1Reflexionar sobre las dinámicas que abarcan como un ‘todo’ el campo y la ciudad, lo rural y lo urbano exige, a priori,
plantear la reproducción social en el espacio y en el tiempo, en la que
conjugan una diversidad de elementos, acciones y procesos que se
articulan, se contradicen y actúan en múltiples escalas en un movimiento
dialéctico continuo.
2Una
tarea que se ha desarrollado con intensidad en las distintas áreas de
las Ciencias Humanas y Sociales en las últimas décadas, con el objetivo
de analizar las profundas transformaciones que el espacio ha tenido, a
medida que el sistema de producción capitalista le ha agregado nuevos
contenidos y formas.
- 1 Karel Kosik, 1989, p. 42- 50.
3En
este cometido, existe una gama de enfoques que pone énfasis en las
ideas que, de una o de otra forma, defienden la comprensión de la
producción del espacio a partir de una ‘totalidad concreta’ y a la vez
dialéctica, en la que además de la interacción y conexión de las
‘partes’ entre sí y con el ‘todo’, este ‘todo’ se crea y recrea en la
interacción de sus partes. Esto es así, porque la totalidad concreta no
es un ‘todo’ acabado cuyas ‘partes’ se rellenan con sus calidades,
contenidos y relaciones, sino también la creación del ‘todo’1.
- 2 Miriam Zaar, 2015, p. 25 (a).
4Un
concepto metodológico, cuyo origen remite al filósofo alemán Georg
Friedrich Hegel y que recibió importantes contribuciones durante los
siglos XIX y XX. El geógrafo Élisée Reclus lo concibió al aprehender el
mundo como un sistema complejo formado por elementos, ‘partes’ de un
‘todo’ sustentado por interrelaciones continuas que evolucionan en una
doble dimensión, en el “plan sincrónico” (medio-espacio) y en el “plan
diacrónico” (medio-tiempo)2.
- 3 Karl Marx y Friedrich Engels, 1986, p. 27 y 28.
5Por
otra parte, Karl Marx en un diálogo con Hegel, en el que formuló el
materialismo histórico, defendió la tesis de que la relación de los
hombres con su medio natural condiciona las relaciones de los hombres
entre sí, y, viceversa, la relación de hombres entre si condiciona las
relaciones de los hombres con su medio natural3.
6Conceptos
de los que derivaron muchos otros, relacionando la producción del
espacio, en cuanto práctica social, con la reproducción de la sociedad. Así, por ejemplo para Manuel Castells:
- 4 Manuel Castells, [1972], 2011, p. 181-182.
O
espaço é um produto material em relação com outros elementos materiais –
entre outros, os homens, que entram também em relações determinadas,
que dão ao espaço (bem como aos outros elementos da combinação), uma
forma, uma função, uma significação social. Portanto ele não é uma pura
ocasião de desdobramento da estrutura social, mas a expressão concreta
de cada conjunto histórico, no qual uma sociedade se especifica4.
7Esta
es la razón, porque el espacio convertido en medio, condición y
producto de las relaciones sociales, adquiere peculiaridades que se
reproducen y se superan continuamente en función de las dinámicas
socioeconómicas que rigen los períodos históricos, y en las que se
incluyen las prácticas y las ideas de lo que actualmente entendemos por
ciudad y campo, por lo urbano y lo rural.
8Es
desde este movimiento que la reproducción de la sociedad conduce a la
producción del espacio, en el que se crean y recrean formas y contenidos
cuyas funciones son, a la vez, producción de bienes y mercancías, y
reproducción de la vida cotidiana. La ‘apropiación del espacio’ y la
producción y reproducción del territorio encierran, en su esencia, un
proceso contradictorio que impulsa nuevas configuraciones territoriales
en las que están presentes tanto las continuidades y discontinuidades,
como la integración y la fragmentación, el diálogo y la indiferencia
entre las porciones de una misma unidad, o entre diferentes unidades
espaciales.
9Una condición que nos remite a la caracterización que Ana Fani Carlos hace cuando afirma que
- 5 Ana Fani Carlos, 2016, p. 68.
A
produção do espaço enquanto produto social é produto histórico e, ao
mesmo tempo, realidade presente e imediata. Esta se realiza no cotidiano
social e aparece como forma de ocupação e/ou utilização de determinado
lugar, num momento específico – revelando a dimensão do lugar como
espaço-tempo da prática sócio espacial5.
10En
este proceso local y a la vez global, gran parte de los flujos locales
son sustituidos por otros que abarcan ámbitos más amplios. Las clásicas
relaciones entre la ciudad y el campo, basadas en la división técnica,
social y territorial del trabajo, se intensifican y se hacen más
complejas, de modo que los elementos que integran sus formas espaciales
se imbrican y se sobreponen en diferentes ámbitos.
- 6 Mª. Encarnação Sposito, 2016, p. 135. Traducción de la autora.
11Estamos,
por tanto, ante una dinámica que conlleva la perdida de las referencias
que establecen los límites de las unidades espaciales. Esto ocurre en
función de las interacciones espaciales, ya que no es posible concebir y
delimitar la ciudad actual como una unidad, sino analizarla “como un
espacio abierto, desde el punto de vista de las formas y del flujo,
desde el punto de vista objetivo y subjetivo, desde el punto de vista
concreto y abstracto”6.
12Este
nuevo contexto exige un replanteamiento de las metodologías aplicadas
al estudio del territorio, ya que las que se venían empleando y que en
algunos casos todavía se consideran válidas, se presentan insuficientes
para la comprensión de un fenómeno que aprehende múltiples elementos y
dimensiones articulados en el tiempo y en un espacio multiescalar, y que
confiere al territorio, una complejidad que se presenta como un desafío
a los investigadores del tema.
13Para
esta reflexión se parte de planteamientos realizados durante los siglos
XIX y primera mitad del siglo XX, en los que la dualidad ciudad-campo
aparece de modo explícito en diferentes estudios urbanos realizados a lo
largo de este período y que reflejan las funciones que estos espacios
desempeñaban en la reproducción socio económico de los territorios.
- 7 Expresión concebida por Milton Santos.
- 8 Karel Kosik, 1989, p. 35.
14A
continuación, y desde un contexto global, en que la difusión
tecnológica e informacional y el proceso de restructuración productiva
intensifican los flujos e impulsan nuevas dinámicas socioeconómicas que
diluyen, e incluso suprimen la supuesta oposición campo-ciudad, se
elabora una discusión metodológica hacia la investigación de un
territorio más dinámico y por lo tanto más complejo. Para esto, se parte
de un planteamiento que reconoce la existencia de un ‘espacio
geográfico híbrido’7
y se da prioridad al estudio de las reproducciones socio-espaciales a
partir de una ‘totalidad’, entendida como un ‘todo dialéctico’, en el
que conjuntos de hechos pueden llegar a ser racionalmente comprendidos8, y en el que elementos interdependientes y a la vez contradictorios interaccionan en el tiempo y en el espacio.
15Las
concepciones dicotómicas sobre ciudad y campo remiten a las primeras
fases de la Revolución Industrial. Hasta entonces, estos ámbitos no eran
asimilados bajo este parámetro.
- 9 Lewis Mumford, 1957 y 1966.
16Algunos
trabajos, como los de Lewis Mumford y Jane Jacobs corroboran esta
afirmación al señalar que el origen de la agricultura estuvo vinculado a
las aldeas y a las ciudades. Para Mumford en las pequeñas aldeas de las
últimas fases del Neolítico, hace aproximadamente 15 mil años, ya se
vislumbraba el aprovisionamiento doméstico con reproducción de plantas y
la cría de animales. Un proceso que, según el mismo autor, se prolongó
hasta la Edad Media, cuando, a excepción de algunos centros
congestionados, la ciudad formaba parte del campo9.
