era solo una etapa hacia la gran
federación de pueblos),20
que contendría en sí, elementos heterogéneos que la hacían una
estructura cada vez más compleja que impulsa los cambios (Ibídem:
523-525). En este esquema, el movimiento de contrarios, de progresión y
transgresión, de territorialización e intercambio; activaban el
desarrollo evolutivo relativizando en cada unidad geoespacial la noción
de centralidad y de civilización. Esto impulsaría un optimismo del
conocer y de explicar esos otros mundos en función de la conocida aporía
aparentemente irresoluble de Unidad/diversidad.
¿Pero no ha llegado a ser
evidente, para los miembros de la gran familia humana, que el centro de
la civilización está ya en todas partes, en virtud de mil
descubrimientos y aplicaciones que se hacen diariamente, aquí o allá, y
se propagan en seguida de ciudad en ciudad sobre la redondez de la
Tierra? (Ibídem: 529)
34Paradójicamente
señalaba que cuando se completara el conocimiento de toda la tierra
condicionado por las interacciones crecientes, “…la gran obra geográfica
será no recorrer los países lejanos, sino estudiar a fondo los
pormenores de la región que se habita […], e indicar el papel de cada
parte del organismo terrestre en la vida de conjunto (1892, Tomo 2:
567). El conocimiento aparentemente se orientaría hacia una escala
menor, la región, pero ello, no iba en contra de la idea de totalidad
“cosmográfica”, pues estos espacios diversos cobrarían su sentido en la
unidad total del planeta tal y como la había señalado Karl Ritter en Las ciencias de la Tierra en relación a la Naturaleza y a la Historia de la Humanidad
y en el discurso “La organización del espacio en la superficie del
Globo y su función en el desarrollo histórico” (Ritter, 1988 [1850])
El desarrollo es producto de modos
diversos de relacionamiento con el medio. De la ayuda mutua y de la
racionalidad del uso de recursos y espacios depende la felicidad
35En
los esquemas tradicionalistas, el desarrollo de la civilización en sus
primeros estadios, trazaba una linealidad de la vida pastoril a la vida
agrícola, ello dejaba por fuera de ese esquema a las sociedades
americanas, una parte de África y las oceánicas que no habían pasado por
la domesticación de animales de gran envergadura. Reclus se distanciará
de ese esquema, y planteará la existencia de civilizaciones sin vida
pastoril. Sus implicaciones eran claras, la linealidad no era un
universal en el desarrollo civilizatorio, y en cada espacio, se sucedían
procesos particulares que definían otros patrones de desarrollo. A
propósito, Reclus señalará, “El desarrollo de la industria humana no se
ha realizado, pues, siguiendo el orden antes imaginado [el del esquema
lineal pastoreo-agricultura], sino que ha debido modificarse de diverso
modo según la naturaleza del medio.” (1913 [1905-1908] Tomo I: 116). Ya
que según su apreciación,
Ningún grado de civilización es
absolutamente uno, porque la misma naturaleza es diversa y las
evoluciones de la historia, especialmente determinadas, se cumplen por
todas partes de una manera diferente. (Ibídem: 120)
36Este
desarrollo múltiple y a grados diferentes, era activado por la voluntad
creadora y por los modos de trabajo que imprimía en relación con el
propio espacio habitado una característica singular. El espacio en
consecuencia, era susceptible de modificaciones económicas, políticas,
fronterizas y sociales que seguían su propio movimiento.
37La
explicación del despliegue de la civilización, se apoyaba en una lectura
de Charles Darwin y de Russell Wallace distinta al reduccionismo
establecido por la corriente de H. Spencer o de otros extremistas del
evolucionismo. Reclus rescataba dos acciones contrapuestas que
explicaban las relaciones del hombre y el medio: lucha, y “acuerdo de
existencia”. En esta última acción social y natural, radicaba la “ayuda mutua”,
sin la cual, “la vida sería imposible” (Ibídem: 130). Este concepto
radical con abundantes ejemplos, definía un primer nivel de las
relaciones humanas, en otro, las relaciones con la Tierra.
