1Hacia
1900, en Argentina, la sindicalización y organización de los
inmigrantes despertaron la preocupación de las elites y sectores
intelectuales que percibían en este proceso una amenaza a su
mantenimiento del poder político. Este proceso estaba poniendo en juego los valores y las formas de socialización por ellas establecidas.
2Frente
a esta situación, una de las reacciones políticas fue el desarrollo de
acciones de afirmación nacional desde las escuelas destinadas a asimilar
tanto al inmigrante como al indígena a los valores de las elites
gobernantes.
3En
este contexto, Svampa (1994) distingue dos vertientes que fundamentaron
los programas educativos de la época. La primera perspectiva se
construye sobre la base del pensamiento positivista y cientificista.
Continuadora de la línea de reflexión que fundamentó el proyecto de
formación nacional estatal consustanciado entre 1860 y 1880, la
preocupación de los intelectuales y políticos que se inscriben en esta
visión sigue desarrollándose en torno a cuestiones como el progreso y la
necesidad europeizar al país a partir de la inmigración masiva. La
asimilación o extinción de los nativos – tanto criollos como indígenas
–considerados étnicamente inferiores continúa presentándose como una
prioridad política. La figura del inmigrante, desde esta visión, todavía
posee connotaciones positivas.
4La
segunda vertiente encuentra sus fuentes en el espiritualismo filosófico
(Weibrode, K., College, B., 1991) y elabora un pensamiento esencialista
de la Nación. En esta nueva “invención de la nación” la figura del
inmigrante, hasta entonces representante de la “civilización”, “aliado
económico” de los sectores dirigentes, es reemplazada por una imagen
donde este resulta una amenaza a la disolución de los valores
nacionales. En este marco se revalorizan el interior, las tradiciones,
la figura del nativo, del gaucho y, más aún, las raíces hispánicas.
5La
aproximación a la trayectoria intelectual e institucional de Elina
Correa de Morales, deja traslucir la influencia en sus concepciones de
ambas vertientes. Por un lado la influencia espiritualista, la lleva a
perseguir la preservación de la diversidad cultural y geográfica pasadas
como componente que contribuiría a la construcción, en términos de
Benedict Anderson, de la comunidad imaginada argentina del 1900. Por
otro, la vertiente positivista, la orienta en la búsqueda de a partir de
otorgar un contenido científico de corte naturalista a todo aquel
conocimiento, particularmente al considerado bajo el rótulo
disciplinario de geografía, que contribuiría a la socialización de los
inmigrantes y nativos en los valores nacionales.
6Este
proyecto científico-cultural tiene también dos pilares. Uno de ellos de
carácter académico orientado a la que sean científicos nacionales y no
extranjeros los que realicen los estudios que den cuenta de la
diversidad cultural y geográfica de la Argentina. Esto quiere decir que,
ella se distancia de las propuestas civilizatorias que suponían situar a
la Argentina desde el punto de vista científico en los marcos
epistemológicos europeos a partir la comulgación con cierto
cosmopolitismo.
7El
otro pilar se asentaba sobre la enseñanza y suponía la transmisión de
los conocimientos producidos a nivel académico en el ámbito escolar. A
través de su pasaje por la Escuela Normal ella internalizó los objetivos
de disciplinamiento y control social que desde el gobierno nacional se
le había atribuido a la socialización de los sujetos en este centro
educativo, formador de maestros de escuela primaria (Puigróss, 1990:
109). Elina Correa Morales compartió con los egresados normalistas el
sentimiento de estar cumpliendo una “misión civilizador”, de ser
“apostóles de la instrucción primaria”, “destinados” a ocupar cargos
directivos dentro de las organizaciones educativas de todo el país
(Roig, 1964: 64-65). Su papel de asesora en las reformas de planes de
estudios de la escuela secundaria en el área de Geografía, le permitió
completar su papel “misional”, ya que fue desde allí donde se difundió
el proyecto nacionalista y cientificista para la enseñanza de la
Geografía.
- 1 La sigla GAEA no corresponde a las iniciales de la sociedad geográfica sino que hace alusión al tér (...)
8Entre su proyecto académico y de enseñanza, Elina Correa Morales, encontró un elemento articulador. Este fue la Sociedad Argentina de Estudios Geográficos (1922), conocida más comúnmente como GAEA.1
Concebida como una sociedad de científicos interesados en la promoción
de un conocimiento considerado como geográfico, GAEA nucleó a todos
aquellos interesados en la producción y el debate del conocimiento en
torno a la información que estaba produciéndose respecto a las
características físicas, económicas y etnográficas del territorio
argentino, y que, a través de sus acciones públicas, buscaban difundir
su propuesta disciplinaria, en el ámbito de la enseñanza. Se
trataba de un proyecto epistemológico caratulado de científico frente a
las propuestas previas, rotuladas como enumerativas, memorísticas y, por
lo tanto, considerada desde los miembros de GAEA como no científicas.
9Conocer
la trayectoria y la obra de Elina Correa Morales, en el contexto de
emergencia de las propuestas nacionalistas, resulta una vía de entrada,
entre otras posibles, a las implicaciones que la difusión de este
ambiente político tuvo en el ambiente científico, por un lado, y, por el
otro, en la enseñanza de una disciplina a la que se le atribuyó
potencialidades nacionalizadoras.
10Un
abordaje de estas características busca también comprender el proceso de
gestación y perpetuación de una perspectiva naturalista,
deliberadamente objetiva y apolítica de la realidad social, vehiculizada
por la propuesta epistemológica en la que se apoyaba el conocimiento
considerado geográfico.
11Elina
González Acha de Correa Morales (1861-1942) nació en el marco de una
familia patricia ilustrada, un contexto que actuó como estímulo para su
desarrollo intelectual. Realizó sus estudios de magisterio en la Escuela Normal No
1 de Buenos Aires. Su acercamiento al botánico darwinista Eduardo
Holmberg, profesor de ciencias naturales en dicho centro educativo la
aproximó a ciertas vertientes del mundo científico y artístico que
otorgaban importancia a que la actividad científica desarrollada en el
país estuviese a cargo de especialistas argentinos. Correa Morales
estaba cursando el tercer año cuando se hizo cargo de las clases de
botánica de la Escuela de Aplicación del Normal. La aproximación a
Holmberg también le permitió entrar en contacto con los miembros de la
Sociedad de Ciencias Físicas y Naturales (Physis) y participar de las
actividades del Museo de Ciencias Naturales de Buenos Aires. El
desarrollo de su perfil académico se consolidó mediante su inserción en
el medio académico internacional, a través de presentación de ponencias a
Congresos (Ginebra 1908, Río de Janeiro1910, Buenos Aires 1910) y,
particularmente, con su papel protagónico en la fundación de la Sociedad
Argentina de Estudios Geográficos.