17Jacobs
defiende la tesis de que las actividades rurales se engendraron en las
ciudades. En éstas, la agricultura habría sido solamente una fracción de
una economía mucho más amplia. Conforme la autora, la razón de la
transferencia de la agricultura a los ámbitos extra urbanos, ocurrió en
función de la escasez de terrenos urbanos y de la necesidad de áreas más
extensas para la cría de ganado10.
- 11 Julio Caro Baroja, 1966, p. 195.
18Estas
interpretaciones se aproximan a los análisis que aluden a las edades
Media y Moderna, cuando el espacio intramurallas, contemplaba una gran
cantidad de huertos. En un estudio de los planes urbanísticos de Madrid
del siglo XVII, realizado por Miguel Molina Campuzano, se observa cómo
en el interior de sus trazados urbanos, se contemplaba, además de la
vivienda, huertos y extensiones sin edificar11.
19Pero
este contexto fue despareciendo gradualmente en casi todas las
ciudades, a medida que nuevas lógicas urbanísticas promoviesen su
densificación. También coadyuvaron de modo significativo, las profundas
alteraciones por las que pasaron las prácticas agrícolas a través del
uso de fertilizantes y otros mecanismos, que se por un lado,
posibilitaron el aumento de la productividad y consecuentemente de la
producción, por otro produjeron importantes consecuencias
socio-espaciales, alejando del ámbito urbano las actividades agrícolas y
alterando la dinámica que aproximaba al hombre urbano a la naturaleza,
contribuyendo de modo significativo a que se estableciera una separación
entre las actividades urbanas y las rurales y se delimitasen las
funciones ejercidas en la ciudad y en el campo.
20Para
la elaboración de este análisis se parte del contexto histórico vigente
en el siglo XIX, cuando, en los países capitalistas avanzados, la
yuxtaposición regional de la industria y de la agricultura, organizada a
través de complejos territoriales que abarcaban anillos agrícolas
proveedores de alimentos, materia-primas y mano de obra barata a los
centros industriales, estaba profundamente imbricada en las conexiones
ciudad-campo.
21Se
remite, por lo tanto, a un vínculo ciudad-campo que, basado en la
división regional del trabajo, se expandió a medida que la
estructuración regional y la “acumulación primitiva” marcaban los
orígenes del capitalismo, y que tuvo continuidad en la era del
imperialismo (1880-1914) y con la ascensión de los monopolios y
oligopolios empresariales, en una estructura caracteriza por las
relaciones centro-periferia.
22Un
contexto en el que, aunque no existiese una preocupación formal en
definir lo rural, ya que este, casi siempre era tratado como residuo de
lo que todavía no era urbano, muchos autores se proponían defender la
contraposición entre ciudad y campo, basados inicialmente en criterios
fundamentados en las primeras divisiones del trabajo, en las que se
destacaba la separación entre el trabajo intelectual y manual.
- 12 Karl Marx y Friedrich Engels, 1986, p. 77-79.
23Karl
Marx y Friedrich Engels, interpretaban la separación entre la ciudad y
el campo como la forma más preeminente de división entre el trabajo
intelectual y material. Para ellos, la ciudad constituía el locus
de la concentración de la población, de los instrumentos de producción,
del capital, de los placeres y de las necesidades, mientras que el
campo evidenciaba lo opuesto, el aislamiento, y la dispersión. Entendían
igualmente que la separación entre la ciudad y el campo podría
concebirse también como la separación entre el capital y la propiedad de
la tierra, como el comienzo de una existencia y de un desarrollo del
capital independiente de la propiedad de la tierra, como el inicio de
una propiedad basada en el trabajo y en el intercambio”12.
- 13 Henri Lefebvre [1968], 1991, p. 28-29.
24Ideas
que, vigentes entre los marxistas del siglo XX, fueron así
interpretadas por Henri Lefebvre: mientras a la ciudad le incumbe el
trabajo intelectual – funciones de organización y de dirección,
actividades políticas y militares, elaboración del conocimiento
científico (filosofía y ciencia) – que trae las imágenes del esfuerzo,
de la voluntad, de la subjetividad, de la razón, sin que estas
representaciones se distancien de las actividades reales; por su parte,
el campo es, al mismo tiempo, realidad práctica y representación, que
traen las imágenes de la naturaleza, del ser, del original13.
25Volviendo
al siglo XIX, origen de nuestro análisis, se observa que en función de
las transformaciones que venían produciéndose en la ciudad industrial en
su último tercio, hubo muchas tentativas de formular argumentos que
definiesen la ciudad y el campo, algunos a partir de sus actividades, y
otros basados en los valores y en el comportamiento que caracterizaban
citadinos y campesinos.
26Algunas
de estas definiciones, razonadas desde parámetros como la densidad
demográfica y las actividades económicas, hicieron hincapié en la
supuesta oposición que caracterizaba la ciudad y el campo. Estas fueron,
por ejemplo, las posturas de Ferdinand von Richthofen, Friedrich Ratzel y Marcel Aurousseau publicadas en el siglo XIX y en las primeras décadas del siglo XX, respectivamente.
- 14 Jacqueline Beaujeu-Garnier y Georges Chabot, 1970, p. 27 y 28.
27En el transcurso del siglo XIX al XX, Ferdinand von Richthofen (1833-1905), geógrafo y geólogo alemán, se ocupó de precisar la
ciudad como una agrupación cuyos medios de existencia normales
consisten en la concentración de formas de trabajo que no están
consagradas a la agricultura, sino particularmente al comercio y a la
industria. También, las definiciones de Friedrich Ratzel en su obra Anthropogeografía
(1882), hacían alusión a la ciudad y al campo a partir de algunos
aspectos antitéticos, como: a) las actividades practicadas en las
aldeas, basadas en la agricultura y en la ganadería, ante las realizadas
en las ciudades, basadas en la industria y en el comercio, y b) la
estructura de las viviendas, individuales en los pueblos y concentradas
en las ciudades14.
28Algunas
décadas más tarde, corroborando y ampliando las caracterizaciones de
los autores anteriores, Marcel Aurousseau afirmó en 1921 que:
- 15 Marcel Aurousseau, 1921; apud Robert Dickinson, 1961, p. 42.
rurales son aquellos sectores
de población que se extienden en la región y se dedican a la producción
de los artículos primarios que rinde la tierra; los sectores urbanos, en
cambio, incluyen a las grandes masas concentradas que no se interesan,
al menos en forma inmediata, por la obtención de materias primas,
alimenticias, textiles o de confort en general, sino que están
vinculadas a los transportes, a las industrias, al comercio, a la
instrucción de la población, a la administración del Estado o
simplemente a vivir en la ciudad15.
29Criterios
que, ampliamente difundidos, fueron desarrollados por otros estudiosos
del tema. Max Weber señaló para la ciudad otra atribución fundamental,
la organizativa. Aludió a que la
ciudad puede adquirir esta acepción, bajo diferentes criterios, tales
como a) una aglomeración dotada de una identidad y por lo tanto de unos
condicionamientos culturales; o b) desde una perspectiva puramente
económica, ya que la mayor porción de sus habitantes viven de la
industria y del comercio y no de la agricultura. En esta última
condición, la ciudad aparece en la calidad de “lugar de mercado” por sus
intercambios comerciales regulares, pero igualmente como “ciudad de los
productores” (industrias de manufacturas y artesanales), o “ciudad de
consumidores”, constituida principalmente por nobles rentistas,
funcionarios y políticos.
- 16 Max Weber [1958], 1987, p. 3-11.
30Pese
a estas definiciones, Max Weber también se refirió a “la ciudad de
ciudadanos del campo”, en la que coexistían lugares de comercio, de
oficios típicamente urbanos y “una amplia capa de ciudadanos que
satisfacía sus necesidades alimentarias a través de una economía propia
que con frecuencia producía excedentes para vender”. Una condición, que
según el autor, era muy común en la Antigüedad en la que el ciudadano de
pleno derecho era propietario de una tierra que lo abastecía, por lo
tanto, ‘un ciudadano del campo’, y que se volvió contradictoria en la
coyuntura urbana del siglo XX16.