- 21 Carta a Richard Heath de 1884 (Reclus, 1943 [1850-1905]: 198-199)
38En
medio del caos aparente del mundo, la “conquista del pan” tal y como la
planteaba Kropotkin, movía una finalidad por la que luchar, ésta fuerza
no tenía como fin la apropiación egoísta, sino el ideal de solidaridad.
Reclus pensaba que “La fisonomía del planeta no alcanzará su completa
armonía mientras los hombres no empiecen por unirse en un concierto de
justicia y paz […] y pacten al fin la gran federación de los pueblos
libres.” (1892, Tomo II: 643). Este ideal explicaba la posibilidad de
concebir la interacción y el desarrollo en términos constructivos,
cuestión que observaba entre los salvajes cuyo espejo, podía servir de
ejemplo para la constitución de un espacio urbano más humano
fundamentado en la armonía de las alteridades. Para Reclus, la ciudad
podía llegar a ser un espacio de realización si se rescataba el ideal de
fraternidad, contrario al Laissez-faire del liberalismo como
lo expresaría a Richard Heath, “…no es una voluntad exterior a la
nuestra la que nos hace permanecer en la misma comunidad, sino la
conciencia de nuestra solidaridad con todos […] Cada cual es libre, y
toda ciudad sólo es libre por nosotros”.21
39La
organización del espacio, implicaba que las relaciones con el medio
imponían un compromiso con la naturaleza difícilmente soslayable, pues,
“En muchos sitios el hombre ha transformado su patria en un desierto.”
(1892, Tomo II: 633). De allí que diese una centralidad al respeto de la
naturaleza y a la responsabilidad humana. Un ejemplo lo constituirá su
referencia a los bosques inspirada en el espíritu de Perkins Marsh
(1867), quién abogaba por su protección y conservación.
Principalmente en concepto del
clima, los bosques han sido mal administrados, ó, por mejor decir, han
sido abandonados a la casualidad. Y no obstante, la Tierra debiera ser
cuidada como un gran cuerpo, cuya respiración, efectuada por los
bosques, se regularía conforme á un método científico; tiene sus
pulmones, que los hombres deben respetar, puesto que de ellos depende su
propia higiene. (Reclus, 1913 [1905-1908], Tomo VI: 266)
40El
desarrollo implicaba un modo de organizar un uso racional de los
recursos de la Tierra y de la convivencia en los espacios compartidos,
así como establecer un valor no sólo materialista de los mismos en
función de un provecho económico, sino de conciencia armónica en función
de un respeto por la naturaleza y un goce estético que acerca a Reclus
al ideal del sentimiento de la naturaleza expresado por el romanticismo.
La racionalización del espacio y el sentimiento paisajista, no estaba
reñida con la conservación del medio natural o su aprovechamiento.
La humanidad no ha hecho aún el
inventario de sus riquezas ni decidido de qué manera, debe distribuirlas
para que sean bien repartidas para la belleza, la utilidad y la higiene
de los hombres. La ciencia no ha intervenido todavía para establecer á
grandes rasgos las partes de la superficie terrestre que convienen á la
conservación del adorno primitivo y las que han de utilizarse de otro
modo, sea para la producción, sea para otros elementos de la fortuna
pública. (Ibídem: 266-267)
41En
este punto el acceso a la propiedad y su limitación en función a una
apuesta racional de su uso, era una forma de controlar el espíritu
egoísta que no tomaba conciencia de las interacciones. Reclus veía en la
concentración ilimitada de la propiedad privada y el expolio de los
recursos, un choque de intereses con el espíritu de ayuda mutua y la
conservación del medio. Los intereses de la sociedad burguesa, eran
distintos al de la sociedad en su conjunto, y en este desacuerdo, el
medio podía ser destruido al desconectarse el valor de solidaridad y la
condición de interacción que garantizaban ciertos equilibrios
interactivos del individuo-las sociedad y la naturaleza.