12Sus
intereses académicos fueron complementarios con su militancia en el
feminismo liberal. Ella participó en todos aquellos ámbitos que
promovieran el estímulo de la valorización intelectual de la mujer en
una época en que su participación científico-académica no era vista con
buenos ojos (Barrancos, 2000). De hecho, Elina González Acha experimentó
este rechazo cuando solicitó su incorporación a las actividades del
Instituto Geográfico Argentino (IGA, 1889: 19). Esta Sociedad
Geográfica, fundada por Estanislao Zeballos en 1879, recién aceptó su
incorporación en los inicios del siglo XX, período en que su nombre
comienza a aparecer en el listado de sus miembros y que coincide también
con la publicación de dos de sus trabajos en el Boletín de esta
institución (Correa Morales, 1904, 1909). Elina González Acha formaba
parte, junto con la enfermera Cecilia Grierson, de uno de los organismos
más activos para la época en temas de reivindicación de los derechos de
la mujer como fue Consejo Nacional de Mujeres, filial del Consejo
londinense “que respondía a las apreciaciones positivistas tan en boga
durante el primer tercio de principios de siglo” (Apolonia del Brutto,
1998). Correa Morales y Grierson participaban también de la Escuela
Técnica del Hogar, y de la Biblioteca de Mujeres (Fundación Francisco
Aparicio, 1973). Sus intereses feministas y académicos explican también
el hecho de que fuera miembro correspondiente de la Sociedad de Mujeres
Geógrafas de Washington (Casal, 1943: 143). Esta Sociedad había sido
fundada en 1925 con el objetivo de agrupar a las mujeres que
desarrollaban tareas de exploración e investigación territorial en un
contexto en que ellas no podían participar en las asociaciones formadas
por hombres (Society of Woman Geographers, 2001).
13En
síntesis, Elina Correa Morales puede ser caracterizada como maestra de
escuela normal, como académica y como defensora de la actuación de la
mujer en los ámbitos científicos y en la vida cotidiana. Estos tres
aspectos resumen su trayectoria pública y sirven también para
aproximarse a su producción intelectual.
14La
obra de Correa Morales está constituida por veintiséis trabajos. Dentro
de los estudios estrictamente académicos podemos distinguir: quince
investigaciones publicadas en instituciones geográficas como fueron el
Instituto Geográfico Argentino y la Sociedad de Estudios Geográficos y
seis presentaciones a congresos. De caratular esta producción podríamos
decir que de estos veintiún trabajos, diecinueve están próximos a la
Geografía y los dos restantes al campo de la antropología. La mayor
parte de las investigaciones geográficas pueden ser consideradas como
trabajos de geografía histórica, historia de la geografía, enseñanza de
la Geografía y Geografía física argentina. Los cinco trabajos restantes
no son propiamente trabajos de investigación sino obras didácticas;
cuatro de ellas son libros de lectura para colegio primario y uno es un
libro de enseñanza de la Geografía.
15Una
primera aproximación cualitativa a su producción, nos permite
identificar la preocupación de Correa Morales por dotar de cientificidad
a sus propuestas académicas. Dos estrategias le garantizan la inserción
de sus producciones en el marco epistemológico vigente en Argentina
entre finales del siglo XVIII y mediados del XX. En principio es la historicidad de los procesos,
a veces, pasada a los términos del evolucionismo darwiniano, quien
garantiza tal cientificidad, particularmente en los trabajos de tipo
antropológico; en otros, es la adscripción a una tradición
presentada a través de una narrativa de la historia disciplinaria y el
rescate de un objeto y método, particularmente en los estudios
geográficos los que le otorgan tal legitimidad epistemológica. Quizás
sean estas estrategias de legitimación científica un camino posible para
aproximarnos a los intereses temáticos de la autora.
16Sin
duda, un análisis como el que nos proponemos nos lleva voluntariamente a
considerar al autor, como principio de agrupación del discurso, como
unidad y origen de sus significaciones, como foco de coherencia
(Foucault, 1999: 30), ya que es a través del análisis de dicha
producción que pretendemos conocer su proyecto disciplinar, la forma en
que Correa Morales entendió los vínculos entre producción científica y
producción cultural; entre producción académica y la transposición de
los contenidos elaborados en este nivel a los ámbitos de enseñanza y,
por último, la repercusión institucional de su propuesta disciplinaria
para la Geografía.
17El estudio de la relación pasado-presente desde un punto de vista antropológico se aprecia en su ponencia Facultades que han contribuido a desarrollar el ejercicio de la caza entre los primitivos presentada en el Congreso de Americanistas realizado en 1910 en Buenos Aires. En
esta ponencia, ella analiza la influencia de una actividad
económico-cultural como es la caza en la evolución hominídea americana
(términos propios del paleontólogo Florentino Ameghino) y en el
desarrollo físico y cultural de las sociedades que ella denomina
primitivas .
18En
este sentido, Correa Morales sigue al arqueólogo evolucionista francés
Gabriel Mortillet quien destaca la influencia de las técnicas en la
evolución humana:
Las
armas más que ninguna otra manifestación de la industria, nos dan á
conocer cuánta era la inaptitud de la especie humana en sus primeros
pasos por la tierra; ellas también las que por su perfeccionamiento y
variación nos llevarán etapa por etapa á conocer gran parte del desenvolvimiento de su cultura (Correa Morales, 1910a: 547).
19Para
E. Correa Morales en torno a la actividad de la caza se construyeron
ciertos tipos de actitudes como la asociación y la solidaridad, o
también ciertos rituales como fiestas en honor a los cazadores o a
ciertos dioses. Esta autora también presenta las
distintas formas de practicarla y sus efectos en diversas sociedades
aborígenes sudamericanas. Para realizar estas reflexiones Correa Morales
toma como punto de partida los trabajos etnográficos de especialistas
que habrían trabajado con las distintas naciones indígenas en esta
porción del continente.
Los
Huarpes, dicen Techo y Ovalle, eran de talla muy elevada, delgados, de
una ligereza extrema y de una resistencia extraordinaria; cazaban al
ñandú persiguiéndole á pie durante un día ó dos sin detenerse hasta que
el animal muerto de fatiga se dejaba apresar. Los Tobas, dice
fray Zacarías Ducci, cazaban ciervos, gamos, jabalís, pecarís, nutrias,
ñandús; tiene olfato y vista finísimos, son siempre los primeros en
advertir un grito lejando ó un ruido cualquiera, los primeros en
advertir un animal ú hombre que viene lejos (Correa Morales, 1910a:
548).