31A
inicios de la década de 1960, Robert Dickinson, al caracterizar las
ciudades como "núcleos de poblamiento compacto, dedicados principalmente
a ocupaciones no agrícolas y cuya principales actividades se basan en
los servicios", dejaba implícitas las características y el rol reservado
al campo:
- 17 Robert Dickinson, 1961, p. 41.
el
rasgo peculiar de la ciudad se deduce del modo de vida y de las
actividades de sus habitantes; difiere del pueblo en la dedicación de su
población, no ligada de forma directa a las faenas agrícolas, que vive y
labora en el organismo urbano tomando parte de su vida y organización
(...) El carácter de verdadera ciudad implica la posesión de cierto
grado de servicios y organización de la comunidad en forma más o menos
equilibrada. Como tal es objeto de abastecimiento por parte de una zona
que incluye a todos los habitantes de los núcleos y regiones de los
alrededores (…) El agrupamiento de servicios centralizados en todo el
núcleo concentrado constituye el rasgo más característico de la ciudad
y, en un grado superior, el sello peculiar de la capital17.
32Aunque también afirmó en algunas páginas posteriores, que en los últimos cien años
- 18 Robert Dickinson, 1961, p. 73.
han
tenido lugar cambios profundos en la estructura social de mundo rural y
en sus relaciones de éste con la ciudad. La comunidad rural se ha visto
afectada considerablemente por el crecimiento y concentración de
servicios en los pueblos o pequeñas ciudades de los alrededores.
Igualmente lo han sido los cultivos del campo ante el impacto de los
modos de vida urbanos. En las proximidades a las grandes aglomeraciones
urbanas se transforman las condiciones y los modos de vida rurales
alterando el equilibrio de su sociedad. Tan estrechamente ligados están
la ciudad y el pueblo en sus mutuas relaciones que, de hecho, no puede
establecerse una distinción neta entre los modos de vida urbanos y
rurales18.
- 19 Georg Simmel, 1903 apud Françoise Choay, 1970, p. 505-520.
33Vinculados
a las corrientes que analizan la ciudad y el campo a partir del modo de
vida de sus habitantes, y cuyo origen podrían ser las obras de Vidal de
La Blache, el estudio de las ciudades desde la cultura urbana tuvo, por
parte de sociólogos y economistas, muchos intentos de definir lo
urbano, contraponiéndolo a lo rural. Así el filósofo y sociólogo alemán
Georg Simmel destacó, en el inicio del siglo XX, que el vínculo con el
dinero y las transacciones comerciales, a la vez que estimulaban la
abstracción y favorecían el desarrollo intelectual en las ciudades,
influían en la personalidad y en modo de relacionar-se con los demás
urbanitas. Subraya que ante la libertad que la ciudad ofrece, se
produce, en la misma, una actitud de reserva y de soledad, como
resultado de la generalización y despersonalización de los vínculos
humanos y sociales19, cualidades inversamente proporcionales a medida que el entorno rural se hacía presente.
- 20 Louis Wirth, 1938, p. 1-27, apud Manuel Castells [1972], 2011, p. 127-140.
34El
cuestionamiento de la indiferencia y la incomunicación en las ciudades y
la idea de las ‘culturas urbanas’ fueron retomados por los
culturalistas de la Escuela Sociológica de Chicago, bajo la influencia
de Robert Park. Louis Wirth, uno de sus principales integrantes, señaló
como el aislamiento social, el anonimato, la segmentación de los papeles
desempeñados y la especialización funcional, los vínculos sociales
caracterizados por la superficialidad, la debilitación de los lazos
sociales y estructuras familiares, el predominio de las relaciones
secundarias e impersonales y la competencia urbanas, aparecen frente a
las relaciones primarias y el asociacionismo de las sociedades rurales.
Para el autor, la cultura urbana sería un resultado de la acción de tres
factores esenciales: dimensión, densidad y heterogeneidad social20.
35Estas comparaciones derivaron hacia conceptos como el concebido por Richard L. Meier, en el que afirma que
- 21 Richard Meier, 1962 apud Horacio Capel, 1975.
frente a las comunidades
rurales, donde el tiempo dedicado a actividades personales, individuales
y privadas es muy elevado, "la urbanización lleva consigo una
"despersonalización" del tiempo; sea cual sea el lugar en el que
aparezca la urbanización, ya sea en la ciudad misma como en el espacio
periférico el tiempo de las gentes está cada vez más consagrado a los
intercambios humanos21.
- 22 Peter Hall, 2013, p. 13.
36Con
la intención de superar esta hipotética dicotomía campo- ciudad y el
aislamiento social en las ciudades, ampliamente defendidos por los
autores hasta aquí analizados, surgieron durante la primera mitad del
siglo XX, varios proyectos vinculados a los preceptos ácratas formulados
por Pierre Joseph Proudhon, Piotr Kropotkin y Elisée Reclus, en los que
se reconocen las raíces de la corriente planificadora. En palabras de
Peter Hall “lo que realmente
sorprende es que muchas, aunque no todas, de las primeras visiones del
urbanismo nacieron dentro del pensamiento anarquista que floreció en las
últimas décadas del siglo XIX y en las primeras del XX”22. Por su relevancia, se hará, a continuación, una síntesis sobre sus aportaciones al tema desarrollado en este texto.
37Las
contradicciones socio-espaciales y económicas, y sus consecuencias,
como la pérdida de organicidad de las ciudades, la segregación
socio-espacial y la separación ciudad-campo fueron objeto de estudio por
los principales exponentes del pensamiento ácrata del siglo XIX.
38Para Piotr Kropotkin,
- 23 Piotr Kropotkin, [1892], 1973, p. 88-89; Miriam Zaar, 2016, p. 10.
la ciudad una ha
cesado de existir; no existe más comunión de ideas. La ciudad no es más
que un revoltijo casual de gentes que no se conocen, que no tienen
ningún interés común, salvo el enriquecerse unos a expensas de otros; no
existe la patria... ¿Qué patria común pueden tener el banquero
internacional y el trapero?23.
39Por su parte, Elisée Reclus no dudó en afirmar:
- 24 Elisée Reclus, 1985, p. 144; Miriam Zaar, 2016, p. 8.
Quantas
forças vivas se extinguiram por falta de aplicação, ou então foram
semidestruídas pelo ódio nestas cidades de ar impuro, de contágios
mortais, de lutas desordenadas! Mas também não foi destes agrupamentos
brotaram as ideias, que se criaram novas obras, que explodiram
revoluções que libertaram a humanidade das gangrenas senis?24.
40Este fue el punto de partida para elucubrar la ciudad utópica. Kropotkin
proyectó un modelo de ciudad con base en las necesidades de los
individuos, esto es, en el abastecimiento, y con él planteó otra
organización del territorio, que protagonizado por nuevas relaciones
laborales adquiriese formas y funciones que deberían sustituir a las
anteriores. Propuso una ciudad que
estuviese unida a su campo, y en la que el trabajo colectivo vinculado a
las actividades intelectuales y manuales y la autogestión fuesen las
principales metas a alcanzar.
41Concepciones
que inspiran proyectos que se concretizaron durante la primera mitad de
siglo XX y cuyos objetivos eran proporcionar el bienestar y la
convivencia harmónica entre los hombres y entre estos y la naturaleza.
- 25 En el texto Renovação de uma cidade, 2010, p. 81-94, Reclus analiza el pensamiento y la obra de Pa (...)
42En
este empeño destacaron los pensamientos y respectivos proyectos de
Patrick Geddes, Ebenezer Howard y Frank Lloyd Wright. Patrick Geddes fue
uno de los mentores de un planeamiento que proponía una ciudad orgánica
que se asemejase a la vida, lo que conllevaba que fuera construida por
sus propios ciudadanos25.
- 26 Ebenezer Howard, 1969, p. 6.