Progreso, libertad y armonía de contrarios son claves en la formación del espacio planetario
42¿Qué
sentido toma la palabra progreso? Este es un eje clave para comprender
la formación del espacio global y el cambio de escala de disposición
interna del todo terrestre hacia el cual apuntaban las distintas
espacialidades. Reclus dirá,
…Nuestro mundo humano se ha
desarrollado de manera que ha reunido sus grupos esparcidos en una
sociedad general cada vez más coherente, y ha formado con la tierra que
la sostiene un todo cada vez más íntimo. Eso es lo que, en su concepción
particular y subjetiva llaman los hombres el progreso. (1913
[1905-1908], TomoI: 151)
- 22 Es interesante revisar sistemáticamente ésta idea de los ritmos en el texto completo (Ibídem 322-33 (...)
- 23 Estas ideas evolutivas que implicaban un movimiento en espiral indefinido y proyectado hacia el fut (...)
43Ese
movimiento unificador de lo heterogéneo en el todo terrestre, se
disponía en “oscilaciones” que mostraban en la destrucción y la
construcción, un proceso que revelaba grados evolutivos. A
contracorriente de la tesis hegeliana de un movimiento espacial del
espíritu encarnado en las ideas que tenía su cúspide en Europa, Reclus
señalaba que el movimiento de la historia, de las relaciones del hombre y
la Tierra, no respondían a una linealidad de desplazamiento, ni a una
progresión inmanente de oriente a occidente, sino que el mundo se
disponía en focos civilizatorios opuestos con ejes particulares
(Ibídem). Estas ideas Reclus las retoma en el capítulo “Divisiones y
ritmo de la historia” (Ibídem: 301-332) cuestionando la idea de la
existencia de solo un eje del progreso como núcleo originario de los
desarrollos. De allí que la noción de ritmos y flujo de movimientos, se
dispusiese como oscilaciones “de mil pequeños ritmos locales” regulares y
recurrentes. Estos en su esquema explicativo del mundo, tendían a
acercarse y mezclarse ampliando el mundo. Para Reclus, “Hombres y
pueblos dan una vuelta y se van, pero se van para volver en un círculo
siempre mayor…” (Ibídem: 331).22 Esta tesis, tenía fuertes resonancias con las ideas de Giambattista Vico del “corsi e recorsi”
que movían la historia; una idea que Reclus consideraba bajo la
potencia del “impulso y el reposo”, de “acciones y reacciones”. Para
Reclus, toda movilidad era explicable en “el flujo y el reflujo”,
palabras todas que forman parte de la arquitectura de palabras del
discurso geográfico que manejaba en correlación con el movimiento del
mundo físico (1913 [1905-1908], TomoVI: 530-531) Esta idea
evolutiva que no se desplegaba linealmente sino en movimientos
oscilantes y en espiral, se proyectaba indefinidamente. Expresaba un
avance constante de la humanidad sobre sí misma (Ibídem: 519).23
44El
movimiento de acción y reacción que se producía al interior de los
grandes despliegues y de las fuerzas en conflicto y acuerdo en la
relación hombre-tierra, se desplaza en un horizonte indefinido; en
oscilaciones heterogéneas de acción y reacción de las cuales según
Reclus, la geometría del dibujo de su movimiento no podía dar cuenta,
pues ese movimiento, “…no puede llevar a la humanidad por la línea recta
[…[ las formas geométricas por elegantes que sean, son insuficientes
para dar una idea de las infinitas ondulaciones”(Ibídem: 531). Se
cuestionaba de ésta forma, los modelos imaginarios de la línea y el
círculo que representaban y explicaban la organización del espacio de
las grandes masas continentales y de la Tierra y sus habitantes.
45En
el tejido del espacio geográfico, era posible observar las relaciones
mutuas de bienestar, “…el progreso humano consiste en encontrar el
conjunto de intereses y de voluntades comunes a todos los pueblos; se
confunde con la solidaridad” (Ibídem: 535). En la marcha constitutiva
del orden planetario, la indiferencia por los otros no cabía, pues la
miseria no radicaba solamente en los lugares de los pobres, en la
materialidad de las condiciones de vida, sino en el egoísmo que ponía un
obstáculo al crecimiento armónico. Su contraparte era la “ayuda mutua” y
la conciencia que cobraban sentido en la relación de las partes:
hombre, naturaleza. Bases interactivas para la emergencia de la
libertad. Así dirá, “Nuestra libertad, en las relaciones que con la
tierra mantenemos, consiste en reconocer sus leyes para ajustar a ellas
nuestra vida” (Reclus, 1892, Tomo II: 527).