20A
través de la enumeración de los distintos pueblos cazadores Correa
Morales da cuenta de la diversidad de pueblos indígenas que habitan en
esta porción del continente. Las llamadas sociedades primitivas,
son presentadas como pueblos de inteligencia inferior, pero de inmensa
sensibilidad, la valentía de algunos grupos como los calchaquíes al
momento de la llegada hispánica en el siglo XVII, los situaba desde su
punto de vista como los primeros y legítimos ocupantes del territorio
argentino (Correa Morales, 1911a: 21-23). Sin embargo, la extinción de
estos diversos grupos parecería como un camino inevitable, quizás como
resultado de aquello que desde su pensamiento podría pensarse como parte
de un proceso evolutivo que, en este caso, se ligaba al “progreso
económico”, al “proceso civilizatorio” y al “proceso de blanqueamiento”
presentado acríticamente por Elina de Correa Morales. Así, por lo menos
lo expresa en una de las lecturas correspondiente al manual escolar Isipós, libro de cuentos para niños:
Donde
en otro tiempo se levantaban sus tolderías se ven hoy colonias
agrícolas, la pampa, que trepidaba otrora bajo el casco de los potros
indios, trepida hoy bajo las ruedas de la locomotora (Correa Morales,
1911a: 213-214).
21En
este contexto, el problema que planteaba Correa Morales era el mismo
que preocupaba a ciertos intelectuales de corte nacionalista como
Joaquín V. González (Svampa, 1994: 89). Se trataba de ver por qué
medios podría asegurarse la incorporación de la diversidad cultural
ofrecida por los primitivos habitantes de aquello que en ese entonces se
consideraba el territorio argentino, que en poco tiempo se
transformaría en un rasgo del pasado y que en este período comenzaba a
ser vista como un elemento que podía enriquecer a la invención de la tradición, en términos de Hobsbawn, en proceso de formación.
22Una
de las formas encontradas por Correa Morales para conformar esta
tradición es la divulgación de las visiones de estos pueblos en los
libros de lectura de colegios. En Isipós, por ejemplo, Correa
Morales difunde la propia interpretación de las cosmogonías de las
sociedades primitivas, donde naturaleza y cultura conforman una unidad
indisociable y explican las formas de vida, los ritmos, los tiempos y
los espacios.
23Ahora
bien, desde un punto de vista estrictamente académico, dos trabajos de
Correa Morales se ocupan de la problemática de preservar los rasgos de
las culturas pasadas. Uno se refiere a la cuestión de la toponimia y se
denomina Nomenclatura Geográfica Argentina. En el mismo Correa
Morales se muestra proclive a mantener las formas de denominación
primaria de los diferentes accidentes geográficos ya que, su sustitución
por otros como ha sucedido en el caso de algunos partidos o
departamentos, significan la posibilidad de barrer con las memorias
locales.
En
cuanto a los nombres de partidos o departamentos de una provincia están
estos por lo general demasiado ligados a las tradiciones e historia
particular, cuando no a la general para que el cambio pueda ser
considerado sin consecuencias; ya perdido el recuerdo de tales
transformaciones onomásticas arbitrarias e inútiles, se verán en grandes
apuros los maestros (de los cuales no podemos exigir sean especialistas
en Historia y Geografía) para correlacionar la enseñanza de ambas; lo
mismo puede decirse de la Etnología, donde cada nombre primitivo tiene
para el sabio el valor de una piedra preciosa (Correa Morales, 1911b:
165).
24El énfasis aquí es puesto en la importancia del mantenimiento de las toponimias primitivas. La
relación entre el pasado y el presente que estas nomenclaturas
reflejarían, facilitarían las tareas de los maestros que al enseñar
Historia y Geografía, debían dar cuenta de ambos momentos. Ya el
etnólogo encontraría en la conservación de los nombres que las
sociedades primitivas daban a algunos lugares, una manera de reconstruir
los significados de ciertos ámbitos de aquellas culturas.
25En el segundo estudio denominado Notas breves sobre el arte geográfico y etnográfico,
publicado en los Anales de GAEA en 1925, Correa Morales otorga
importancia a las expresiones artísticas como mediaciones que, a través
de las representaciones de los paisajes y los grupos étnicos del pasado,
hacen su contribución a la construcción de la historia, de la geografía
y de la cultura nacional.
Si
se considera que el aspecto de la naturaleza se transforma rápidamente
tanto por causas naturales como por influencias humanas, que los tipos
étnicos puros han desaparecido casi por completo y que los mestizos han
de borrarse también en la ola envolvente de la inmigración, podrá
comprenderse cuán grande será, dentro de algunos siglos, el valor de las obras que los representan en su estado actual (Correa Morales, 1925: 224. El destacado es nuestro).
26Las
obras de arte entonces, son expresiones que permiten incorporan las
herencias culturales del pasado a la tradición y componer la comunidad
imaginada argentina del novecientos. Las pinturas de su maestro
Della Valle o las esculturas de su marido Lucio Correa Morales son
útiles en tanto representaciones de los que ella denomina “tipos
nacionales” como el gaucho o el indígena. Ellas permitirán conocer en el
futuro sus rasgos, su relación con el medio y sus modos de vida. Ellas
transmitirán al futuro la diversidad cultural con la que contó el
territorio argentino.
27Pero,
como vimos, Correa Morales, le otorga a la representación pictórica no
sólo importancia desde el punto de vista de la preservación del modo de
vida de los gauchos o de los indígenas, sino también de los propios
paisajes. Ella considera que los procesos asociados al progreso, como la
incorporación de tierras a la actividad agrícola, o la extensión del
ferrocarril, modificarán tanto las formas naturales como las culturales.
28De
esta manera, podría afirmarse que a partir de estos abordajes Correa
Morales recrea y resignifica algunos de las ideas de Joaquín V. González
volcadas en Mis Montañas, obra que reivindica el interior,
“como el lugar originario donde la identidad del argentino hallaba sus
fuentes más arcanas” (Svampa, 1994: 90). En este texto, la tradición es
un proyecto en realización conformado a partir de la descripción de sus
paisajes y sus culturas entendida en términos de sus leyes, religión,
poemas e historia frente a la amenaza de lo exótico. En el plan
particular de Correa Morales la constitución de la comunidad imaginada
argentina incorporaba particularmente las culturas de las sociedades
primitivas y los paisajes pasados. Paradójicamente, estos aspectos
naturales y culturales encontraban en las formas artísticas un vehículo
para penetrar desde la tradición inventada en la nueva sociedad
argentina que en nombre del “inevitable avance de la civilización y
progreso” había arrasado con ellos. Como el ave fénix, ellos precisaron
de su destrucción para emerger, aunque como estereotipos, en la
Argentina de inicios del siglo XX.