43Ya
el proyecto ciudad-jardín, concebido entre 1880 y 1890 por Ebenezer
Howard y publicado en su principal obra Les Cités-Jardins de demain
(1898 y 1902) previó la organización de la ciudad a partir de tres
imanes (town, country e town-country) en los que conjugarían, en
determinado territorio, las ventajas de la ciudad y del campo. Tratase
de una “troisième possibilité de choix par laquelle on peut s’assurer
dans une combinaison parfaite, les avantajes de la avie urbaine, plus
dynamique et plus active, por en même temps que tout la beauté et les
plaisirs de la campagne”26.
- 27 Ebenezer Howard, 1969; Miriam Zaar, 2016.
44Comprendía
un núcleo urbano híbrido que contemplaba el trabajo cooperativo, la
alternancia entre actividades manuales e intelectuales, y una propuesta
de ordenamiento territorial que integraba la ciudad con sus áreas
industriales y el campo circundante, priorizando los canales cortos de
comercialización. Al preservar, a un tiempo, la ciudad y el campo,
este modelo dota la ciudad y su territorio circundante de unas
condiciones que mejoraría la vida urbana y disminuiría la migración
campo-ciudad. Sus proyectos fueron materializados en experiencias
conocidas como Letchworth (1904-1905) y Welwyn Garden City en la década
de 1920, en Inglaterra27, aunque también pseudo reproduzido en muchas otras formas de mercantilización del espacio periurbano.
- 28 Estas y otras ideas suyas fueran publicadas en su obra The Living City, Milán, Skira [1958], 1998.
- 29 Frank Wright, 1978, p. 269; Miriam Zaar, 2016.
45Otro
ejemplo está vinculado al arquitecto norteamericano Frank Lloyd Wright,
que así como los autores citados anteriormente, cuestionaba la vida
antinatural de la gran ciudad asociada a la metrópolis industrial, así
como su calidad de vida, además de la división social del trabajo y la
separación entre hombre y naturaleza que ésta suponía28.
La solución que encontró fue proyectar, en la década de 1930, una
ciudad en la que las funciones urbanas dispersas y aisladas, en forma de
unidades reducidas, posibilitasen el desarrollo de actividades que
estuviesen en simbiosis con la naturaleza. Su prototipo se denominó
Broadacre City y estaba constituido por pequeñas comunidades que
contemplaban una serie de atributos, como la libertad individual, el
autogobierno, la asociación entre trabajos con diferentes rasgos, el
contacto con la naturaleza y una relativa autosuficiencia29.
Una propuesta que procuraba superar la separación entre lo urbano y lo
rural y en la que estaba presente la preocupación por la calidad de
vida.
- 30 Piotr Kropotkin, [1892], 1973, p. 62.
46Se
trata de modelos que contienen el mismo enfoque elaborado por Kropotkin
en el que defiende la asociación entre actividades diversas, el cultivo
de la tierra en las ciudades y su autosuficiencia. En sus palabras:
“Después de haber dividido el trabajo, es preciso integrar: tal es la
marcha seguida por toda la naturaleza”30.
47Aparte
de los modelos, la dinámica espacio-temporal que caracterizó
inicialmente las áreas metropolitanas de los países más desarrollados,
ha generado múltiples procesos que han aproximado la ciudad y el campo y
que fueron ampliamente analizados por muchos geógrafos.
- 31 Edward Soja, 2008, p. 125.
48Entre estos procesos, la masiva migración campo-ciudad reestructuró
significativamente las teorías que hacían significativas distinciones
entre ciudad y campo, urbano y rural, para inscribir un nuevo orden
espacial en el que la producción de un excedente social no sólo estaba
coordinado y controlado por la ciudad, sino que también, por primera vez
en la historia, tenía lugar en la propia ciudad, dentro y alrededor del denso centro del espacio urbano31.
49En
esta línea, Max Derruau señala el protagonismo que la migración
rural-urbana y demás desplazamientos tuvieron en la intensificación de
los vínculos entre estos ámbitos. Afirma que es a través de estas
interrelaciones, a la vez residenciales, alimentarias, intelectuales,
sicológicas y sociales, que las ciudades, adquieren un papel dirigente,
ya que se presentan con una vida intelectual más activa y como lugar de
procedencia de las innovaciones. Un modo de vida urbano cuyos elementos
son adoptados por el campo con más o menos retraso:
- 32 Max Derruau, 1964, p. 608-611.
“Debido a una serie de causas
económicas y sociológicas, el rural sólo acepta con retraso la
innovación del ciudadano, considerada a la vez como envidiable, y un
poco peligrosa, y en todo caso apta únicamente para una población muy
distinta. Pero con el tiempo, el campo adopta también sus modas o sus
técnicas”32.
- 33 Henri Lefebvre [1968], 1991, p. 65.
- 34 Paul Claval, 1968, 1-2, p. 3-56, apud Horacio Capel, 1975.
- 35 Fernando Chueca, 1968, p. 42.
50Un
argumento que se confirma en las décadas de 1960 y 1970, cuando la
ciudad fue considerada por muchos científicos sociales, el locus por excelencia, para maximizar las relaciones sociales. Henri
Lefebvre ratifica: “en su nivel específico, la ciudad se presenta como
un subsistema privilegiado porque es capaz de reflejar, de exponer los
otros sistemas y de ofrecerlos como un ‘mundo’ como una totalidad única,
en la ilusión de lo inmediato y de lo vivido”33. Del mismo modo, Paul Claval caracteriza la ciudad como el lugar "que permite maximizar el nivel total de interrelación existente en la sociedad"34,
y Fernando Chueca subraya que “el motivo por el que las ciudades son
decisivas en toda la sociedad, inclusive en aquellas de predominio
rural, es porque representan el órgano de la sociabilidad”35.
- 36 Ronald Abler; John Adams; Peter Gould, 1977, p. 354.
51Razonamientos
que los geógrafos norteamericanos Ronald Abler, John Adams y Peter
Gould complementaron al reconocer que una ciudad es "una organización
espacial de personas y actividades especializadas diseñadas para
maximizar las transacciones”. A escala local “es el mejor medio de
interrelacionar actividades sociales y económicas con el máximo
beneficio en todas ellas”, y a escala regional comprenden “sistemas de
ciudades que organizan intercambios entre lugares distantes y proveen a
las áreas circundantes no urbanas de bienes y servicios que requieren"36.
52La
ciudad como lugar eminente de intercambio de conocimientos, un concepto
que Éliseé Reclus a finales del siglo XIX ya admitía, al reconocer los
efectos benéficos que la aproximación de los hombres puede traer:
- 37 Élisée Reclus [1866], 2010, p. 79-80.
aquellos
que viven [en las ciudades] pueden ampliar el círculo de sus ideas;
ellos vieron lugares diferentes unos de los otros; se formaron en
contacto con otros hombres; se tornaron más inteligentes, más
instruidos, y todos esos progresos individuales constituyen para la
sociedad entera una ventaja inestimable37.
- 38 Jean Remy, 1974, p. 45.
53Además, a partir de la década de 1970 la ciudad adquirió
un nuevo atributo vinculado a la difusión tecnológica, como centro de
innovaciones. Jean Remy, al analizar la difusión de las innovaciones
tecnológicas en el entorno belga, al mismo tiempo en que concibió la
ciudad como un medio privilegiado
que estimula las innovaciones de crecimiento y facilita la invención y
la difusión de valores nuevos, enfatizó, cómo esta dinámica se difunde
de forma semejante entre la ciudad y el campo, neutralizando una de las
desventajas del campo frente a la ciudad38.
- 39 Jacqueline Beaujeu-Garnier y Georges Chabot, 1970, p. 26.
54Puntos
de vista que la mayoría de las veces dejaban explícitas las grandes
diferencias existentes entre la ciudad y el campo, la vida urbana y la
rural, lo que denotaba una aceptación de la visión dicotómica de estos
subsistemas; aunque había igualmente, autores que defendían que esta
oposición podría adquirir sentidos muy diferentes, dado que “a cada
forma de civilización corresponde una concepción de ciudad”39.