46La
acción humana como “conciencia” del todo, también tenía una dimensión
estética que formaba parte de su concepción integral del progreso y que
dependía del estado social y las costumbres (Ibídem: 633). Una idea de
conciencia planetaria construida a partir de la relación de escalas cuyo
contrapunto eran la Tierra y los lugares (1913 [1905-1908], Tomo VI:
546). En este punto es importante para Reclus tomar conciencia de la
idea de belleza de la naturaleza contenida en el espacio en tanto que
dependiente de la acción humana. Ésta idea se remonta a la reflexión
sobre “Du sentiment de la nature dans les sociétés modernes”. En este
texto, se desprende una relación sensual en términos del valor de la
imaginación, pero también de la condición material que reconfigura el
puesto del hombre en el planeta en términos de una ética naturalista.
La evolución de la humanidad se
une de la manera más íntima con el la naturaleza. Se establece una
secreta armonía entre la tierra y la gente que se alimenta de ella, y
cuando las sociedades imprudentes se dejan meter mano en lo que hace a
la belleza de su zona, siempre terminan en arrepentimiento. Donde el
terreno es feo, donde toda la poesía ha desaparecido del paisaje, la
imaginación se apaga, los espíritus están empobrecidos, la rutina y el
servilismo se apoderan de las almas y vienen el letargo y la muerte.
(Reclus, 1993 [1866]: 13)
47La
relación del hombre con la naturaleza tiene entonces una dimensión
estética que supone una preocupación por el paisaje, “Porque el hombre
da su alma a la naturaleza, y conforme a su propio ideal, embellece y
diviniza la tierra, o la vulgariza, la hace fea, grosera, repugnante”
(1913 [1905-1908], Tomo VI:: 499)
48Como vemos, la indagación causal y fenoménica expuesta en El Hombre y la Tierra,
esbozada también en sus escritos anteriores, constituye todo un
esfuerzo de ordenamiento y explicación de un proceso geográfico que
trataría de hacer inteligible la dinámica que lo asistía, sus leyes y
sus contingencias. El sistema causal podía reducirse a dos esferas que
se implicaban entre sí: las fuerzas humanas y las fuerzas naturales. En
su despliegue, apuntaban a un fin: la construcción de una sociedad
nueva, de una anarco sociedad sensible y activa en la geografía del
mundo.
49Esta
visión teleológica del progreso como un todo articulado
hombre/naturaleza, constituye su utopía, su percepción de lo por-venir.
No es casual pues que Reclus junto a Nettlau, auspiciasen la publicación
de textos utopistas, como por ejemplo, el de Joseph Déjacque, El Humanisferio. Utopía anárquica
(1927 [1858/1859, 1899]). Este anarquista sostenía la idea de una
“Patria Universal”, que no reconocía ni fronteras ni límites. Llegó
incluso a plantear que la humanidad podía concebirse como materia del
cerebro del planeta. Para él, todo gravitaba hacia el progreso, que
trasformaba la tierra, mediante la acción solidaria en comunidad y, en
el dominio de la técnica.
50Ese
movimiento se traducía en tres etapas de Humanisferio: el comunal, el
continental y el universal. El Humanisferio se caracterizaba por una
distribución espacial de asociaciones que entrecruzarían el mundo en una
suerte de intercambios libres que unidas en una república social
(federada), organizaban el globo como un todo propiciando una
convivencia armónica (1927 [1858/1859, 1899]: 32, 116-117).
51En
medio de este imaginario de ideas anarquistas compartidas, Reclus
explicaría la formación y organización del espacio en torno a otras dos
fuerzas: la de la “lucha” y “unión” que giraban dialécticamente a partir
del principio de armonía de los contrarios cuyo horizonte de vida no se
restringía al hombre, sino a todo el globo, es decir, “…formando cuerpo
con el planeta mismo” (1913 [1905-1908], Tomo VI: 546). La
“coordenación” (implicación) como señala Reclus, era deseable en plano
de la conciencia moral y práctica de los ritmos de la vida que suponían
un acuerdo entre tensiones.