29Siguiendo
la visión decimonónica según el cual a cada disciplina le correspondía
el análisis de una porción de la realidad, Correa Morales se encuentra
en la misma dificultad que muchos de sus colegas nacionales y
extranjeros: la de definir objetos puros que sean de interés para el
saber geográfico y, a partir de allí, su especificidad. Pero la
salida a esta problemática quiebra con los canones epistemológicos
vigentes y muchos, entre ellos nuestra profesora normal, abogan tanto
por la impureza de las preocupaciones disciplinarias como por la
excepcionalidad del conocimiento geográfico. Correa Morales sigue al
geógrafo británico Hugh Robert Mill, uno de los partidarios de situar a
la Geografía en el campo de las ciencias y no de las letras y desde aquí
reformular su enseñanza, para afirmar que:
En el campo de los conocimientos humanos, la Geografía ocupa una posición única y particular (...) Eslabón que une las ciencias con las letras, ella es el foco al cual convergen los rayos de las Ciencias Naturales, Historia y Economía (Correa Morales, 1904:149-150. El destacado es nuestro).
30A partir de otorgarle a la Geografía un carácter sui generis, Correa Morales define la mirada que dirige sobre aquellos objetos que, en principio, no serían solo naturales o solo humanos. Esta
intelectual adhiere a la posición según la cual el objeto de la
Geografía sería el estudio de las nexosituaciones. Esta postura habría
sido formulada por el geólogo catalán Huguet del Villar, continuada
primero por Felix Outes (Barros, 2000) y presentada por el geólogo Juan
Keidel en su conferencia inaugural del primer encuentro de Geografía de
1931. Así, Correa Morales en la introducción a la Geografía de la Argentina afirma:
En
la primera Reunión Nacional de Geografía el doctor Juan Keidel (...)
explica con toda claridad el concepto de situación, respecto del cual
dice: “Dicho concepto no puede indicar un paraje casual, sin relaciones
intrínsecas, sino una localización que esté determinada por circunstancias persistentes o dadas en un período de tiempo prolongado. Pensemos
primero, en circunstancias establecidas por la misma naturaleza: pero
lo mismo podemos tomar en cuenta situaciones que crea el hombre, siempre
que ellas dependan de circunstancias naturales” y termina, “La
situación de los objetos y procesos, determinada por circunstancias
naturales recibe el nombre de nexosituación. Es la situación geográfica
en el sentido propio de la palabra” (Correa Morales, 1947: 41-42. El destacado es nuestro).
31En
síntesis, mientras que la especificidad de los estudios geográficos
residiría en el análisis de la localización, las particularidades de
dicha localización estarían dadas por la peculiar manera en que se daría
en dicho sitio la interrelación entre sociedad y naturaleza. Pero,
en realidad, desde el punto de vista de Keidel, perspectiva respaldada
por Correa Morales, la influencia de la naturaleza tiene un mayor peso
que los “objetos y procesos“ en las especificidades que adquiere dicha
localización. Es la preeminencia del mundo natural sobre el de los
hombres que la llevaría a deducir que la geografía física debería actuar
de pilar sobre el cual se apoyarían el resto de los conocimientos
geográficos.
(...)
todos los geógrafos sin excepción opinan que sin Geografía Física no
hay geografía posible (...)puesto que si esta buena base falta, el
edificio careciendo de estabilidad fácilmente se derrumba (Correa
Morales,1947:155).
32A
partir de esta perspectiva epistemológica Correa Morales organiza
taxonómica y jerárquicamente la disposición de los conocimientos que se
consideraban parte del campo disciplinario de la Geografía: la Geografía
Física era para ella la geografía fundamental, ya que es ella la que
permite “saber aprovechar las lecciones de la naturaleza” (Correa Morales, 1908: 133),
mientras que las propuestas que se vinculaban más a la Historia, la
Estadística y el Comercio formaban lo que esta autora denomina Geografía
Aplicada.
33Elina
Correa Morales se mostró así continuadora y partidaria del proyecto
para la Geografía que impulsó Joaquín V González desde el Ministerio de
Justicia e Instrucción Pública (1904-1906). Esta propuesta estaba
altamente influenciada por la escuela británica, particularmente por las
visiones del ya mencionado Hugh Robert Mill con su obra The Realm of Nature; an Outline of Physiography; de A. J. Herbertson y su texto Man and his works; de Hinman, Ecletic Phisical Geography, o Redway con su libro New basis of Geography.
Todos estos textos consideran a la Geografía Física la base de la
enseñanza de la geografía en la escuela, motivo por el cual el
Ministerio de Justicia e Instrucción Pública recomienda la formación de
una Biblioteca Técnica a partir de su traducción (Quintero Palacios,
1999:156). Una manera de hacer que la enseñanza de estos contenidos
fuese adecuada a los requerimientos nacionales era recomendar que su
utilización fuese acompañada de aquellos trabajos realizados por
viajeros y naturalistas, argentinos y extranjeros que habían contribuido
al conocimiento del territorio argentino tales como: D’ Orbigny,
Darwin, Martin de Maussy, G. Burmeister, Brackebush, Holmberg,
Ambrosetti, Moreno, Doering (Correa Morales, 1904:175).
34A
partir de otorgar importancia a la enseñanza de la Geografía Física,
Correa Morales, elabora un diagnóstico donde evalúa la posición y los
contenidos de la Geografía en el ámbito de la escuela secundaria. En
este nivel de enseñanza la disciplina, en general, era impartida por
profesores provenientes del campo de la historia y de las letras y no de
las ciencias naturales. Desde su punto de vista estos carecían de una
formación adecuada para llevar los conocimientos de las ciencias
naturales al ámbito del aula. Otorgarle un perfil naturalista a la
Geografía era, para la autora, la única posibilidad de que dicha
disciplina perdiera el supuesto carácter enciclopédico hegemónico en su
enseñanza.
(...)
los programas de Ciencias Físico-Naturales (...) forman la más poderosa
palanca de la ciencia Geográfica , pues sólo una vinculación
sistemática e inteligente entre esta y sus cooperadoras o concurrentes
puede dar a los profesores la necesaria preparación para dictar buenos
cursos de Geografía(Correa Morales, 1909: 169).
35De
esta manera, su proyecto disciplinario distanciaba la Geografía de las
Humanidades, vinculación que, según su perspectiva, habría ligado a la
disciplina a una propuesta “arcaica” que habría sido “fatal” para el
desarrollo de este saber (Correa Morales, E. 1909: 170, 174, 175).
36Para
subsanar el alejamiento de la Geografía del campo de las ciencias
naturales E. Correa Morales plantea una estrategia institucional
destinada a modificar desde la formación del profesor de Geografía hasta
los propios contenidos impartidos en la enseñanza.