Una interpretación a la que podríamos añadir “… y del campo también”,
ya que, como se expone a continuación, se trata de un ámbito en el que
han transcurrido cambios técnicos y culturales muy significativos en los
últimos cincuenta años.
55En
medio a esta discusión, es muy probable que el Coloquio de Sociología y
Urbanismo, celebrado en Royaumont, Francia, en 1968, haya sido clave
para el cambio definitivo de las reflexiones que condujeron el debate
sobre la ciudad y el campo durante muchas décadas, primero desde la
Sociología y después en la Geografía y otras áreas afines. Sus
participantes, según Horacio Capel, pusieron en duda la
validez de la contraposición entre lo urbano y lo rural en los países
altamente industrializados, aunque desde la perspectiva de los países
subdesarrollados esta contraposición pudiese continuar teniendo validez
debido a sus precarias condiciones técnicas40.
- 41 Manuel Castells [1972], 2011, p. 138.
56Una
coyuntura, a partir de la que Manuel Castells aseguró el interés de las
especificidades culturales en los diferentes medios sociales, aunque
también señaló la evidencia de que esta división no pasaba más por la
separación ciudad-campo. Para el autor, la explicación de cada modo de
vida exige que la articulemos al conjunto de una estructura social, ya
que lo que está en cuestión es el análisis del proceso de producción
social de los sistemas de representación y de comunicación41.
57Esta circunstancia y los debates académicos del inicio de la década de 1970 llevaron Horacio Capel a afirmar que “frente
a la antigua y tradicional dicotomía, que distinguía simplemente entre
lo rural y lo urbano, debemos hoy aceptar una diversidad de situaciones
caracterizadas por una complejidad creciente desde el punto de vista de
la organización espacial” ,
en la que cuentan la planificación territorial y la coincidencia
general en aceptar que en algunas áreas, especialmente las
metropolitanas se incluyen también parcelas rurales y otras cuestiones
que introducen matices y niveles intermedios dentro de lo urbano42.
58Un planteamiento que ganó fuerza con la
implantación y consolidación del ‘régimen de acumulación flexible’,
proceso que engendró nuevas dinámicas económicas y socio espaciales,
reconfiguró los territorios dotando el campo y la ciudad de nuevos
rasgos y haciendo cada vez más complejos sus vínculos.
59La
mayor movilidad del capital, su desregulación y financiarización, la
flexibilidad de las relaciones capital-trabajo y la difusión de nuevas
tecnologías, que han promovido la desconcentración y, a la vez, la
localización dispersa de las actividades económicas, al instituir nuevas
dinámicas territoriales han eliminado antiguas barreras que existían
entre ciudad y campo.
60En
este proceso, que se produjo con mayor o menor intensidad en todos, o
casi todos los ‘lugares’ del planeta, las actividades tradicionalmente
desarrolladas en el campo, como la agricultura y la ganadería, se han
insertado en la lógica de la reproducción capitalista, y debido a esto,
han quedado expuestas a un amplio proceso de modernización.
61La
asociación entre instituciones financieras y conglomerados
agroindustriales, además de proporcionar mayor fluidez al capital, ha
subordinado las actividades agrícolas al sistema económico general y
profundizado las relaciones entre la industria, articulada y con
elevados recursos, y una gama de medianos y pequeños agricultores,
generalmente con escasos recursos financieros y técnicos. También, ha
estimulado la formación de redes globales que asocian actividades afines
a la producción y a la cooperación, a través de una estructura de
circuitos espaciales rurales y urbanos en la que se encuentran
integrados laboratorios de investigación biotecnológica, proveedores de
insumos químicos, máquinas y aperos de labranza, prestadores de
servicios, empresas de marketing, agroindustrias, empresas comerciales
de distribución (cadenas de supermercados, fast food), entre otros.
62Como
corolario de este amplio movimiento, se introdujo en el campo un
abanico de nuevos elementos que transformaron por completo las prácticas
agropecuarias y el modo de vida rural tradicional. Por un lado, además
del proceso de mecanización de las actividades rurales, que se venía
produciendo en Brasil y América Latina desde hace décadas y más de un
siglo en el caso europeo, se intensificó la producción agrícola a través
de la mejora genética de semillas y embriones, y del empleo de insumos
más eficaces. También se incorporaron nuevos cultivos con mayor demanda
en el mercado internacional, muchas veces en detrimento de la producción
de alimentos básicos, y se extendió al campo la informatización de los
sistemas. Una lógica que propició nuevas posibilidades de uso y
ocupación del espacio rural y expandió al campo las posibilidades de
reproducción de los excedentes del capital.
- 43 Incorporados a la reestructuración productiva del sector agropecuario, los contratos de integració (...)
63Por
otro lado, se intensificó la división del trabajo en el campo por medio
de intercambios intersectoriales, se establecieron nuevas relaciones
entre productores e industriales o comerciantes, que van más allá de la
compra-venta, como es el caso de los contratos de integración productiva43,
y se instituyó una especialización espacial que, al estar fuertemente
integrada en la economía urbana, genera una extensa gama de nuevas
conexiones, aumentando la conectividad y dinamizando las relaciones
entre las actividades desarrolladas tanto en el campo cómo en la ciudad.
64Para
esto, ha sido esencial la consolidación de las Tecnologías de la
Información y de las Comunicaciones (TICs) que han conseguido
introducir, aunque con diferentes intensidades, procesos tecnológicos
muy similares a nivel global, promoviendo la extinción de hábitos
sociales y laborales tradicionales, e intensificando la transformación
del medio natural y social al servicio de la ampliación de la plusvalía.
En este proceso, en el que se alteran las anteriores formas de
aprehender el tiempo y el espacio y, por lo tanto la manera de actuar en
ellos, se produce una homogeneización de las relaciones sociales y del
territorio en el que los elementos que integran las particularidades de
cada “lugar” o región, reaccionan en un movimiento contradictorio
continuo, dando origen a transformaciones, permanencias y diferentes
combinaciones. El resultado es la configuración que cada territorio
adquiere, a partir de la dinamicidad de los elementos históricos que componen su estructura.
65Además,
mientras la ciudad preexistente estaba formada por una unidad
geográfica que podía ser fácilmente delimitada de su entorno rural, la
metrópolis contemporánea arrebata el campo como su propia zona
simbólica. El campo y las zonas residenciales situadas a las afueras de
las ciudades, comunicadas a través de tecnologías recientes, como
teléfonos móviles, ordenadores o GPSs se constituyen en el locus
de un mundo compartido y configurado colectivamente. Las ciudades y los
pueblos se transforman en puntos de una intensa red urbana cuyos flujos
económicos y culturales continuos y a la vez flexibles, atenúan y a
veces tornan imperceptibles los límites de los espacios que
tradicionalmente entendemos como ciudad y campo, dificultando el encaje
administrativo de significativas parcelas de suelo, hacia una u otra
connotación.
- 44 Luis Llanos-Hernández, 2010, p. 219; Horacio Capel, 2016, p. 15.
66Los
mecanismos que componen este nuevo ordenamiento político, económico y
social, han contribuido a que lo rural incorpore la misma racionalidad
que define la sociedad organizada a partir de la ciudad y de sus
principales actividades, industrias básicas y de tecnología, turismo y
demás servicios a través de los que la reproducción del capital se hace
viable. Con esto, los referentes que anteriormente distinguían a la
ciudad del campo, lo artificial de lo natural, han sido reproducidos
indistintamente, en un territorio que según Luis Llanos-Hernández “ha
pasado a convertirse en uno de los referentes conceptuales que explican
las transformaciones del espacio correspondiente a la era de la
globalización y de la posmodernidad”44.
- 45 Aunque esta dinámica se intensificó a partir de mediados del siglo XX, a finales del siglo XIX el (...)