52“El
acuerdo existente entre el globo y sus moradores se compone al par, de
analogías y contrastes: como todas las armonías de los cuerpos
organizados dimana de la lucha lo mismo que de la unión, y no cesa de
oscilar alrededor de un centro de gravedad variable.” (1892, Tomo II:
527).
53Al
no ser enteramente determinado en función de opuestos absolutos, el
progreso, obedecía a manifestaciones de origen múltiple y cada
oscilación en la tesis de Reclus, apuntaba a una nueva progresión de
carácter evolutivo que implicaba objetivamente al hombre con su entorno,
y subjetivamente, un sentimiento de pertenecer a la naturaleza. Focos
diversos y contactos, hacían posible un orden en la Tierra. La capacidad
adaptativa de una unidad de población era en consecuencia, una
expresión de luchas y acuerdos en los ámbitos de la sociedad y la
naturaleza física. Se abría un abanico de posibilidades de progresión de
desarrollos que explicaban lo diverso cuya tendencia, no radica en su
“petrificación”, sino que apuntaba cada vez más a una articulación de
espacios en el todo que se imbrica en los tres gestos del tiempo,
pasado, presente y futuro.
Todo espacio marcha de forma
paralela al tiempo, y en ésta relación, radica su materialidad y la
posibilidad explicativa de los cambios
54Espacio
y tiempo, geografía e historia implicadas entre sí, constituían
dimensiones que explicaban las interacciones hombre-tierra. En este
sentido, Reclus, a partir de una idea de totalidad del espacio,
convertirá la relación Hombre-Tierra en un texto susceptible de ser
observado, leído y estudiado en su condición dinámica y organizativa; es
decir temporalmente condicionada, al respecto dirá, “El tiempo modifica
incesantemente el espacio “(1913 [1905-1908], Tomo I: 111). La acción
humana transforma el entorno pero también está indisolublemente ligada a
él, a la condición geográfica.
55La
separación naturaleza-cultura y el rechazo a los “valores vitales” que
sería planteada por el neo-kantiano Heinrich Rickert, no tenía cabida en
una concepción totalizante como la de Reclus. De ahí su rechazo a la
artificialidad de la construcción de ámbitos contrapuestos y separados
por los saberes de manera compartimentada. En su propuesta, se planteaba
una concepción del mundo que apuntaría a una articulación
hombre-naturaleza; “¿No ha dicho Herder, hablando de la fisiología, que
es anatomía en acción? ¿No puede también decirse que el hombre es la
naturaleza formando conciencia de sí misma?” (Ibídem: 4).
56.
La historia era producto de las relaciones naturales vista como un todo,
geográfico, humano, histórico, físico. En este sentido, podemos
observar que la tierra y el hombre constituían interacciones que
explicaban su organización y sus procesos de orden y cambio. La
bidimensionalidad, se expresaba en un espacio habitado en temporalidades
cambiantes; un espacio histórico que refería a otra duración mayor que
remitía a la misma historia natural, a la formación física de la Tierra.
Esto implicaba un reto a la periodización que planteará en EL Hombre y la Tierra.
¿Y cómo podría dividirse
claramente la historia en cortes de duración, teniendo como trazado y
superficie de aplicación la tierra misma con todas sus desigualdades,
todos sus elementos fundamentales repartidos sin orden visible, relieve,
rocas, climas, flora, fauna? La vida no se recorta en fórmulas.
(Ibídem: 320)
57La
experiencia humana y la naturaleza en ese espacio históricamente
producido, implicaba una acción correlativa en tiempo/espacio. El
planteamiento de organización espacial en consecuencia no debía disociar
el binomio, sopena de traicionar en las partes, lo que la
constituía un todo constituido en su historicidad y en su dimensión
material. Así lo señalará en el Prefacio de EL Hombre y la Tierra.