37Toda
tentativa de aproximarse al proceso de institucionalización,
autonomización temática y metodológica de la Geografía, encuentra uno de
sus primeros antecedentes históricos en la formación de Sociedades
Geográficas. En la tarea de definir el perfil de estas
instituciones, algunos estudios de la historia de la geografía
distinguen aquellas Sociedades cuya formación puede situarse
genéricamente en el siglo XIX y que aparecen, en primera instancia, como
centros eminentemente culturales, que agrupan a “exploradores” y
“aficionados” orientados por el interés de conocer aquellos territorios
desconocidos y no apropiados por Occidente de aquellas otras
asociaciones, conformadas hacia inicios del siglo XX, que persiguen por
sobre todo objetivos corporativos. En el caso de estas últimas, sus
actividades tienen como centro de interés la formación y el
perfeccionamiento del personal docente (Capel, 1977).
38Sería
posible afirmar que la Sociedad de Estudios Geográficos (GAEA) transitó
y fue partícipe del pasaje entre estos dos modelos de Sociedades
Geográficas. En sus inicios ella actuó como un ámbito cultural que
agrupó a todos aquellos especialistas que estaban participando en los
procesos de relevamiento y sistematización del conocimiento del
territorio del país, tanto en sus aspectos físicos, etnográficos como
económicos y políticos. Luego, a partir de su vínculo con la enseñanza
y, particularmente, con el Ministerio de Educación, esta institución fue
transformándose en un espacio que comenzó a nuclear a profesores de
enseñanza, modelo que acaba perfilarse en los años 1945 durante la
gestión de Federico Daus.
39Esta
Institución puede ser considerada como la sustanciación más relevante
del proyecto disciplinario de Elina Correa Morales, en la medida que
ella fue su fundadora en 1922 y presidenta hasta su muerte en 1942. Su
gestión frente a la Sociedad permitió el inicio de este proceso de
transformación ya que favoreció los vínculos de la Sociedad con el
Ministerio de Educación durante el Gobierno de Alvear y convirtió a GAEA
en la voz oficial de la Geografía Argentina. Como ya hemos visto, fue
el interés de esta Sociedad Geográfica por estimular la incorporación
del modelo científico de Geografía en la enseñanza secundaria, con
raigambre en las ciencias naturales, lo que favoreció las relaciones
entre dicha institución privada y el ámbito público de ingerencia
directa en el proyecto educativo nacional (Zusman, 1996).
- 2 Participaron también en la fundación el escultor Lucio Correa Luna, Carlos Gallardo, Alfredo Kollik (...)
- 3 Además de Roberto Lehman Nitsche y Guillermo Schultz fueron especialistas alemanes con activa colab (...)
40Elina
Correa Morales convocó para la formación de una Sociedad Geográfica a
especialistas vinculados a diversas disciplinas y que, desde estos
distintos saberes estaban contribuyendo,
por un lado, al conocimiento territorial del país, y, por el otro, a
proveer un cuerpo al saber geográfico bajo la propuesta epistemológica
de carácter naturalista. La ausencia de historiadores, por
ejemplo, podría confirmar este perfil. La convocatoria tuvo lugar en un
ámbito donde la investigación en ciencias naturales ocupaban un lugar
privilegiado tal como era la Sala de Botánica de la Facultad de Ciencias
Exactas, Físicas y Naturales. Respondieron a su llamado algunos
geólogos como Walter Schiller, y Juan José Nágera; naturalistas como
Carlos Ameghino (en ese momento, director del Museo de Ciencias
Naturales de Buenos Aires); cartógrafos como Guillermo Schultz y Juan
Serie; profesores de geografía como Berta Wernicke, profesora de Escuela
Normal, y Pascual Guaglianone, Inspector General de la gestión de
Antonio Sagarna en el ministerio de Educación; antropólogos como Roberto
Lehman Nitsche, su mujer Juliana Dillenius y Francisco Aparicio. En
síntesis, un conjunto de especialistas nacionales2 y extranjeros3
se reunieron para conformar una Sociedad que “se ocupara con autoridad
suficiente del estudio de la Geografía General en sus variadas
disciplinas” (GAEA 1924). Parecería que estos especialistas aceptaran el
carácter sui generis de la disciplina, a partir de entender que sus diversos aportes podrían contribuir a definir sus contenidos específicos.
41Según
rezan los estatutos, tres objetivos orientarían sus actividades. En
primer lugar, esta Institución buscaba promover el conocimiento
territorial a partir de encargarse de organizar exploraciones y
excursiones o incentivar su realización por parte de otras entidades,
particularmente a aquellas áreas no incorporadas al proyecto estatal
nacional. Este tipo de objetivos la aproximaban y la hacían continuadora
de las tareas llevadas adelante por las sociedades geográficas formadas
en el siglo XIX en Europa, en general, y en Argentina, en particular.
En segundo lugar, GAEA se planteaba como propósito la sistematización y
difusión del conocimiento geográfico producido en relación al territorio
a partir de traducir los trabajos referentes a la Geografía argentina
dispersos en revistas extranjeras. En tercero y último lugar, ella
deseaba efectuar gestiones para la instauración del proyecto
disciplinario de inspiración naturalista en la enseñanza por distintos
medios, sea a través de publicaciones propias, sea a través de
presentaciones públicas académicas como podría ser la realización de
conferencias o estrictamente políticas como podría ser la actuación ante
los poderes públicos. En este marco se contemplaba también la creación
de nuevos ámbitos institucionales para la geografía como lo habrían
hecho Inglaterra, Francia, Austria, tales como una Escuela de Geografía o
nuevas cátedras de geografía en las Universidades.
42Conforme
a estos propósitos, GAEA se define, como una institución científica a
través de la señalización de una serie de prácticas que llevaría
adelante (reconocimientos territoriales, publicaciones, entre otras). Estas
prácticas la posesionaban a la par de las instituciones que
promocionaban disciplinas cuyo reconocimiento científico estaba
socialmente garantizado.
43Además,
las tareas de promoción del reconocimiento territorial y de la
enseñanza, conforme al proyecto disciplinario de corte naturalista, la
colocaban en una situación adecuada para afirmar que esta institución
científica estaba contribuyendo al conocimiento y difusión de las
características físicas, económicas y etnográficas argentinas, sustento
de la nacionalidad.
44Cabe
recordar también que, el interés de producir un conocimiento sobre el
territorio argentino a cargo de científicos argentinos acompañaba los
objetivos políticos del período, donde la visión civilizatoria se
fundamentaba en un proyecto de carácter nacional, quizás menos
eurocéntrica que aquella que habría sustentado la propuesta de formación
del Estado Argentino.
45La
combinación entre intereses científicos y formación normalista,
enmarcados en un contexto donde, como ya vimos, desde la educación se
acentuó la preocupación por socializar a los habitantes del país en los
considerados valores nacionales llevaron a E. Correa Morales a
interesarse por proponer la difusión de este tipo de proyecto en el
marco educativo.