67En
las ciudades, y también como parte integrante de este proceso, la
incorporación a su núcleo central de nuevas áreas continuas o
descontinuas, a través de la urbanización y de la suburbanización de
áreas periurbanas o rurales, impulsada por las necesidades del capital
inmobiliario y nuevas infraestructuras de transportes y flujos de información y comunicación,
si por un lado promueve el desarraigo al campesino de su “terruño”
natal, por otro, establece nuevos estilos de vida a los urbanitas ávidos
por residir en el campo y, si es posible, añadir a su cotidiano
actividades que les aproxime a la naturaleza, aunque se vean, en muchos
casos, obligados al uso intensivo del transporte privado45.
68Estas
formas contradictorias están presentes igualmente en el ámbito urbano
central, en el que la reconfiguración de los barrios antiguos, a través
de las políticas de incentivo al proceso de gentrificación, ha expulsado
a sus vecinos y destruido su urbanidad, y en su lugar ha creado tanto
áreas residenciales ocupadas por grupos profesionales prósperos,
directivos y técnicos, cómo zonas estratégicas que estimulan nuevos usos
y estilos de vida, vinculados a la industria del consumo, del ocio y
del turismo, beneficiando a determinados grupos económicos.
- 46 Ana Fani Carlos, 2016, p. 60.
69En
definitiva, estamos, como afirma Ana Fani Carlos, ante un proceso
antagónico, en el que la producción del espacio se realiza socialmente, a
través de la creación de la totalidad de la sociedad, pero su
apropiación es privada; esto es, el acceso a los lugares de
materialización de la vida, producidos socialmente, se realiza de forma
dominante por mediación del mercado inmobiliario, asegurando la lógica
del valor de cambio sobre el valor de uso46.
70En
esta dinámica, en la que el ‘espacio-mercancía’ se sobrepone a los
espacios en los que se realiza la vida social, ha sido esencial la
idiosincrasia de cada lugar, por lo tanto de cada ciudad y de cada
ámbito rural. La ciudad de modo más expresivo, aunque el campo también,
han asumido nuevas formas y contenidos que los aproximan, y en los que
se evidencian significativas contradicciones, tales como la apropiación
desigual del territorio y la segregación socio espacial.
71Son
estas cuestiones, las que llevan a la discusión que planteamos desde
ahora, en la que invitamos a reflexionar sobre los territorios
globalizados, que al ser re-significados superan el antagonismo
ciudad-campo y, en su lugar, emerge una coyuntura cuya dinámica impone
pensar el espacio como una totalidad única, en la que para asimilar el
‘todo’ a partir de sus ‘partes’, es imperativo el empleo de métodos que
aprehendan este proceso dialéctico.
72El
nuevo modelo de acumulación y reproducción ampliada del capital está
fuertemente asociado a lo que denominamos de ‘compresión
tiempo-espacio’. La gran movilidad que el capital ha logrado alcanzar en
las últimas décadas, tiene como principal propósito ‘buscar’ nuevos
territorios con mayor capacidad de apropiación de rendimientos, en los
que pueda establecer una base que comprende, además de las estructuras,
un intricado entramado de flujos y redes (materiales e inmateriales) que
actúa a múltiples escalas, sin que para ello se establezca una división
territorial precisa, mediante la que se pueda discernirlas y
delimitarlas.
- 47 Sobre la relación entre espacio, tempo y técnica véase Milton Santos. A natureza do Espaço, 2012.
73La
incorporación de nuevas áreas a la lógica de este proceso y la difusión
de los últimos avances técnicos, científicos e informacionales han
alterado las dinámicas espaciales urbanas y rurales establecidas
anteriormente. Éstas han sido emplazadas por nuevos mecanismos que
realimentan las relaciones existentes, y a la vez destruyen otras hasta
entonces estables, en un impulso que al asegurar una continuidad
espacial, reconfigura el modo de organización territorial, dándole mayor
complejidad47.
74De
este modo, la durabilidad de las formas, de las estructuras, de los
procesos y también de los vínculos preexistentes que pudiesen limitar el
movimiento que asegura la reproducción del capital, se ven suplantadas,
en diferentes grados de intensidad, tanto en la ciudad como en el
campo, dando origen, como ya afirmamos anteriormente, a una
significativa homogeneización de las relaciones sociales y económicas.
75Las
ciudades, sus áreas metropolitanas y los pequeños núcleos regionales,
aunque con diversos niveles de empuje, dejan de ser concebidos
únicamente por su condición de centro administrativo, industrial o de
servicios, y el campo comprende un conjunto de actividades que van más
allá de la agropecuaria o de la agroindustria.
- 48 Françoise Choay, 2005, p. 70.
76Estamos,
por lo tanto, ante una nueva coyuntura en la que, defender
razonamientos que hacen distinciones entre el campo y la ciudad desde la
cultura o a partir de sus formas y estructuras, se vuelve incoherente
en muchas regiones del mundo, ya que, como afirma Françoise Choay “a
este sistema operativo, válido y factible en cualquier lugar, en la
ciudad como en el campo, en los pueblos como en los suburbios, se le
puede llamar lo Urbano”48.
- 49 Como analiza Miren Etxezarreta, 1983 y 1995, para o ámbito español y europeo.
77Los
profundos cambios por los que han pasado las actividades propiamente
rurales y las nuevas funciones que ha adquirido el campo, corroboran
esta premisa. El traslado a las zonas periféricas o rurales de algunos
sectores industriales vinculados o no a las actividades agropecuarias;
el ejercicio de la agricultura a tiempo parcial o de la pluriactividad,
practicada entre los pequeños productores agrícolas, cuyos empleos
temporales o a tiempo parcial proporcionan nuevas alternativas de
ingresos a la familia49,
lo que ha viabilizado que su reproducción como agricultores perdure,
son algunas de las consecuencias de la rápida articulación entre ciudad y
campo, décadas atrás más alejados.
- 50 Edward Soja, 2008, p. 344.
78Coadyuvan
en este proceso, el nuevo modelo de ciudad que menosprecia los núcleos y
las zonas urbanas que se desindustrializaron con la crisis fordista, y
que a la vez fomenta un proceso de reindustrialización en nuevos
espacios alejados de los viejos centros urbanos, en los que se
establecen las industrias de alta tecnología50.
- 51 Conocido por urban sprawl, ciudad difusa, ciudad dispersa, ciudad ilimitada o megaciudad, entre ot (...)
- 52 Como analiza Maria Aparecida Fonseca Pontes, 2012, para la Região Metropolitana de Natal, RN.
79Complementa esta nueva lógica un nuevo modelo de urbanización51
en la que el suelo suburbano o rural se valora intensamente con la
edificación de núcleos urbanos donde se establecen primeras o segundas
residencias52,
estimulando el desarrollo de actividades vinculadas al sector servicios
y al ocio o al turismo, estas últimas en las que la tarea de
preservación y conservación de los parques naturales ha fomentado el
eco-turismo y demandado nuevas funciones administrativas y científicas.
80¿Estaríamos ante un proceso en el que,
en muchas regiones, lo rural se compondría de algunos intersticios
situados en el interior de grandes urbanizaciones? La reflexión de Javier García-Bellido, indica una realidad que ya sucede en algunas zonas más densamente pobladas:
- 53 Javier García-Bellido, 2003, p. 343.
El
campo, el espacio rural antes aparentemente ilimitado, deviene ahora
escaso y limitado, reserva necesaria para prestar la vital producción de
su clorofila como espacio verde a los habitantes de la ciudad, para su
uso ansioso, no sólo como fuente de alimentación por su vegetación
comestible, fungible o convertible en pastos para carne, sino además
porque se presta al disfrute de la ciudad, para su respiración, ocio,
expansión y reposo, como reserva de oxígeno, como bosques convertidos
por los ecotecnócratas en simples sumideros de dióxido de carbono,
computables a descontar para poder seguir contaminando53.