La observación de la tierra nos
explica los acontecimientos de la historia, y ésta nos hace volver a su
vez hacia un estudio más profundo del planeta, hacia una solidaridad más
consciente de nuestro individuo, tan pequeño y tan grande a la vez, con
el inmenso universo. (Ibídem: IV)
58La
organización del hombre en la tierra constituía un mundo construido a
partir de fuerzas de evolución e involución, tal era el movimiento de
las revoluciones (Reclus, 2004 [1902]. Un concepto en plena
correspondencia con la idea de flujos y reflujos. Reclus establecía una
serie de acontecimientos que clasificaba en categorías explicativas,
referentes al desarrollo desigual de las colectividades humanas,
cuestión observable en todo el mundo y correlativa a la diversidad
determinada por los lugares. El segundo “hecho colectivo” lo inscribía
en los marcos dialécticos de la injusticia y la justicia que veía como
motores oscilantes, cuyas expresiones más notorias, eran las guerras,
los conflictos sociales y las revoluciones, cuya comprensión nuevamente
colocaba en “las condiciones del medio y la energía de las iniciativas
individuales.” (1913 [1905-1908], Tomo I: III). El tercer grupo se
refería a la movilidad del hombre en la historia, cuya realización no
podía disociarse del medio e implicaba un motor del cambio. “El
equilibrio de una sociedad sólo es instable por la dificultad impuesta a
los individuos en franca expansión” (ídem). Esas dificultades venían
dadas por el medio y la capacidad adaptativa. De esta confluencia se
explicaba el proceso de transformación creadora. “…del hombre nace la
voluntad creadora que construye y reconstruye el mundo.”(Ibídem: IV).
Esta dinámica se traducía en constitución de divisiones inicialmente
fragmentadas para pasar a unidades más amplias que configuraban un
cosmos de interconexiones. El ritmo de la marcha del hombre con el medio
tendía a formar una sociedad libre producto de una “lucha de clases” o
de “acuerdos” que revelaba una “geografía social”, base para descubrir
ciertas leyes de su organización.
59El
discurso contenido en la obra de Reclus revela procedimientos narrativos
y prácticos de la construcción de una idea del espacio caracterizada
por la construcción de una conciencia de la Tierra, y por la potencia y
la acción de un habitar transformador. En su estudio, el tiempo y el
espacio permiten organizar los modos de ver el mundo. Estas dimensiones
son en este sentido, marcadas por la vida, relatadas y construidas por
el movimiento, por la acción humana observable y constatable en las
evidencias (acontecimientos y signos de relación) que había logrado
reunir desde sus observaciones primarias del viaje a América, expresadas
en sus profusas correspondencias y el las narraciones de viaje hasta
sistematizarse en los dos grandes monumenta, El Hombre y la Tierra y la Nueva geografía universal. La tierra y los Hombres
en el que incorporaba una gran red de información proveniente de los
viajeros y de los informes científicos de las sociedades geográficas En
este plano de comprensión, llegará a decir que, “La geografía histórica
concentra en dramas incomparables, en realizaciones espléndidas, todo lo
que puede evocar la imaginación. (1913 [1905-1908], Tomo I: III)
60Cuestionar
los lugares comunes y los olvidos que envuelven la obra de Élisée
Reclus, implica reconocer el pensamiento de un geógrafo que realmente
planteó las relaciones entre espacio y tiempo como esenciales para la
comprensión en la organización del espacio geográfico, abriendo así
horizontes a la ciencia geográfica inscrita no en un compartimento
disciplinario, sino abierta a los bordes de los contactos entre saberes.
61El
discurso de Reclus, implicó una experimentación de los lugares y del
espacio, y una observación de segundo orden que se organizaba en un
plano de conciencia crítica. Es decir, de investigación directa en la
recopilación de datos, y de su reflexión y explicación dispuestas en una
lconstrucción de una idea de organización del espacio dinámica, en el
que el tiempo y el espacio, se encuentran para dar forma a una
concepción de la Tierra. La imagen y representación de una Geografía
Universal derivada de estas operaciones, mostraba los movimientos
oscilatorios, multifocales, tendentes a la organización de un todo
planetario. Este orden no negaba el movimiento de flujos y reflujos
cuyas dinámicas explicaban el progreso.
62En
este sentido, el texto de geografía como proposición de lectura de lo
universal cumplía una función social, organizaba el mundo en una
escritura que se constituyó en un intento de reducción de la complejidad
en términos de tiempo/espacio ganando no una visión parcial, sino
articulando la reducción en unidades de explicación plurales cuyo eje,
era el hombre y la Tierra. El procedimiento de Reclus narra a partir de
prácticas científicas de descripción y explicación, organiza un
movimiento que arranca desde un caos a un orden constituido por
progresiones evolutivas caracterizadas por contactos, luchas y acuerdos.