46En Isondú,
otro libro de lectura para cuarto grado que Correa Morales publica en
1901, aparecen fragmentos de obras de literatos nacionales y
extranjeros, de naturalistas y también algunos textos propios. Uno de
estos fragmentos se refiere a la cuestión del patriotismo. En el mismo
la autora invita a los habitantes del país , en este caso los alumnos, a
sentirse partícipe de la construcción del proyecto nacional estatal a
partir del dominio de una profesión. Correa Morales busca crear un
compromiso colectivo rompiendo con lo que ella considera como el
significado estrecho del término patriotismo:
(...) para la generalidad, sólo es patriota el soldado que defiende la patria; el jefe que obtiene una brillante victoria; el gobernante que se distingue por la honorabilidad de sus procederes, nadie recuerda que hay patriotismo en el maestro abnegado que prepara varias generaciones de ciudadanos; (...) en el artista y en el escritor que
ponen al servicio del arte y de la ciencia toda la sinceridad de su
alma, todo el poder de su inteligencia (Correa Morales,1901:107. El
destacado es nuestro).
47De
esta manera, Correa Morales, busca comprometer en la construcción de lo
que ella denomina la patria no sólo a aquellos actores directamente
partícipes en el proyecto político (el gobernante) sino también a los
representantes de los sectores civiles (artistas, escritores, médicos) y
en donde también incluye a todo tipo de asociaciones:
Cada país es una inmensa maquinaria, cuyas ruedas están formadas por agrupaciones, que ya como empresas industriales, ya como sociedades científicas, artísticas, literarias o de caridad,
tratan de llevar a buen término el fin que se han propuesto; en cada
una de estas agrupaciones se destacan algunas figuras culminantes que
buscan no sólo el provecho práctico sino la realización de un ideal, el cual con frecuencia consiste en dotar a un país de aquello que le falta para ponerlo al nivel de los estados más prósperos; eso, cualquiera que sea la forma en que se manifieste, se llama patriotismo (Correa Morales, 1901:108. El destacado es nuestro).
48De
acuerdo a lo expresado aquí, entonces, ser patriota es comprometerse
con un deber de carácter cívico que consiste en situar al país “entre
los estados más prósperos”, ya sea a través de acciones individuales o a
través de prácticas colectivas. En este aspecto Correa de
Morales comparte la visión del progreso generalizada en el proyecto de
formación estatal decimonónico y con el cual no rompen los grupos
gobernantes y las elites intelectuales de inicios del siglo XX. Según
esta visión, Argentina era un país atrasado, que se encontraba en
condiciones alcanzar la civilización (europea), que el progreso en estos
términos era posible y que, en el camino para alcanzarlo, el dominio
del conocimiento en sus diferentes variantes artístico, literario o
técnico jugaba un papel importante. A través de su destaque en cada una
de estas especialidades los sujetos o las sociedades que los agrupen
serán patriotas, entendiendo por patriota, ahora, en un sentido amplio:
“todo ciudadano que contribuya de algún modo a la florescencia de su
país” (Correa Morales, 1901: 108).
49Pero,
en 1910, en el artículo que Elina Correa Morales escribe en ocasión de
celebrase el aniversario del centenario de la Revolución de Mayo,
denominado Progresos Geográficos en la República Argentina, un
número especial conmemorativo del diario la Nación, ella muestra que la
Geografía ya estaba haciendo sus contribuciones en este sentido, aún
cuando quedaba mucha tarea por delante. Siguiendo su concepción de alta
imbricación entre Historia de la Geografía y Geografía Histórica, Correa
Morales confunde el reconocimiento material del territorio con el
desenvolvimiento del conocimiento geográfico que, desde su punto de
vista, se sitúa entre los saberes científicos que más han “progresado”
entre la segunda mitad del siglo XIX y la primera década del XX en
Argentina.
50En
este discurso Correa Morales incentiva a los científicos de la época a
emprender el reconocimiento de áreas aún no exploradas del territorio
argentino:
El
estudio de los ventisqueros ni siquiera está iniciado; la extensión de
lagos y ríos prehistóricos, los canales que atravesaron la Patagonia y
Tierra del Fuego y mil problemas relacionados no sólo con la
paleografía, sino con la geografía económica, penden de estudios
sistemáticos (Correa Morales, 1910:170).
- 4 Cabe destacar que el extranjero al que se estaba refiriendo Villarino pertenece a otro momento hist (...)
51Y parafraseando a Francisco Villarino,4 piloto español que, bajo órdenes de la Corte Española exploró el río Colorado en siglo XVIII, Correa Morales afirma:
(...)
sería deplorable (...) que los extranjeros vinieran a enseñar los
rincones de su propia casa (...).Esperemos que el adelanto de las
ciencias y las grandes facilidades que para su estudio tiene hoy aqui,
despierte entre nosotros el deseo de abordar tan hermoso problema
geográfico que espera solución (Correa Morales, 1910:170).
52En síntesis, a partir de un libro de texto como era Isondú
Correa Morales buscaba difundir en las futuras generaciones la creencia
que el trabajo destinado a superar el supuesto atraso que vivenciaba la
Argentina contribuiría al florecimiento del país. Esta era una
“misión patriótica” en el sentido amplio del concepto. En el artículo
aparecido en el diario La Nación, Elina Correa de Morales sostiene que
los científicos argentinos y particularmente aquellos especializados en
el reconocimiento de las características físicas, etnográficas y
económicas del territorio ya estaban cumpliendo con dicha “misión
patriótica”, una tarea que, vista desde este punto de vista trasciende la
propia actividad ya que contribuye al desarrollo de “un sentimiento de
identificación grupal de un pueblo con su ámbito territorial
(naturalizado) de pertenencia legítima” (Escolar, Quintero Palacios,
Reboratti, 1994: 355).
53Ahora
bien, para Correa Morales, el aporte a la superación del atraso del
país en términos de conocimientos territoriales no tendría que quedar
sólo en manos de los sujetos individualmente sino también podría ser
promovida por Sociedades Científicas, como lo expresa en el texto de Isondú.
Esto quiere decir que, a través de la promoción de un proyecto
disciplinario de base cientificista GAEA contribuiría al conocimiento
“riguroso” y “preciso” del territorio, tarea que sería una muestra del
espíritu patriótico de la Sociedad Argentina de Estudios Geográficos, de
su fundadora Elina Correa De Morales y de todos los otros especialistas
que participan de las actividades de esta institución. Se trata de un
objetivo que si bien no se hace explícito en sus estatutos, orienta la
creación de la Institución.