81Un nuevo escenario que
remite a las palabras de Horacio Capel cuando éste señala los
obstáculos conceptuales para formalizar una definición que atienda a la
complejidad y los matices que abarcan estas dos subesferas:
Efectivamente
la diferencia entre ciudad y campo estaba antes más o menos clara; en
las dos acepciones que consideraban los romanos, la urbs y la civitas. Hoy en un aspecto y otro las cosas han cambiado. La urbs,
el espacio construido con una densidad de edificación, resulta difícil
de delimitar y de definir, por la extensión de la urbanización difusa,
que la ha expandido ampliamente por todo el territorio de lo que,
primero, se llamaban ciudades, luego se convirtieron a veces en áreas
metropolitanas y ahora, cada vez más, se configuran como regiones
metropolitanas, e incluso rebasan ampliamente ese marco territorial.
En cuanto a la civitas,
los problemas son todavía mayores. Antes estaba muy clara la diferencia
entre ciudadano y campesino. Estos últimos eran frecuentemente objeto
de menosprecio y de burla por los primeros, debido a sus modos rústicos,
a su falta de cultura y de urbanidad. Hoy la situación ha
cambiado. Hay campesinos que viven como ciudadanos, con acceso a los
mismos niveles de educación y bienestar; y ciudadanos que valoran o
añoran la naturaleza o el campo, y deciden vivir en el espacio rural, o
en lo que ellos consideran tal54.
- 55 “No existe forma sin contenido. No existe contenido sin forma”, afirmó Henri Lefebvre [1968], 1991 (...)
- 56 Para ornamentación o como fuente de alimentación, su origen está vinculada a los jardines egipcios (...)
82En
su conjunto, este debate corrobora la tesis aquí desarrollada. En las
últimas décadas las relaciones sociales, económicas y políticas que
abarcan ciudad y campo han desencadenado un nuevo proceso
espacio-temporal en el que nuevos elementos más o menos
interdependientes y en algunos casos contradictorios, se han presentado
cada vez más asociados, y parte de un movimiento continuo indisociable.
Un ejemplo es la industrialización y la expansión del sector servicios
en el campo, cuyas formas-contenido55,
aunque sean complementarias a las actividades agrícolas, pueden entrar
en contradicción entre sí, y con el paisaje rural tradicional. Del mismo
modo, la práctica de la agricultura en las ciudades podría considerarse
ajena a las actividades genuinamente urbanas, aunque concierna a una de
las necesidades más inmediatas, la alimentación de proximidad56.
83Teniendo
en cuenta las concepciones desarrolladas por el antropólogo Manuel
Delgado, también se puede afirmar que la ciudad no es lo mismo que lo
urbano, ya que,
- 57 Manuel Delgado, 1999, p. 11-12.
lo
que implica la urbanidad es precisamente la movilidad, los equilibrios
precarios en las relaciones humanas, la agitación como fuente de
vertebración social, lo que da pie a la constante formación de
sociedades coyunturales e inopinadas, cuyo destino es disolverse al poco
tiempo de haberse generado57.
84Para el autor, lo opuesto a lo urbano no es lo rural,
- 58 Manuel Delgado, 1999, p. 24.
sino
una forma de vida en la que registra una estricta conjunción entre la
morfología espacial y la estructuración de las funciones sociales, y que
puede asociarse a su vez al conjunto de formas de vida social basadas
en obligaciones rutinarias, una distribución clara de roles y
acontecimientos previsibles, fórmulas que suelen agruparse bajo el
epígrafe de tradicionales o premodernas58.
- 59 Como es el caso de las vaquerías en el municipio de João Pessoa, analizado por Doralice Sátyro Mai (...)
85A
estas lógicas, se incorporan procesos que van más allá de la difusión
del comportamiento urbano en el campo. Se produce una interacción en la
que los componentes que originan y mantienen las tradiciones y los
valores rurales se combinan con los hábitos y estilos urbanos y
viceversa, aunque casi siempre conservando algunas ‘permanencias’. Un
proceso de hibridación cultural y material que al abarcar estos ámbitos,
explican, por un lado, la existencia de huertos o de vaquerías en áreas
consideradas urbanas que, como ‘islotes de ruralidad,’ resisten a los
diferentes procedimientos de especulación inmobiliaria y de urbanización59.
Por otro recoge, cómo el sistema de 'fijos' espaciales, al instalarse
incluso en zonas rurales más dispersas, además de impulsar flujos muy
similares a los encontrados en las ciudades, pone al alcance de los
grupos con rentas más elevadas, tecnologías específicas como las de la
‘agricultura de precisión’ que asocia la utilización del GPS con
Sistemas de Información Geográfica y otros sistemas de teledetección,
que sorprendería a cualquier urbanita que todavía poseyese una imagen
idílica de lo rural. Estamos, por lo tanto, ante una articulación de
mecanismos que al posibilitar la permanencia de las antiguas formas
(desde la resistencia y de la reacción), y el avance de nuevas dinámicas
(impulso, acción), promueve nuevas composiciones del paisaje, en su
dimensión aparente de lo real.
- 60 Melvin Webber, 2005, p. 15.
86Una
coyuntura en la que, como afirma Melvin M. Webber, ocurre una casi
inversión de la concepción tradicional que distinguía urbanitas y
ruralitas, puesto que, “los urbanitas no residen ya exclusivamente en
asentamientos metropolitanos, ni los ruralistas viven exclusivamente en
los hinterlands60.
87Como
propulsores de este paradigma se encuentran los flujos que caracterizan
las actividades económicas y laborales, y cuya dinamicidad dota al
territorio de una continuidad que supera el límite físico ciudad-campo,
sobre todo cuando estos, representados por demarcaciones
administrativas, son fijados sin tener en cuenta los variados elementos
que actúan en este ámbito.
88Los
límites de las ciudades y de sus alrededores son cada vez más
‘porosos’, lo que dificulta o impide precisar los diferentes ámbitos que
las conforman. Es el caso de muchas áreas metropolitanas.
- 61 Henri Lefebvre [1968], 1991, p. 68-69.
89Nos
encontramos, por tanto, ante una fuerza que al engendrar nuevos
procesos, produce elementos contradictorios que al mismo tiempo que
“atacan, corroen y disuelven” las prácticas que caracterizan el campo
tradicional, “atenúan la oposición ciudad-campo e intensifican la
relación ‘urbanidad-ruralidad’”61.
90Una
condición que configura un movimiento múltiple y a la vez paradójico,
que ubicado en el centro de los distintos marcos de resistencias se
manifiesta tanto en las diversas formas-contenido espaciales, como en
los diferentes modos de vida urbano y rural, o sea, en un conjunto de
acciones y reacciones inherentes a ellos. Así,
- 62 Ester Limonad y Roberto Luís Monte-Mór, 2012, p. 10.
los
conceptos de ciudad y de campo no exprimen más realidades concretas y
reconocibles integralmente en el espacio social contemporáneo. La
sustantivación del calificativo urbano, representando la realidad
urbano-industrial actual, pasa de esta manera a representar el tercer
término de la tríada dialéctica, la síntesis de la contradicción
ciudad-campo62.
- 63 Por ‘totalidad’ también podemos entender una realidad en su íntegra que se trasforma (metamorfosea (...)
91Esta
coyuntura exige nuevas metodologías de investigación, a partir de las
que es imprescindible pensar en los fenómenos sociales que se producen
en el territorio, como ‘fracciones’ de un determinado ‘todo’ que
desempeñan una doble función: la de definirse a sí misma y la de definir
el ‘todo’. Como una totalidad63,
en la que se imbrican actores que actúan en varias escalas y que en
función de intereses varios, sean ellos sociales, políticos, económicos o
medioambientales se articulan en diversos movimientos y composiciones
cada vez más complejas, creando y renovando sus esferas de actuación.
- 64 Aquí utilizadas a partir de la concepción de Milton Santos, como formas espacias residuales de est (...)
92A
través del estudio de esta interdependencia, que a veces se traduce por
una contigüidad espacial y otras por un aparente distanciamiento,
conseguimos aprehender los elementos de este conjunto y sus respectivas
variables, extrayendo del mismo su esencia. Una esencia que nos revela
las combinaciones y contradicciones de sus estructuras y de sus
‘formas-contenido’, cada vez más yuxtapuestas, y nos exponen cómo las rugosidades64 o permanencias
son transformadas o adaptadas, obedeciendo a las prioridades de las
nuevas funciones que los territorios van adquiriendo en su dimensión
temporal.