Su posición anarquista que no se puede soslayar, sopena de
simplificar su lugar de enunciación, pasa de una concepción de opresión
del espacio tiempo condicionada por el movimiento del capitalismo, a su
transformación y liberación en una suerte de nueva configuración de lo
Universal bajo los ideales de la “ayuda mutua”.
63Cuando
nos acercamos a las formas de comprensión del espacio y a un modo de
organización del mismo en función de una dialéctica de avances y
retrocesos, vemos el panorama abierto del siglo XIX a través de la obra
geográfica de Reclus. ¿Qué nos interesa de esa obra? ¿Su pasado o su
presente? ¿Su petrificación o su olvido? ¿Su consideración en un momento
de la historia de la constitución de la ciencia geográfica? O, ¿su
posibilidad de mostrar en la distancia, un modo de dialogar con el
mundo?
64El
lector del presente enuncia un reencuentro crítico en el que se afirma y
se traiciona, -como señalaba Derrida-, el espíritu de un autor. La
ciencia social, la ciencia geográfica debe negociar su diálogo con el
pasado y con el presente, con lo por-venir. En este sentido la
tradición anarquista constituyó y constituye, un modo de decir, de
comunicar la relación del hombre en la Tierra, en el espacio/tiempo
plural. Esto produjo un modelo de reflexión científica en el que el
conocimiento de la Tierra no era solamente exterioridad ha ser descrita,
sino también, un complejo construido a partir de prácticas de clara
incidencia en la materialidad, en la imaginación geográfica y, en la
comunicación de un ideal con posibilidades de explicar y construir un
mundo mejor.
65La
organización del espacio implicó entonces una práctica científica, y un
modo de ver y de experimentar el espacio dentro de un compromiso
libertario, de racionalidad de la situación histórica del hombre y de la
comprensión de las fuerzas “telúricas” dentro de una concepción
totalizante en función del espacio planetario, “sea cual fuere la
facilidad de acción conquistada con nuestra inteligencia y nuestra
propia voluntad, no dejamos de ser un producto del planeta”(1892, Tomo
II: 527).
66En
la idea de Reclus, el espacio, la Tierra, era un multiproducto de
fuerzas naturales y humanas cuyo despliegue histórico destruía y
construía una nueva fase evolutiva. La utopía final de la organización
espacial era la armonía, la solidaridad, el humanisferio soñado
por Déjacque. Las partes se orientaban en un movimiento progresivo
hacia un todo que implicaba una estructuración centrada en una idea de
progreso, entendido este, a contracorriente con las ideas que el
positivismo y el imperialismo europeo acuñaría en el diecinueve. Para
Reclus se trataba entonces de:
Coordenar los continentes, los
mares y la atmósfera que nos rodea, cultivar nuestro huerto terrestre,
distribuir de nuevo y regular los ambientes para favorecer cada vida
individual de planta, de animal, de hombre, adquirir definitivamente
conciencia de nuestra humanidad solidaria, formando cuerpo con el
planeta mismo, abarcar con nuestra mirada nuestros orígenes, nuestro
presente, nuestro objeto próximo y nuestro ideal lejano, he ahí en que
consiste el progreso. (1913 [1905-1908] Tomo VI: 546)
67El
espacio terrestre se convertía en una categoría cuya posibilidad se
activaba en la experiencia de los lugares y de las magnitudes que se
representaban en la conciencia planetaria de las redes de flujos y
reflujos. Su obra se explicaba en la narración científica y apasionada,
en la política y la conciencia de la tierra en tanto que espacio/tiempo
ha ser usado y conservado. El espacio era multiplicidad y conflicto, era
también sentido ontológico radical de solidaridad y, ámbito de
liberación frente a la injusticia. Por todo esto, como decía Milton
Santos, "la actividad intelectual nunca es cómoda", por ello, se puede
volver a la lectura de Reclus en un juego de tiempos y espacios conexos.
Este acto moviliza al lector del tiempo-espacio presente.