54En
la gestión del Ministro de Justicia y Instrucción Pública del Gobierno
de Alvear, Antonio Sagarna (1922-1928), fueron realizadas importantes
reformas en los planes de estudios de enseñanza secundaria. A
través de las mismas se buscaba modernizar y otorgar un carácter
científico tanto a los contenidos como a los métodos utilizados. En esta
gestión dos miembros de GAEA participaron activamente en esta propuesta
reformadora. Eran ellos Pascual Guaglianone, Inspector General de
Escuelas, y Juan Nágera quienes, a través de su actuación, buscaron
llevar el proyecto epistemológico de corte naturalista al campo de la
enseñanza de la geografía. La reformulación educativa provocó la
reacción de los profesores de geografía, en su mayoría formados en
abogacía, profesores normales y universitarios recibidos en historia o
letras, o simplemente aficionados sin formación institucional que
seguían la propuesta disciplinaria más próxima al campo de las letras
que al de las ciencias naturales. Los profesores de enseñanza media
argumentaban que los nuevos programas poseían un fuerte carácter
cientificista, que estaban orientados esencialmente al área natural,
llenos de neologismos provenientes de la geología y de la geografía
física, los cuales no podían ser suficientemente comprendidos por los
responsables de las clases en los niveles primario y secundario. Por su
lado, los formuladores de la propuesta renovadora justificaban las
reformas en la necesidad de dejar de lado el modelo descriptivo de
geografía para sustituirlo por un conocimiento fundamentado en la
combinación de leyes físicas y naturales, en la tradición disciplinar de
Huxley, De Martonne, Huguet de Villar y Ratzel (Cámara de Diputados de
la Nación, 1926).
55La
fuerza de la confrontación llevó al propio Ministerio a recurrir a la
propia Sociedad de Estudios Geográficos para que esta emitiera su
parecer referente a los programas implementados. La comisión que
emprendió esta tarea acaba felicitando a la gestión ministerial por los
cambios llevados a cabo, utilizando las siguientes palabras:
(...)
esos programas representan un progreso en el estudio de la Geografía,
pues, quitándole el carácter esencialmente enumerativo y memorista que
tenía, los lleva al terreno de las Ciencias Naturales y por ende al del
laboratorio, incluyendo en esta designación el estudio sobre el terreno
del mismo. Considerada la Geografía en esta forma, la Argentina sigue la
orientación impresa hace décadas por las naciones más adelantada, y por
geógrafos de la talla de Penck en Alemania, Martonne en Francia,
Salisbury en Estados Unidos, Rozier en Suiza, Markham en Inglaterra,
etc. (GAEA, 1926-1927: 493).
56Difícil
era no concordar con esta propuesta disciplinaria cuando eran los
propios miembros de esta Sociedad que participaron en la formulación de
los programas curriculares, legitimadas científicamente por situarse
entre las propuestas más modernas desarrolladas en Europa.
57Muchos
de los participantes en esta comisión fueron convocados posteriormente
para la realización de una tarea que también agitó al ámbito educativo:
la revisión de los textos para la enseñanza. La Comisión estuvo
presidida por Elina Correa Morales y contó entre sus miembros con el
profesor de geografía Romualdo Ardissone; el maestro normal Juan W. Gez;
los geólogos Pablo Groeber, Joaquin Frenguelli y Juan Keidel; el
botánico Cristobal M. Hicken; el cartógrafo Augusto Tapia y el zoólogo
Anselmo Windhausen (GAEA, 1926-1927: 485).
58Dicha
comisión tenía por propósito evaluar la posibilidad de que estos libros
se adecuaran a las reformas establecidas en los programas. De los
cincuenta y tres textos revisados, ninguno se adaptaba a los nuevos
programas y sólo dieciséis de ellos fueron considerados sólo de
“utilidad como libros de consulta” (Cámara de Diputados, 1927). La
inadecuación se fundamentaba en que las temáticas abordadas no se
correspondían con las propuestas por los nuevos planes. Por ejemplo, el
libro de geografía de Delfin Gijena, La naturaleza y el hombre, “trata
solamente una parte de lo que exigen los programas”. A esta
inadecuación, se agregaron, en la mayoría de los pareceres,
argumentaciones que señalaban “la desactualización de los datos y de los
avances en los conocimientos territoriales” y “la carencia de mapas e
ilustraciones”.
59Uno de los libros más utilizados en el área hasta entonces, la Geografía de la Argentina de Juan G. Beltrán y Juan R. Beltrán, por ejemplo, era desaconsejado porque en el tratamiento de las cuestiones hidrográficas:
(...)
falta un capítulo general donde se establezca la relación entre las
precipitaciones y las redes hidrográficas con sus mapas
correspondientes, procurando al mismo tiempo una clasificación racional y un estudio más científico” (Cámara de Diputados de la Nación, 1927: 334).
60Otras
veces, los “jueces de los libros de texto” justificaban la inadecuación
de algunos textos en la falta de “carácter geográfico” o el
“desconocimiento de las vertientes más modernas de la disciplina”. A
pesar de la valoración que se realizaba de las contribuciones
internacionales recientes, los miembros de esta comisión consideraban
que estos textos fundamentalmente debían contribuir a la formación de
los valores nacionales. Por ejemplo, la misma obra de Juan G. Beltrán y
Juan R. Beltrán era acusada de apenas tratar la cuestión minera. Ello,
según los miembros de la comisión, donde participaban tres geólogos,
atentaba a los objetivos formativos de la disciplina.
La
juventud no debe ignorar su situación actual, a fin de que desaparezcan
muchas ideas fantásticas muy comunes, y quede la convicción de que es necesario estudiar mucho el país, explorarlo mucho,
para que esta rama de la actualidad argentina alcance alguna vez el
desarrollo que le corresponde (Cámara de Diputados, 1927:334. Los destacados son nuestros).
61Y
es este interés por enfatizar el carácter nacionalizador de los
contenidos geográficos que lleva a la comisión a desaconsejar como libro
de texto aquellas elaboradas por los propios mentores internacionales
del proyecto disciplinario como las obras de Vidal de la Blache o Huguet de Villar. Estas obras eran desaconsejadas como libro básicos para la enseñanza, aunque eran reservadas como libros de consulta.
62Por ejemplo, según la Comisión evaluadora de los libros de textos, la Geografía General de Huguet de Villar era considerada un:
(...)
trabajo editado en el extranjero, carece de referencias sobre nuestro
país y cuando se trata de cuestiones geográficas en general, menester es
el estudio especial sobre el mismo, falta que obliga al estudiante a
adquirir otra obra (Cámara de Diputados, 1927:334).
63Las
acusaciones llevadas adelante por la comisión significaron un nuevo
enfrentamiento entre las posturas de los profesores de la escuela
secundaria, apoyadas ahora por algunas editoras, y los representantes de
Geografía en el Ministerio de Educación.
64El
proyecto de GAEA de reformar los contenidos enseñados en Geografía no se
limitó a los niveles primario y secundario. De acuerdo a sus objetivos
fundacionales, en 1927 esta Sociedad elevó al Ministerio de Instrucción
Pública la propuesta de crear un centro de altos estudios especializados
en geografía, destinados a formar profesores en el área (Gez, 1928)
proyecto que, finalmente, no se llevó adelante.