- 65 David Harvey, 1993; Milton Santos, 1996; Élisée Reclus [1866], 2010.
93Un análisis que, como afirman David Harvey y Milton Santos y, ya había sido anunciado por Élisée Reclus, impone
la comprensión de la indisociabilidad del espacio y del tiempo. Un
fenómeno que David Harvey asocia a los procesos materiales de
reproducción social en general, Milton Santos lo vinculó a las
formas-contenido, y Élisée Reclus lo apoyó en la dialéctica del
medio-espacio y del medio-tiempo,
concibiéndolos como conceptos interdependientes: las fuerzas naturales
(medio) varían de un lugar a otro (en el espacio) y de época en época
(en el tiempo) a medida que la sociedad se transforma65.
94Incorporadas
a este debate académico están las propias acepciones de ciudad y
urbano, y de campo y rural, que implican flujos y reflujos, modo de
vida, y modos de reproducción del capital y de la fuerza de trabajo,
pero también múltiples procesos e interacciones, cuyos elementos
materializados en diferentes esferas que, en lo que concierne a su
localización, forma o función, se contradicen con los argumentos que
defienden una supuesta dicotomía entre estos subsistemas.
- 66 A partir de nuevos procesos que interaccionan en el urbano y en el rural, este concepto ha evoluci (...)
95Para
que se conozca la esencia de esta dinámica, responsable de alimentar y
retroalimentar la construcción y reconstrucción de los espacios, es
imprescindible descartar las viejas concepciones, superando la oposición
urbano-rural y el concepto de continuum territorial, en su visión clásica66. Solo así es posible identificar los mecanismos que impulsan y orientan los elementos comunes a esta lógica, hacia una u otra tendencia, incluso porque:
- 67 Françoise Choay, 2005, p. 72.
Lo urbano no es sinónimo de urbanidad. Ni tan solo propiedad exclusiva de la ciudad. Podemos,
así, volver a Giovannoni e imaginar núcleos de urbanidad, de múltiples
tamaños y formas, susceptibles de entrar en una dialéctica con lo urbano
homóloga a la que en otro tiempo vinculaba ciudad y campo67.
96Aprehender
el territorio desde una totalidad dialéctica, nos faculta comprender la
realidad social en su totalidad, desde su propia estructura en la que
diferentes acciones, técnicas y relaciones sociales y de trabajo,
imbricadas dialécticamente entre sí y articuladas en varias esferas,
instituyen materialidades e inmaterialidades, asignándole peculiaridades
propias. Por lo tanto, una dinámica en la que homogeneidad y diversidad
coexisten a través del tiempo y del espacio en sus múltiples niveles,
produciendo contradicciones, combinaciones, transformaciones y permanencias, en un equilibrio, cuya ruptura puede traer, como consecuencia, la suplantación de elementos y de prácticas locales.
- 68 Mª Encarnação Sposito, 2011, p. 134.
97Este
es el proceso que nos posibilita entender la complejidad de los lugares
cada vez más globalizados, y en el que las diferencias entre la ciudad y
el campo, lo urbano y lo rural quedan para segundo o tercer planos.
Esto es así porque las articulaciones que se han establecido entre
ciudad y campo son más intensas que nunca, y comprenden, además de las
conexiones relativas a la división técnica, social y territorial del
trabajo, las formas espaciales en las que se imbrican, sobreponiéndose a
las escalas locales y a muchas otras68.
98Los
estudios elaborados por Milton Santos a finales de la década de 1990 ya
señalaban el territorio como un conjunto inseparable de sistemas,
objetos y acciones al que denominó “espacio geográfico híbrido” y en el
que se entiende que están incluidos todos los vínculos intrínsecos a sus
elementos, y por consiguiente los ámbitos entendidos como urbano y
rural.
99En
este contexto, nos hallamos, pues, analizando un territorio cada vez
más globalizado cuya totalidad es resultado de un proceso simbiótico en
el que interaccionan sistemas y flujos de relaciones (acciones y
reacciones) que al materializarse en objetos (a través de sus
formas-contenido), representan una dinámica mucho más amplia que la
identificación y caracterización de actividades que sugieren o
explicitan la continuidad de la dualidad entre ciudad y campo.
100Es
así porque, para asimilar cómo las relaciones sociales, políticas y
económicas desencadenan los procesos espacio-temporales, en los que
elementos contradictorios y más o menos interdependientes que componen
el campo y la ciudad (y lo rural y lo urbano) se presentan asociados de
forma agregada y contrapuesta, es necesario ir más allá de los elementos
y mecanismos que recuerden espacios cerrados, o de perspectivas duales
como las que conforman un “par dialéctico”.
101Del
mismo modo es insuficiente pensar que los procesos que se producen en
el campo pueden ser clasificados como ‘urbanidad en el rural’,
especialmente por dos razones. La primera está vinculada al hecho de que
el origen de los sistemas que transforman lo urbano y lo rural se
encuentra en las necesidades que el capital posee de elegir territorios,
cuyas especificidades puedan proporcionar importantes excedentes y de
este modo viabilizar su reproducción.
102En este proceso, la Tierra representa la totalidad, y el elemento decisivo ya no es la ciudad que vive del campo, sino
los hombres y sus dinámicas de reproducción que ocupan, consumen y
deterioran todo lo que hay sobre ella, no sólo en el campo, sino también
de modo global, contaminando el agua, el aire y la flora. Ante esta
situación, en la que tanto el campo
cómo la ciudad se transforman en medios, en instrumentos que
posibilitan la ampliación de la plusvalía, afirmar que la ciudad se
adentra en el campo, es negar la dinámica que integra este proceso.
103La
segunda razón se fundamenta en que, por más que se afirme que una
fracción importante de las transformaciones innovadoras que hoy forman
parte del espacio rural, antes integraban el paisaje urbano, es
primordial subrayar que hay un segmento significativo de innovaciones
que se diseñaron con la finalidad específica de dotar las actividades
rurales de mayor diversidad y productividad. Si denominamos los cambios
que se produjeron en el campo como ‘urbanidades en lo rural’ estamos
excluyendo las formas cuyos contenidos son esencialmente rurales.
104Otro
concepto muy empleado es el de que ciudad y campo conforman un “par
dialéctico” y en el que se insiere, obviamente, aunque camuflado por el
térmico ‘dialéctico’, el viejo antagonismo entre estos espacios. Para
que este enfoque retome una dimensión actual, en la que se pueda
aprehender la importante trama de nodos y flujos que se esparce en el
territorio, construyéndolo y remodelándolo contantemente, y como
consecuencia engendrando una contigüidad territorial, es fundamental
pensar un análisis a partir de un ‘conjunto dialéctico’, una ‘totalidad
dialéctica’, en el que se integran todas las dimensiones de un proceso
único.
105Trátase,
por lo tanto, de una herramienta metodológica que abarca el ‘conjunto
dialéctico’ de un fenómeno o de un proceso estudiado, que posibilita
asimilar todos sus matices.
106Esta
es la propuesta del texto, traer a discusión un tema que por su
altercado y pluralidad de situaciones ha suscitado muchos debates en las
últimas décadas. Su estudio, independiente del contexto de cada lugar,
debe en todos los casos, superar la dualidad espacial, y en su lugar,
priorizar el conjunto simbiótico de elementos o de fenómenos (naturales,
humanos, sociales y económicos), cuyas acciones y reacciones,
combinadas y simultáneamente contradictorias, componen el espacio en su
totalidad. Esta es una condición sine qua non
para que se aprehenda la esencia del movimiento dialéctico que integra
los diferentes procesos que produce el territorio y a la vez se
reproducen en el mismo, y del que la ciudad y el campo en sus
diversidades, son los protagonistas.