65Como
vimos, a lo largo de la gestión del Ministro Sagarna, crecen los
vínculos entre GAEA y el Ministerio de Educación. Durante este período
GAEA también contó con el apoyo financiero de dicho Ministerio para el
desarrollo de varias de sus actividades como la confección de los mapas y
gráficos del proyecto del libro de Geografía de la República Argentina (GAEA,
1928-29: 553). A manera de gratificación simbólica por el espacio con
el cual esta Sociedad Geográfica llegó a contar en el Ministerio de
Educación, Antonio Sagarna es nombrado socio honorario de dicha entidad.
66Los
vínculos entre la gestión en el Ministerio de Educación y este ámbito
de promoción disciplinar nos permite inferir que, hacia finales de la
década de 1920, GAEA se convirtió en la portavoz oficial de la Geografía
a ser enseñada. La Geografía se habría convertido en un conocimiento
valorizado en la escuela primaria y media por sus “atributos
nacionalizadores”, ahora a través de una propuesta de base naturalista. A
partir de esta estrategia epistemológica se buscaba que la geografía
ganará el “status de conocimiento verdadero”, un conocimiento legítimo
acerca del territorio (Escolar, 1996). Es entonces quizás en una
propuesta de esta índole que debemos buscar los orígenes de la difusión y
generalización de una visión naturalizada de la sociedad y del
territorio vehiculizada a través de los curriculum de la escuela
primaria y media.
67A
esta altura del análisis podemos afirmar que la producción de Elina
Correa Morales trasluce, en primer lugar, su adhesión al proyecto
decimonónico de incorporar al país al ámbito internacional desde un
proyecto científico cultural. Desde esta autora las ideas de
“civilización y progreso” sí eran traducibles al campo del conocimiento
científico, a partir de articular la ciencia y la cultura a los
estándares vigentes a nivel internacional, con las especificidades que
la propia producción en tanto relevamiento de los rasgos físicos y
culturales del territorio argentino podría ofrecer.
- 5 Domingo Faustino Sarmiento (1811-88) fue uno de los intelectuales que participó ideológica y políti (...)
68Sin
embargo, a pesar de ser heredera del espíritu vigente hacia finales del
siglo XIX en el proyecto de formación del Estado Argentino, este es
recreado de acuerdo a las necesidades vivenciadas en los novecientos. Un
país que había crecido demográficamente con los aportes migratorios
europeos, y que ahora ve en él una amenaza que pone en cuestión el
modelo de Estado-Nación instituido, requería la urgente socialización de
sus nuevos habitantes en los valores de la clase dirigente del nuevo
siglo. Esta socialización debería
realizarse no ya bajo una propuesta cosmopolita sino a partir de
resignificar aquellos aspectos culturales representantes de lo propio y
lo nativo hasta entonces descalificados por considerarlos, en términos
de Sarmiento,5 símbolos de la barbarie. En
este nuevo contexto nacionalista las posturas de Correa Morales la
aproximan política e intelectualmente a las visiones tanto de las
corrientes espiritualistas como positivistas de inicios de siglo y,
particularmente, a las concepciones de Joaquín V. González.
69En
primer lugar, Correa Morales, al igual que González, considera de
importancia el proceso de “invención de la tradición” como tarea que
significa crear un pasado cultural y geográfico particular con el cual
se sientan identificados los habitantes de la Argentina. Esta autora
tematiza esta preocupación en algunos estudios de tipo antropológico y
geográfico. Desde su perspectiva, paisajes y sociedades primitivas
desvastadas en el marco de ingreso del país al capitalismo mundial,
pasan a integrar dicha tradición.
70En segundo lugar, y ya desde un punto de vista estrictamente disciplinario, Correa Morales adhiere no sólo carácter nacionalizador que Joaquín V. González atribuía a la Geografía en la enseñanza sino también a un proyecto epistemológico naturalista
hegemónico en las diversas escuelas europeas (Berdoulay, Soubeyran,
1981; Archer, 1993). Desde su gestión en el Ministerio de Instrucción
Pública Joaquín V. González impulsó que la disciplina pusiese el énfasis
en la enseñanza de la Geografía Física. Esta postura situaría a la
Geografía Nacional al nivel de la Geografía Internacional. A pesar de la
importancia otorgada al seguimiento de las posturas cientificistas, su
carácter nacionalizador sólo sería asegurado por incorporar aquellos
conocimientos que diesen cuenta de los avances realizados en el
conocimiento del territorio argentino.
71Entre
la construcción de la tradición y la difusión de una imagen del
territorio desde la perspectiva naturalista, ambos consideran que los
contenidos nacionalistas que Geografía debía impartir a nivel primario
enfatizarían el primer aspecto, mientras que en la enseñanza secundaria
donde la geografía contaba con un espacio propio, la aproximación al
conocimiento del territorio debía realizarse sobre la base del
conocimiento científico. Sin otra mediación didáctica que resaltar la
experiencia cotidiana y la observación directa, los contenidos
geográficos producidos a nivel académico podían ser traspuestos con
fines educativos.
72La
propuesta de naturalización del conocimiento geográfico, no significó
escindir el campo de la geografía del de la cultura. Se trató de una
estrategia de autonomización académica y legitimación científica que
Elina Correa Morales lideró desde la Sociedad Argentina de Estudios
Geográficos pero, que para la época, no significó un alejamiento de las
propuestas que se estaban discutiendo en otros ámbitos disciplinarios
que se interesaban más por dar cuenta de los aspectos culturales. En
primer lugar porque las áreas que se aproximaban al estudio de otras
culturas también estaban sometidas a los encantos del cientificismo en
sus versiones evolucionistas y, en segundo lugar, porque la propia
trayectoria de Correa Morales muestra la no escisión entre espacios
científicos y espacios culturales. Quizás
las causas de la perduración de la propuesta naturalista y sus
consecuencias ontológicas no deban buscarse en el propio momento
histórico de aquellos que la formularon sino en el de aquellos otros
que, por un lado, sí buscaron diferenciar de forma más marcada el campo
de las ciencias naturales de las ciencias sociales y que, a pesar del
desarrollo alcanzado en estas últimas en términos teórico-metodológico
tendientes a adquirir una perspectiva que se adecuara más a los
comportamientos humanos (corrientes comprensivistas, historicistas o
etnográficas, para citar algunas), siguieron estudiando los sujetos, las
regiones y los territorios como organismos con autonomía desligados de
todo tipo de ideario o proyecto político.
Apolonia del Brutto, B. (1998). Mujeres sindicalistas en la República Argentina. http/www1.ldc.lu.se/latinam/virtual/mujer/apolonia.htm.